Lo compartíamos en el contexto de tantas otras tradiciones, que por querer ser fieles a un origen -tiempo o lugar-, traicionan el desarrollo lógico e inevitable que la misma tradición ha tenido desde ese tiempo en ese lugar. Nos preocupaba como la fidelidad se convierte así en algo externo -trajes, ornamentos, fórmulas, palabras- que acaban pareciéndose más a un disfraz o un idioma críptico, que ya no comunica ni con los orígenes, ni con el presente, ni con el futuro.
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23 de julio de 2014
Traición y tradición
El novio de D participa de un grupo de descendientes de vascos que intentan mantener, en Argentina, las tradiciones -idioma, danzas, comidas, fiestas- que sus antepasados tenían allá lejos. A D le llamaba la atención que en el afán de preservar estas costumbres, de alguna manera eran más vascos que los vascos que habitan Euzkadi hoy: es decir, aquel lugar del cual vino la tradición siguió desenvolviéndola en el tiempo; en cambio, en aquel lugar al cual la tradición vino, la misma tradición quedó fijada, de tal manera que difícilmente un vasco de allá se reconozca plenamente en los de acá (que dicho sea de paso, ya no son vascos).
7 de julio de 2014
El trigo y el oro
Toda palabra es metafórica. Etimológicamente metáfora, es "lo que lleva más allá".
La palabra lleva más allá de ella misma: se dice, se echa al aire, al papel, para ser portadora de algo que comunica. Imagen, idea, encuentro. Mano que se extiende, labios que buscan otros labios, signos que buscan ojos.
Si nos quedamos en lo literal, la mutilamos.
Si todo es símbolo, casi no hay asideros.
Si no somos sensibles al misterio que esconden, la perdemos.
Si no somos sensibles al misterio que esconden, la perdemos.
Comunicación ardua.
27 de junio de 2014
Más que acertado
"Usted demostró que no es necesario ser infeliz, aunque uno pueda ser completamente perspicaz y esclarecido sobre lo terrible que es todo"
Susan Sontag
En el décimo aniversario de la muerte de Borges, Sontag le escribe una carta -Sontag a Borges- donde encontré esta afirmación. Me pareció tan acertada, tan clara, tan correctamente luminosa.
Sé nada de Borges y he leído casi nada de él para mi vergüenza. De Sontag leí apenas un libro o dos. No sé a qué se referirá específicamente y ya hace una década que tampoco está ella como para averiguarlo. Pero sí sé que más de una vez me encuentro feliz, casi culposamente feliz, a pesar de la conciencia de lo tremendo y difícil, de lo arduo y azaroso.
No podría haberme expresado mejor.
24 de junio de 2014
Olfato
Subió una familia al colectivo, dos nenas de entre 9 y 12, un bebé de un poco más de año y medio, la madre. Un hedor tremendo, mezcla de todas las suciedades y olores corporales. Agresivo.
Por el horario, el colectivo no venía lleno, pudieron sentarse. Estaba yo en uno de los últimos asientos individuales. Las chicas con el bebé se sentaron atrás, la madre un poco más adelante, en uno de los asientos dobles. Y los olores. No era el pañal del bebé, no era sudor: era el peso de la pobreza hecho aroma.
Algunas ventanillas se abrieron discretamente, pese al frío. Me sentí tentado de cambiar de lugar e irme más adelante. Estoico, permanecí. Sentía que irme sería violento. Calculé que bajarían en La Cava -sí, juzgué por portación de rostro-. El bebé comienza a llorar. Se hablan entre madre e hijas de un lado al otro. Y el olor.
Bajan en Neyer y Rolón. El olor se me queda en la memoria. Doliendo. De muchas maneras.
20 de junio de 2014
Sinfín
Las infinitas variaciones que terminan siendo repetidas.
Me imagino que todas las situaciones van por una cinta de Moebius, falsamente inabarcable, falsamente finita.
Mientras creemos avanzar, solucionar, repensar, aparecen las mismas problemáticas, apenas modificadas. Lo que era arriba es abajo y arriba otra vez. Deshacemos el camino para multiplicarlo.
Pesadillas inacabables.
5 de junio de 2014
Eso que humana
Me convenzo cada vez más: las heridas son lugares de sanación. Cuando una persona atraviesa una situación adversa que la marca -dolor, muerte, enfermedad- y puede sanar el recuerdo, esa experiencia se vuelve luminosa, genera una posibilidad de empatía, de vida, de compasión enorme.
