Una amiga me cuenta que su hijo de 14 años se escapó de madrugada, para graffitear. La policía lo trajo 4,30 am. Los reproches, los gritos, el llanto. No hay modo de conectarlo con algo sano, vital.
Ella hace una década dejó al padre de sus hijos, una nena de poco más de un año y este varón. El padre, adicto, violento. Huyó por su vida y la de sus hijos, buscando salud total.
Ella no deja de buscar el modo de vivir mejor: construyó su casita, trabaja, busca lo que le hace bien.
De a ratos no puede más. Con razón y motivos.
La admiro por muchas cosas.
Sobreviviente.
30 de septiembre de 2012
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