Gente que se dio una vuelta


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28 de febrero de 2014

Tres deseos

"Que se cumplan todos tus deseos", me deseaban días atrás, en mi cumpleaños. Expresión común, de cariño, de felicitaciones y felicidad. 
Me acordé ayer de esa expresión por no sé qué y me pareció casi una maldición: que no te quede deseo sin cumplir. 

No estoy diciendo que lo digamos con esa intención, sino que lograr que todos los deseos se cumplan sería terrible, me quedaría sin motivos para caminar, sin paisaje por conocer, sin libro por leer, persona por encontrar, amanecer por disfrutar, helado por probar, canción por aprender.

Si no tuviese deseos inconclusos, no saciados, sería un infeliz satisfecho.
Me quedo con mi feliz insatisfacción.

27 de febrero de 2014

Reencuentro

Debía tener menos de cinco años. Habíamos ido con mi familia a pasar el día en un recreo a orillas del río Luján: verde, agua, aire libre, piletas, asado. En un momento me perdí, pero no supe que estaba perdido hasta que me encontraron. Es decir: no sufrí, no me enteré, no registré que me había perdido. Es probable que me llamase la atención algo, o que fuera detrás de una mujer vestida como mi madre, quién sabe. Me encontraron y ahí supe que me había perdido.

No fue la última vez que me perdí: alguna vez me desorienté en la playa; ya más grande me enredé varias veces en los subtes porteños o tomé colectivos en la dirección opuesta. Di vueltas por horas para llegar a pocos metros. La diferencia es que sabía que estaba perdido: al saberlo la angustia se hacía presente, la necesidad de entontrar-me, orientar-me no era de otros, era mía. Dependía de mí.

Como fuere, no se compara a ser encontrado antes de saberse extraviado.
Hay en eso, algo de pre-dilección, de pre-vención, de ser cuidado antes, de estar siendo mirado, esperado, extrañado.
Amor fundante.

26 de febrero de 2014

Variaciones









Un litro de agua.

En el suelo, se desperdicia.
En la tierra, despierta la simiente.
En una jarra, invita a saciar la sed. 
En un océano, es ignoto.
En el desierto, oro líquido.
En la cara, caricia que despierta.
En una olla, un caldo que alimenta
 
Siempre es el mismo litro humilde.

Así nosotros.

25 de febrero de 2014

El lago

El lago, de Banana Yoshimoto. Narrativa japonesa. La primera autora que leo; antes había leído sólo varones.

Chihiro y Nakashima. Ambos huérfanos de madre: reciente ella, más lejano él. Ella es pintora muralista, él estudia algo sobre el ADN.  Son amigos antes que pareja, tan raros como amigos, tan raros como pareja. Unos hermanos que viven cerca de un lago. Una fortune-teller ella, una especie de médium él. La voz narradora es la de Chihiro que va entrando en el misterio de Nakashima.

Hay algo en el ritmo, en los personajes, en la historia, que nos hace entrar en un paso más tranquilo, más lento. Tal vez sea la fantasía sobre lo oriental, pero el aroma a té verde se percibe mientras se lee.

24 de febrero de 2014

Múltiplos de uno

Fantaseo con probables vidas diferentes a esta que llevo. 
Ninguna termina siendo demasiado diferente, la imaginación no me da para tanto. 
O será que en esta vida que llevo vivo varias a la vez. Será que de un modo que no termino de entender soy muchos, lejos de esquizofrenias o dobleces.

Seguramente un aventurero, un bohemio absoluto o alguien con más horizontes, se moriría de aburrimiento si cambiáramos de lugar. Yo moriría de vértigo, seguro. Pero transitar algunos bordes, zonas limítrofes, intersecciones, me da mucho gozo. Me enriquece.

Fantaseo con probables vidas diferentes y amo esta que llevo.

23 de febrero de 2014

Bocanada

Quisiera ser optimista pero no me sale. 
Cuando mucho, puedo sentirme esperanzado de a ratos.

Parecido pero no.

El optimista, en un punto, se desentiende.
El esperanzado, en cambio, se preocupa pero confía.

Algo así.

22 de febrero de 2014

All inclusive

Años atrás me gustaba y disfrutaba pasar mis vacaciones acampando en el sur del país. Llegar, poner la carpa, pasar un par de días en un paisaje, levantar campamento, ir a otro lado. Esperaba horas por un micro, caminaba con la mochila a cuestas llevando ahí todo: ropa, casa, comida... nómade por unas semanas.
Era más joven, claro, la incomodidad no me parecía tal, las comidas hechas en fogones sabían a gloria y bañarse en un lago helado si no había duchas no importaba. Conocí de ese modo lugares soñados. Unos campings estaban más equipados que otros que ni baños tenían. Otras veces, una letrina era un lujo.

Hoy necesito una cama al menos digna. El agua caliente, suma. La mochila enorme sigue acompañándome por practicidad, más que nada. Pero sigue intacta la vocación, la necesidad de paisajes que amplíen horizontes y den aire.