No se trata de revivir el desgarro -siento que si se revive es que no terminó de sanar-, sino de poder recordarlo, recordarse y desde ahí poder estarse delante de otro que vive algo similar. Silentes, sostenes, solidarios.
No se trata de pasar por todas las innumerables situaciones humanas, imposible. Es otra cosa que no sé.
26 de mayo de 2014
Sol del 25
Después del almuerzo al solcito de mayo, Rauli y Ro nos preocupan. Dicen que no saben, que hay que ver si nuestra amistad resiste. El coro de ocho varones que juegan con Legos, se hamacan, patean la pelota, corren, aporta al caos. Rápidamente pienso y repaso a ver si no habré o habremos tenido algún gesto que los haya herido, si nos olvidamos de algo importante para ellos. No encuentro nada, pero como siempre, dudo de mi memoria.
Largan: Estamos esperando el tercero. Al alboroto de los pequeños se suma el de los grandes. Manuel pregunta qué pasa -al fin y al cabo, los alborotadores por derecho son los pequeños-. Nos sorprendemos, los felicitamos, los abrazamos, preguntamos fechas, calculamos semanas. Para principios de enero, otro niño (Juan, según Pipe, que quiere otro hermano varón).
Los que ya tienen hijos hablan de sus experiencias, sus ganas de más o no, el querer o poder. Los que no los tenemos, nos admiramos de estos padres y madres que no idealizan, que aman con responsabilidad y esfuerzo, con ganas.
Llega el café, los panqueques. Se ahonda el misterio de una vida que viene llegando, calladita, oculta. Hay tanto...
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24 de mayo de 2014
Alta in-fidelidad
Pero de verdad, de verdad, estamos siempre dando vuelta en torno a cinco o seis temas, desde la cuna a la tumba.
Siento que los reedito cada tanto. No los renuevo, los reedito.
Las ganas de saber más sobre lo que me gusta permanecen, aunque los gustos varíen.
La necesidad de espacio y tiempo personal están, por más que las actividades y los lugares varíen.
La libertad como anhelo y búsqueda.
Los vínculos sostenidos y renovados.
La mirada crítica, desangelada de a ratos, esperanzada por momentos.
El amor, como certeza y duda y certeza.
Cuatro, cinco, seis temas, mi banda sonora.
20 de mayo de 2014
Sana envidia
Volví a visitar a María, que por suerte ya salió de terapia intensiva y está fuera de riesgo (Órbitas). Sigue internada, ahora sólo con suero para no deshidratarse y pasar los medicamentos.
Sonríe desde la cama cuando me ve llegar. Una sonrisa enorme, como siempre. Dice que está cansada y sonríe. No le gusta la comida del hospital, y sonríe. Quiere estar en su casa, en su cama. Pero sonríe.
Charlamos un poco, rezamos otro poco. Sonríe. Le cuento que la extrañamos y que las viejis le mandan saludos. Sonríe y agradece.
Tiene mil trescientas razones para ser una mujer amargada. La vida le jugó varias malas pasadas. Su única hija murió de pequeña, tuvo que emigrar desde su Italia natal, enviudó joven, su columna la tiene a maltraer.
Le sostengo la mano, me acaricia, la acaricio.
Sonríe, agradece.
Gente enorme, como María, me da calorcito en el corazón.
Gracias.
16 de mayo de 2014
Rescoldos
Un fuego mínimo, ínfimo, provoca incendios.
Un fuego sagrado que no hay que extinguir.
Una acción mínima, ínfima, tiene repercusiones impensadas.
El efecto dominó puede desencadenar algo terrible o sublime. Así como la violencia se contagia viralmente, se puede, espero, contagiar el encuentro, el diálogo, la paz. Digo, me cuesta, me sale fácil el violento que me habita, que responde. Pero dentro, tarde, temprano, en algún momento, siento que algo se achica, se apoca.
Veo la TV, leo el diario, escucho cómo le habla un padre a su hijo en la calle. Me encuentro con violencias magnificadas, espejadas, repetidas. Tengo que espigar entre tantas cosas, a veces, para encontrarme las bondades, como brasas entre cenizas.
Un fuego sagrado que no hay que extinguir.
