Gente que se dio una vuelta


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15 de agosto de 2010

Gracias, pero paso.

De lo charloteado con Fer y otros/as me quedaron un par de cosas. No que las hayan dicho ellos/as, sino que apareció en algún momento. Yo mismo lo he escrito más claramente o sugerido menos claramente. Tiene que ver con las posibilidades o no de dialogar, de encontrar, de crecer.

Las personas dogmáticas -de derechas o izquierdas- sienten que tienen que convencer al resto, hacerlos de los suyos o hacerlos polvo, casi sin posibilidades en el medio. Esto deviene en la imposibilidad de un verdadero diálogo o intercambio. Sólo les cabe la docencia en el peor de los sentidos con el siguiente silogismo de base: 

el otro, la otra no piensa como yo;
yo soy quien sabe;
el otro no sabe.

No niego que a veces erremos o ignoremos, ni digo que tengamos todo clarísimo. Digo que estos dogmáticos sólo pueden relacionarse con los demás desde ese lugar: enseñando, pontificando, adoctrinando, ganándonos para los suyos o crucificándonos. No hay lugar para un capaz, a lo mejor, quién sabe... Y si no te dejás adoctrinar o convencer, es signo de tu contumacia. 

Yo, por dudas, me les escapo.

14 de agosto de 2010

Efecto dominó

Ahora fue un gimnasio en Villa Urquiza; antes un boliche, Cromagnon; mucho antes, y vaya a saber cuántas otras que ni recuerdo. Tragedias ¿evitables?, errores o culpas/responsabilidades de... ¿de quién?.

Aparecen muchos que tendrían que haber hecho pero no hicieron: los que no cumplieron las normas de habilitación, los que debían hacerlas cumplir, el que puso candado en una puerta de evacuación, el que prende una bengala en un lugar cerrado, el dueño o administrador del lugar que no lo cierra mientras sea peligroso, los que van a pesar que es peligroso y pagan una cuota o una entrada, los que percibiendo que hay peligro potencial no hacen nada, los que huyen corriendo y pisotean a los que quedan por el camino, los que...

Aparece también la necesidad de encontrar un chivo expiatorio, alguien sobre quien imponer las manos, descargar culpas y así exorcizar de algún modo el mal o la desgracia, persiguiendo justicia o algo que se le asemeje. Es difícil no hacerlo cuando el dolor atraviesa el cuerpo de los dolientes, cuando queda, una vez más, la sensación de desamparo, "nadie nos cuida", se escucha. Lo entiendo y lo he atravesado, en otras instancias.

Ahora: me parece (remarco, parece), que hay cierto simplismo en algunos planteos -simplismo, no simplicidad-. Como si se pudiese llegar a un único causante, responsable, culpable de las cosas. Se pide -y se otorga, lamentable y acríticamente- la cabeza de XX, cuando fueron, por omisión o comisión, la cabeza de XX, las manos de JJ, los pies de YY, el torso de QQ. Pluricausaildades, múltiples causas que derivan en un efecto. Causalidades que se evitarían con algo simple: hacer las cosas bien, desde arriba hasta abajo. Y viceversa.

13 de agosto de 2010

Second sight

¿De dónde sacás lo que escribís?, me preguntó.
De muchos lados y de ninguno. A veces son cosas que veo, que me pasan, que pasan. Otras  me pasan pero en el sentido que me atraviesan. De algunas soy testigo y de otras, víctima. Otras, simplemente pasan en el sentido de deambulan; a veces las tomo de la mano y las invito a pasar, es decir, a no pasar de largo -una pista ya hay acá, los múltiples pasares...
¿Inventás?. repreguntó. 
No, a ver... alguna vez embellezco o ridiculizo, pero te aseguro que la realidad en sí misma, mejor dicho, la manera en que la percibo, es más que suficiente material. Eso, no más.

Me gustaría escribir ficción, o tener el don de la escritura y usarlo. Pero es esto lo que me sale, con mayor o menor esfuerzo, pero sale.
Claro que tengo una capacidad innata para encontrar cosas que otros no ven, me pasa y me pesa: no hay manera en que pueda evitarlo. Sufrirlo. Gozarlo.

12 de agosto de 2010

Susanitas abundan

Me encontré en la calle con una amiga de mamá a quien no veía hace ¿10 años?.

-Hola, ¿cómo andás, por dónde estás?.
-Bien, gracias; estoy viviendo y trabajando entre la Cava y la Sanca (para quienes no conocen, dos villas del Gran Bs As).
-Ahck... (ruidito tipo nausea, qué feo, qué asquito, horror, acompañado de nariz medio fruncida, como oliendo feo).
-¿Perdón? ¿¿El ahck??. Cosa tuya.
-No, qué cosas tristes habrá.
-Y también muy buenas, estoy muy contento, chau...

