Gente que se dio una vuelta


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8 de noviembre de 2013

De la mano

Madre con niño de 4 años, más o menos. Caminan sueltos. Ella manda mensajes por su celular. Cuando llegan a la esquina el niño cruza. Ella lo insulta, lo agarra violentamente y lo sacude, mientras no deja de decirle bestialidades. Me atraviesan la impotencia y la bronca. Casi intervengo, pero no me dio el valor.

En pequeño estaba siendo niño, nada más. La adulta, ¿qué estaba siendo-haciendo? Suponiendo que el mensaje que enviaba fuera sumamente urgente, ¿era más urgente o importante que el pequeño que iba suelto -suelto de la mano, de la mirada, de la atención-? 

Soy de las personas que no creen que los pequeños deban hacer lo que quieran todo el tiempo; obvio, porque no tengo hijos. Reaccionariamente creo que la claridad, los límites, mantener una relación recíproca aunque no simétrica, la firme ternura hacen bien.

Por un momento me puse en el desconcierto del niño: de no ser percibido por la mirada adulta, de ser disminuido con violencia. Pobre. Pobres ambos.

2 comentarios:

Liliana Rovegno dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Liliana Rovegno dijo...

Que tristeza generan esas escenas y díficil comprender el entorno donde esa madre se ha criado, donde la violencia, es muchas veces, quizás el primer leguaje.