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9 de mayo de 2014
Elegir/nos
Tuve que cuidar un rato a mi ahijada, mientras la madre iba a una reunión por su trabajo y el padre volvía del suyo. Tiene casi ya 8 años y dibuja, pinta, crea que es una maravilla. Vimos un poco de tele, hicimos las compras para la cena, pasó su abuela, charlamos, me mostró sus dibujos, me contó que están aprendiendo las tablas de multiplicar, armamos una silla de ruedas con Legos para un muñeco rengo -terminó siendo una camilla y luego un auto-.
Cuando los padres estaban en proceso de adopción, largo, desgastante, ya estaban -todos estábamos- perdiendo la esperanza. Años de espera, viajes al interior para llevar carpetas y legajos, falsas ilusiones, insinuaciones para que "busquen por izquierda". Cuando ya la esperanza estaba perdida, un llamado abrió torrente de vida. Ahí estaba una niña, esperando por sus padres. Ahí estaba, ahora, esperándolos conmigo.
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5 de mayo de 2014
Entre todos
Mil años atrás pasé dos semanas en el Cottolengo de Claypole. Un mundo aparte donde viven cientos de hombres y mujeres con diferentes discapacidades físicas, mentales o ambas. Algunos en el borde de lo
humano... Son asistidos por hermanos y hermanas de la congregación que fundó Luis Orione, más varios colaboradores: médicos/as, enfermeros/as, terapeutas, terapistas ocupacionales, cocineros/as.
Algunos de los internos están postrados, otros andan en sillas de ruedas, muchos, la mayoría camina. Hay alianzas entre algunos: uno puede caminar y "adopta" a otro que anda en silla de ruedas y lo pasea, llevándolo de un lado a otro. Uno que no ve, anda agarrado al cinturón de un hombre con síndrome de Down, su lazarillo. El que puede y quiere, ayuda con los demás. Claro que cada tanto estalla una reyerta a título de una nimiedad. Pasa. Se pasa.
Me acordaba de esto porque sentía que tengo/tenemos que seguir aprendiendo a trabajar, vivir, fomentar la posibilidad de ser-con-otros. Ser-gracias-a-otros. Ser-para-los-otros. Como podamos, como se pueda.
Algunos de los internos están postrados, otros andan en sillas de ruedas, muchos, la mayoría camina. Hay alianzas entre algunos: uno puede caminar y "adopta" a otro que anda en silla de ruedas y lo pasea, llevándolo de un lado a otro. Uno que no ve, anda agarrado al cinturón de un hombre con síndrome de Down, su lazarillo. El que puede y quiere, ayuda con los demás. Claro que cada tanto estalla una reyerta a título de una nimiedad. Pasa. Se pasa.
Me acordaba de esto porque sentía que tengo/tenemos que seguir aprendiendo a trabajar, vivir, fomentar la posibilidad de ser-con-otros. Ser-gracias-a-otros. Ser-para-los-otros. Como podamos, como se pueda.
2 de mayo de 2014
Con manos de seda
Hay personas que han pasado tanto desmerecimiento, tanto destrato, tanto maltrato, que tienen minada su autoconfianza. Es como si quisieran ponerse de pie y en lugar de huesos sus piernas fueran de algodón. Caen, se desarman y para avanzar se arrastran a duras penas.
Además también se complica la confianza en los demás, como si cualquiera pudiese herirlos nuevamente. Como un animalito asustado, huyen porque no saben si la mano se alza para pegar o saludar.
Ay, cómo duelen estas heridas tan básicas, primordiales. Qué difícil sanarlas.
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23 de abril de 2014
Saberes, sabores
Pasar de las ideas a las experiencias... la diferencia entre saber y sabor, primas etimológicas.
De saber que el chocolate se hace con cacao, suele tener forna rectangular, es dulce y se derrite a 37º grados a cortar un pedacito, ponerlo sobre la lengua, aplastarlo contra el paladar y dejar que vaya invadiendo las papilas, la nariz, la boca.
De mirar un documental sobre las cataratas del Iguazú a dejarse salpicar por el agua y envolver por el estruendo.
La idea sin experiencia es teoría pura, vacía, hueca. La experiencia carga de sentimiento, de sensación, de sentido. A veces no la anula ni la niega, la plenifica, la redondea. Suma. Otras, la desdice, la modifica a tal punto que deja de ser la idea primera.
Riesgos.