¿Qué tendría que haber hecho?. ¿Ignorarla, hacerle notar que ella también da un poquito de asco o pena?. Creo que no hizo falta que lo hiciese. A ver: no nos cruzamos en 10 años ¿y no tenés nada mejor que decir?. Ok, la próxima hagamos que no nos vemos, o seguí de largo. No sé si me interesa charlar con vos de algo...

Cómo me jode este tipo de gente.

11 de agosto de 2010

Hablando de testigos

Nicolás y Filomena son unos viejitos de acá, del barrio, con 58 años de casados. Filomena está ciega y casi no abandona la cama... Nicolás la cuida con un amor único. Ambos andan arriba de los 80. Viven solos, sus hijos igualmente, los visitan muy a menudo y están muy presentes.


Hasta hace cuatro o cinco años salían juntos aunque sea los domingos, para ir a misa. Suelo pasar a visitarlos y charlar un poco, cada tanto. Guardan mucho de la memoria y la historia de la comunidad.


Nicolás es un hombre alto, grande. Se nota que ha sido buen mozo. Filomena pequeñita, con ojos que se adivinan claros, como los del marido; ambos han construido una familia pródiga en hijos y nietos. Pródiga en luchas y adversidades. La salida para Nicolás es hacer las compras o ir al galpón del fondo a trabajar en algo con sus herramientas. Toma aire. No se queja. Sonríe.


Pasé a verlos hoy: Nicolás estaba en cama con gripe desde hace una semana; tuvieron que internar a Filo en un geriátrico porque él ya no podía cuidarla. Ocho días atrás la internaron... Ay.

10 de agosto de 2010

Centrados.




   Charlábamos con Fer sin mucho orden ni concierto. Íbamos con él y Gastón a comprar algún chocolate para el café. Siesta de un domingo con solcito invernal, tan lindo.


   No sé cómo llegamos a las objetividades imposibles: coincidíamos que son, en verdad, una quimera. Que al menos está bueno y es honesto aclarar desde dónde miramos o hablamos. Cómo no todos decimos lo mismo con las mismas palabras. Lo difícil que es mantenerse centrado, cómo solemos enroscamos entre las ideologías y los ideales, los deseos y las realizaciones, los tirones entre lo bueno, lo malo y lo que podemos.

   Dice Fer: -Cuando me pierdo, cuando me descentro o me pierdo, pienso en mi abuelo de Tupungato. Un tipo simple, honesto, querido por su pueblo, buen esposo y padre, sin banderas. Así quiero ser.

   Pensé, pienso, en los y las testigos a quienes miro y me ayudan a volver a lo básico, a lo central. Agradezco.

9 de agosto de 2010

Save the humans.

La prodigiosa fauna humana me asombra. A veces para bien, otras no, otras sólo para desconcertarme. Cual santos patrones de causas perdidas muchos enviaron correos electónicos, twittearon o trinaron, compartieron enlaces en FB y blablablás por ciertos perros callejeros que iban a matar (no sé qué pasó, finalmente), en Neuquén. Hasta convocatorias a marchas y plazas por los derechos de los animales.

Sé que no es muy políticamente correcto lo que voy a decir, pero, ¿no es un poco mucho?. O, lo planteo desde otro lado: ¿no estaría bueno poner la misma garra, por ejemplo, para pedir por los derechos de los niños explotados?.

Me violenta la estreshita que se horroriza ante un tapado de piel o una hamburguesa, pero displicentemente, muy displicentemente, defiende sin más la interrupción del embarazo como un derecho inalienable de las mujeres. O las connivencias y complicidades de algunos poderosos con las redes de trata de personas. O quien atiende a sus mascotas casi como a hijos pero es incapaz de conmoverse con un chico en situación de calle...

No sé, siento que hay algunas prioridades que se nos alteraron un poco. Pero debe ser porque soy un reaccionario de cuarta, seguro...

8 de agosto de 2010

Patadita al ego

Aprovechando que iba a estar cerca de su casa, llamé a mi sobrina mayor -27 en unos meses-.

-Che, ¿vas a estar?
-Sí tío, venite.
-Dale, voy, así la veo a la pequeña.

La pequeña es su hija de tres años, mi sobrina nieta (lo peor que te puede pasar es ser tío abuelo, estás a un paso de la decadencia). Llegué y Nati estaba ocupada, pero la niña me recibió con besos, saltos... una fiesta.
Miramos el video de Adriana y el sapo Pepe, cantamos y bailamos, dibujamos un poco, jugamos con sus muñecos. Me sentía el más grande de los tíos abuelos, feliz con el vínculo con la criatura, a la que no veo tan seguido como quisiese. Además nos reímos un montón.

Tomamos la leche -ella, yo un café-, mientras la mamá aprovechaba al niñero improvisado para poner un poco de orden en otras cosas. Total, re bien la niña y yo... hasta que me pregunta:

-¿Cómo te llamás vos?.

Al cuerno mis ilusiones de ser copado.

-Celeste es así con todos, dijo la madre...

7 de agosto de 2010

In fieri...

Desde temprano, ayer me acompañó un nudo en la garganta, apretadito y tenaz. 6 de agosto, cumple años mi madre (además de los 65 años de Hiroshima, los 32 de la muerte de Pablo VI, el cumple de Rauli y el de Belén y quién sabe cuántas otras cosas). Pero nada de eso anidaba en mi tráquea. Sólo la vieja.

En lo que considero la mitad de mi vida (a un paso de los 40) y lo que sé el cuarto final del suyo (cumple 72), siento que por más facturas mutuamente impagas que haya, el saldo es a favor.

Ni ella es/fue la madre soñada ni yo soy/fui el hijo ideal. Su enfermedad psiquiátrica le provocó ausencias, alguna internación, intentos de suicidio... Mucho tiempo me daba cierto temor esta inestabilidad. Me lo da aún; me causaba enojo para con ella; me lo causa cuando amaga asomar e instalarse. Pese a eso, o justamente por todo eso, con cierta perspectiva puedo mirar y decir que lo que ha hecho, como pudo, no lo ha hecho tan mal. Lo sigue haciendo, incluso, con más ganas que antes.

Cuando la visitamos prepara algo rico -al menos para ella lo es-; recibe a los nietos y bisnieta alegrándose, alguna vez se le escapa algún mimo de esos que antes mezquinaba... Está teniendo alegría y gozándolo. Nada más que pedir.

6 de agosto de 2010

Fuego sagrado

Cuando las palabras apenas pueden esperar para ser escritas, cuando se amontonan en la punta de la lengua, las puntas de los dedos, de las neuronas, ahí decimos que estamos inspirados. In-spirirare, hay algo interno que se recibe, cierto espíritu, como si la inspiración no fuese sino cierta forma de posesión.
Algo de eso aparece en la figura de las musas, que son o no propicias en su visita al artista.

Quienes rozamos de alguna manera algún arte sabemos de eso: en algún momento las palabras, los colores, los sonidos, la entonación, el paso, la forma, aparece y hay que sacarla, plasmarla, mirarla. Surge, desde algún lugar y nos llega, nos es dada. Es vida que nos atraviesa.

Por algo no usamos su antónimo cuando no encontramos a las musas: nadie desea estar expirado. Expirar es morir, entregar, echar el espíritu.

Sin embargo, toda inspiración debe ser expirada para no morir: ni ella ni quien la tiene.

5 de agosto de 2010

Una de dos

"Tenía a su madre internada y el pronóstico era complicado. Los médicos no aseguraban que pasase el fin de semana. Tanto él como su madre son cristianos, muy creyentes y practicantes. Buena gente.
El fin de semana pasó sin novedades, buenas o malas. Pudo incluso hacerse un rato para ir a misa cerca del sanatorio. 
El lunes pensó pedirle al sacerdote de su comunidad que pasara a ver a su madre, lo haría esa tarde: cuando fuera para su casa pasaría por la parroquia y le avisaría.


Llegó a su casa y sonó el teléfono. Era del sanatorio; su madre había muerto. Colgó y se puso a llorar. Lloraba la muerte, por un lado, pero más aún el miedo de que, al no haber recibido la unción de los enfermos porque no pudo llegar a avisarle al cura, su madre se hubiese ido al infierno.


Una de dos: o su madre o su dios eran una mierda".


Lo pongo como cuentito, pero no lo es. 
Y no es Galeano.

4 de agosto de 2010

El túnel del tiempo


Desde lejos asoma esto que escribí hace más de quince años, cuando creía que podía ser Benedetti. Reconozco que me sigue diciendo, expresando: cambia el interlocutor, pero no cambian las palabras. 
Tengan piedad de mí al leer. Yo no la tuve al escribir.



DESAUTORIDAD

Usted que sabe
lo que es bueno
y aconseja a diestra
-y nunca- a siniestra
¿no pensó
que su pretendida bonhomía
no es más que
disfrazada soberbia?
no se imagina
cuánto aburre
cómo agota
oír su discurso
perimido y salvador
uno para todos
y todos para usted
malhombre de
buena voluntad
que recita incansable
sus máximas morales
citando de memoria
dudosos maestros
tamizados por su estrechez
que conoce de pluralismo
y no de pluralidades
usted no sabe
-y de eso estoy convencido
con la certeza que da
la propia sangre-
no sabe que su tortura
no es física
sino existencial
y si usted pequeño ser tortura
sin quererlo ha de ser
porque siente la tortura
de no ser querido
o al menos tolerado
usted no sabe
cómo va a saberlo
que sus planes y propuestas
mueren antes de nacer
porque no tienen el aval
de lo parido
a sangre y fuego
ni de la vida
que surge fecunda
desde abajo
y desde adentro
no de la periferia
de sus teoremas
sin más fundamento
que su capricho omnímodo
en fin
esta diatriba
no es para odiarlo
ni malquererlo
tan sólo para avisarle
por si aún no lo notó
que no me sirve
ni me interesa
ni necesito
ni agradezco
ni merezco
su proyecto
sin defectos.
Enero, 1995