De saber que el chocolate se hace con cacao, suele tener forna rectangular, es dulce y se derrite a 37º grados a cortar un pedacito, ponerlo sobre la lengua, aplastarlo contra el paladar y dejar que vaya invadiendo las papilas, la nariz, la boca.
De mirar un documental sobre las cataratas del Iguazú a dejarse salpicar por el agua y envolver por el estruendo.
La idea sin experiencia es teoría pura, vacía, hueca. La experiencia carga de sentimiento, de sensación, de sentido. A veces no la anula ni la niega, la plenifica, la redondea. Suma. Otras, la desdice, la modifica a tal punto que deja de ser la idea primera.
Riesgos.
28 de marzo de 2014
Pequeñeces enormes
Terminé el taller que venía dando los jueves en Villa Hidalgo, San Martín. Un promedio de 35 personas cada encuentro, en un barrio popular, a la noche, después de trabajar, cuando ya dan ganas de meterse en casa. En septiembre haremos una segunda parte.
Despunté el vicio de la docencia y con la enorme fortuna de encontrarme con gente dispuesta a participar, aprender, re-ver cosas presuntamente sabidas, re-conocerlas. Constato: tengo capacidad pedagógica y me alegra reconocerlo. Constato: creo que aportando saberes, circular, recíprocamente, nos enriquecemos. Constato: no siempre los más formados académicamente son los que mejor reciben.
Cuando la pasión anima, cuando comulgamos, hay encuentro.
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26 de marzo de 2014
Rojas y el río
Con mi abuelo José íbamos al río. A ocho cuadras de casa había una arboleda inmensa en la costa del Río de la plata. Mediados de los '70. Pájaros, agua, verde. Podíamos sentarnos tranquilamente en la orilla.
Con la llegada de los '90 y su boom privatizador, la costa del río en gran parte de San Fernando se llenó de clubes y guarderías náuticas que se apropiaron del lugar: sólo los socios podían pasar, ver el agua, la orilla, el sol. De ahí, a sus barcos, veleros, yatecitos.
Gracias a alguna movida vecinal, recursos de amparo y demás, se abrió un camino entre dos clubes y hay, de nuevo, acceso la costa: un espacio con sombra, césped cuidado, cestos para los residuos, gente leyendo, tomando sol, mate.
Casi cuarenta años después vuelvo y descubro ese lugar. Rodeado por los clubes, los barcos, los yates, resiste ese pedacito abierto y libre. Me reencuentro con un tiempo simple. Respiro.
Con la llegada de los '90 y su boom privatizador, la costa del río en gran parte de San Fernando se llenó de clubes y guarderías náuticas que se apropiaron del lugar: sólo los socios podían pasar, ver el agua, la orilla, el sol. De ahí, a sus barcos, veleros, yatecitos.
Gracias a alguna movida vecinal, recursos de amparo y demás, se abrió un camino entre dos clubes y hay, de nuevo, acceso la costa: un espacio con sombra, césped cuidado, cestos para los residuos, gente leyendo, tomando sol, mate.
Casi cuarenta años después vuelvo y descubro ese lugar. Rodeado por los clubes, los barcos, los yates, resiste ese pedacito abierto y libre. Me reencuentro con un tiempo simple. Respiro.
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16 de marzo de 2014
Puentes
Me conmueve profundamente encontrarme con una canción, un cuento, un cuadro, una foto, una película, un algo, lo que sea, hecho por otra persona por el simple placer o la profunda necesidad de crear belleza. Es obvio que la subjetividad manda en esto: hay algo que conecta, co-vibra, entre quien lo hizo y yo que lo disfruto. Un modo misterioso de comunión.
Cuando me sucede eso sonrío.
Cuando me sucede eso sonrío.
8 de marzo de 2014
Mujeres 2014
El gobierno de la Ciudad autónoma de Bs As organizó un festejo para las mujeres en su día: rifas de tostadoras, gimnasia, meditación, una mujer que habla de sexo, astrología... es decir, la nada misma.
Algún cráneo -masculino o femenino, como fuere- cree que eso es un modo de celebrar a las mujeres. Más de uno o una estará feliz con esa cosa edulcorada, deforme y tan propia de una manera de concebir a las mujeres, plurales, múltiples, variadas como una única feminidad que quiere saber lo que las estrellas le deparan mientras se relaja respirando hondo, deseando ganar algo tan trascendental como una tostadora.