3 de agosto de 2010

Café largo

Ayer lunes hizo frío y mucho. Fiel a la rutina de estos últimos lunes, dentista tempranito, en el centro. Los costados de la panamericana estaban blanquitos de escarcha. Algunas décimas bajo cero de térmica. Buenos Aires es linda, aunque mi fobia hacia ella es peor.

Lo bueno es que luego del doc iba a encontrarme con Pilar a tomar un café. ¿Para qué?; para nada, para eso, no más. Nos encontramos en Starbucks (en EEUU me había enamorado de sus cafés, pero acá aún no había ido). Pedimos un té con especias y leche de soja para Pilar, más un muffin de arándanos, y un caramel machiatto para mí -eso sí, no comí nada porque tenía anestesia en la boca. Para no hacer papelones, tomé el café con pajita-. Está bueno, de cuando en cuando, hacer como que somos inmensamente ricos y modernos. Pasarnos una mañana sólo charlando, mientras los demás van a trabajar. El local está en Callao y Viamonte y nos sentamos en el ventanal del primer piso. Sin que lo notemos, habían pasado en veinte minutos dos horas y medias largas...

En esas dos, casi tres horas pasaron familias, amigos, sueños, intentos, gustos, búsquedas. Pasamos nosotros, los de antes y los de ahora. No nos animamos a dejar pasar a los de mañana,  porque no los conocemos. Pero hubiesen sido bienvenidos a ese café demorado.

2 de agosto de 2010

Puros cuentos

Dicen que dicen... que a los niños pequeños les gusta oír por enésima vez el mismo cuento o mirar por decimocuarta vez la misma película porque lo conocido les da seguridad. Prueben, si no, cambiarles alguna parte de sus historias favoritas y vean; si aún no entienden lo que es "en chiste", no les divierte que varíen demasiado las cosas. Lo mismo suele suceder con las comidas y con los sabores, mejor dicho: no es fácil ingresar colores, texturas o gustos. Aunque, por ahí te desconciertan: uno de mis sobrinos pequeños es bastante mañoso con estas cuestiones, pero es el compañero ideal para ir a probar cosas raras al barrio chino. Y por el sushi es capaz de renegar de su familia.

Lo conocido da seguridad y ayuda a que crezcamos más o menos sólidos. Pero el problema es cuando de adultos queremos que nos sigan repitiendo el-cuentito-tal-cual-lo-escuchamos-siempre. Ya no se trata de Blancanieves o Pinocho, pero volvemos a ese temor de que nos cambien lo que sabemos. O lo que creemos. Es así que intentamos denodadamente responder con varitas mágicas al hambre, con abracadabras a la injusticia, con alfombras voladoras a tantos problemas.

Claro, nos enojamos porque no funciona. Pero si alguien intenta hacernos notar que, al fin y al cabo, eran cuentos, no nos gusta nada. Preferimos, una vez más, la seguridad de lo inútil al riesgo de las múltiples posibilidades de la vida.

1 de agosto de 2010

Comuniones

Una de las cosas que noto me hacen bien es compartir. Ojo, tengo mucha capacidad de disfrute por  mí mismo -a ver, enfermitos, no todo es sexo en la vida-, pero voy haciendo cada vez más la experiencia de lo bueno que es poner-tener-estar-ser-hacer en común, con otros/as.

Puede ser una comida cuidada, en la que nos preocupamos por darnos gustos y no sólo sabores; puede ser en una más casual, en la cual nos parece bueno poner sobre la mesa lo que haya.
Capaz una charla demorada al solcito o un paseo sólo para pasear. También saberes y conocimientos. ideas y pensares, sentidos y sentimientos.

Si bien soy un tipo solitario, esos momentos de comunión los atesoro, me nutren, me dan gozo. No entiendo cómo hay quienes no los buscan o los menosprecian, o creen que pueden autoabastecerse en todo y todo el tiempo. Siento, percibo, que para esta comunión nacemos, que venimos de una comunión primitiva, celular; que somos comunión en el seno materno; que añoramos una comunión así; que por eso, cuando podemos pregustarla, gozamos; que por eso, cuando se quiebra, duele. No puedo evitar gozar y doler.