Prefiero celebrar
- a las que sufren violencia, de parte de los varones y de parte ¿peor aún? de otras mujeres.
- a las que hombro con hombro, o pasos más adelante que nosotros, dan la vida y no sólo dan vida.
- a las que me hacen mejor varón, más hombre completo.
- a las que trabajan más que nosotros para lograr la mitad mereciendo el doble.
- a las que no quieren ser lo que tienen que ser sino lo que desean.
- a las que ni siquiera saben que tienen derechos.
- a la que me parió y a las que me siguen pariendo.
A ellas, sin tostadoras ni horóscopos, ¡salud!
3 de marzo de 2014
Montañas y valles
Una señora que acompaño hace un tiempo decidió -animada por mí- consultar con un psiquiatra. Fue diagnosticada bipolar. Cuando me lo contó, ya hace un tiempo, se sentía aliviada al entender que mucho de lo que sentía o le pasaba no era su responsabilidad sino que era parte de su enfermedad. Comenzó con la medicación y en muy poco tiempo le cambió notoriamente su calidad de vida.
Unos meses después, ya acostumbrada a sentirse mejor, le cuesta un poco distinguir una tristeza legítima como la que produce un duelo de un síntoma de bajón depresivo. La alegría de encontrarse con su hijo que vuelve después de meses sin dar señales de vida se le confunde con un estado maníaco. Tiene miedo de sus emociones: tanto tiempo sintiendo picos y pozos hacen que desconfíe de ella misma.
2 de marzo de 2014
Coca, in memoriam
Murió Coca, una hermana de mi padre, pasados ya los ochenta años. Me enteré mientras estábamos celebrando el segundo cumpleaños de Mateo. Quise quedarme un poco más, pero no pude, tuve que venir a casa, al nido, al útero.
Uno de mis primerísimos recuerdos es estar en sus brazos, en una pileta inmensa. Yo tenía dos años -sí, guardo memoria de algunas cosas de ese tiempo, sobre todo de ese viaje a Mendoza-. Ella tarareaba una tonada y cuando terminaba, sumergíamos la cabeza en el agua. Probablemente haya sido la manera en que me aprendí a no respirar bajo el agua. La melodía me sigue resonando: larira, lairá...
Me enseñó a jugar a la casita robada, a la escoba de quince y al chinchón. Pasé muchas tardes en su casa, la visitaba aunque mis padres no fueran. Mientras ella planchaba me contaba anécdotas de la familia, de su niñez, de sus hermanos. A veces hacía una pasta frola de dulce de leche que tenía sabor a cielo.
Años atrás, visitando a su hermana mayor que vive en Estados Unidos tuvo un ACV y ya no volvió a ser la misma. Se le confundía el tiempo, perdió la memoria de corto plazo, se perdía cuando había mucha gente. El último tiempo estuvo en un geriátrico porque necesitaba cuidados constantes. A veces mis padres la traían a casa de ellos unas horas, hasta que ya no pudieron.
De a poco se van moviendo las piezas de la vida y nos toca a nosotros ir siendo techo.
Uno de mis primerísimos recuerdos es estar en sus brazos, en una pileta inmensa. Yo tenía dos años -sí, guardo memoria de algunas cosas de ese tiempo, sobre todo de ese viaje a Mendoza-. Ella tarareaba una tonada y cuando terminaba, sumergíamos la cabeza en el agua. Probablemente haya sido la manera en que me aprendí a no respirar bajo el agua. La melodía me sigue resonando: larira, lairá...
Me enseñó a jugar a la casita robada, a la escoba de quince y al chinchón. Pasé muchas tardes en su casa, la visitaba aunque mis padres no fueran. Mientras ella planchaba me contaba anécdotas de la familia, de su niñez, de sus hermanos. A veces hacía una pasta frola de dulce de leche que tenía sabor a cielo.
Años atrás, visitando a su hermana mayor que vive en Estados Unidos tuvo un ACV y ya no volvió a ser la misma. Se le confundía el tiempo, perdió la memoria de corto plazo, se perdía cuando había mucha gente. El último tiempo estuvo en un geriátrico porque necesitaba cuidados constantes. A veces mis padres la traían a casa de ellos unas horas, hasta que ya no pudieron.
De a poco se van moviendo las piezas de la vida y nos toca a nosotros ir siendo techo.
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