21 de febrero de 2014

Molinos

El miércoles anduve visitando con mi madre y mi sobrina el Museo de Arte de Tigre http://www.mat.gov.ar/). El edificio por sí mismo, vale la pena: un estilo francés, copiado hasta el hartazgo por la alta burguesía porteña, preciosista, puesto en valor luego de haber pasado por diferentes estados de abandono y mala ocupación.

Entre la colección permanente -Berni, Castañino, Borges, Fader, Butler, Quinquela- me encontré mirando Molinos, un cuadro de Boek-Boek a quien ni siquiera había oído nombrar. La foto que ven acá no le hace justicia. Dominan los grises-violáceos. Hay tensión, como si fuera a desencadenarse la tormenta que se percibe. Al mismo tiempo, un manchón de luz atrae la mirada hacia el horizonte. La borrasca está por desatarse, las aspas están como a la espera del viento.

Lo volvía a mirar, me encontraba frente al gran molino que ocupa el primer plano: firme, sólido en su planta; dócil al viento, animoso frente a la tormenta en sus aspas, esperando para sacar de ella lo que necesita para cumplir su misión. El foco de luz recuerda que todo pasa, que no hay oscuridad ni tiniebla absoluta. 

Parábola inmensa.

20 de febrero de 2014

Pasaje de ida

Un viejo viejísimo en el colectivo. Flaco-flaquísimo. Con impermeable puesto y paraguas en mano en un día caluroso y despejado. No se despegaba de al lado del conductor diciendo que quería ir hasta el cruce de la calle Santa Fe, acá no más. Desde San Fernando, donde subió, hasta, por lo menos, Palermo,el 60 no cruza ninguna calle Santa Fe. Sí toma una avenida con ese nombre en Martínez y otra en CABA, pero este señor no quería ir a la Avenida Santa Fe, sino a la calle Santa Fe que cruzaba en algún lugar del recorrido. 

No hubo modo que entendiese su equivocación. Varios trataron de convencerlo, otros de averiguar a qué lugar quería ir: Señor, debe estar equivocado. Debe ser otro nombre.
Nada. Seguía en sus trece. El colectivero lo invitó a sentarse, que fuera viendo y que si veía dónde bajarse, le avisara. Se sentó en el primer asiento, dignísimo, con el paraguas entre las piernas y las manos sobre el mango, cual bastón con empuñadura de plata.
No sé hasta dónde habrá viajado. Lo que sé es que por más que hiciera mil kilómetros siempre iba a estar en otra parte.

19 de febrero de 2014

A tontas y a locas

No sé si estamos criando bien a las generaciones futuras. 
No sé si nos criamos bien a nosotros mismos.
Entre la exigencia absoluta y el todo da lo mismo. 

Las mochilas escolares nunca pesaron tanto, nunca tuvieron tantos libros y al mismo tiempo, los pequeños nunca tardaron tanto en saber leer, ni hablemos de interpretar lo leído.

Con algo tan pequeño como un smartphone llevo a todas partes el trabajo. Hasta a las vacaciones. 
Cuando la conexión a Internet se corta caigo en abstinencia a los cinco minutos, diez veces más mismo tiempo del que me lleva aburrirme de un programa o cambiar el track de audio.

Aumentar la autoestima y el amor propio es tan bueno. Ojalá nos hubiesen enseñado a amarnos rectamente. Pero siento que en un punto estamos siendo y haciendo, por revancha, monstruos del egocentrismo.

Las necesidades básicas se amplían. Lo suntuario es necesario.
Ansío lo simple, me enredo en lo complejo.
Y lo complejo me seduce prometiéndome sencillez.

18 de febrero de 2014

Talismán

Hace casi dos años me compré unas Moleskine: una pequeña, tamaño bolsillo, otra más grande, tamaño cuaderno. Fetiches estéticos que me contagió Tincho. Hemingway las usó. Matisse y Picasso hicieron unos bosquejos.

Durante más de 6 meses no las abrí. Quitarles el celofán protector se me ocurría doloroso. Me animé, con el tiempo y abrí la más chica. Me llevó bastante tiempo ponerle mi nombre. No tiene otra anotación. La grande sigue intacta.

Las guardo para... no sé para qué. Alguna idea brillante, la gran revelación del sentido de la vida y la historia, una novela que aún no conozco, una tesis innovadora.
Mientras tanto las veo descansar a salvo sobre la mesa del comedor. Las miro y les pido, silenciosamente, un par de motivos como para usarlas.

17 de febrero de 2014

Todos los ríos van al mar -Qo 1,7- II

Otra obviedad: en Cataratas el paisaje está en constante cambio.

El agua corre sin cesar desde hace milenios. Cae en cientos de saltos sin detenerse. La selva avanza en brotes, retrocede en árboles que mueren, amanece en flores, suena en los animales.

Nadie, nunca, jamás ha visto el mismo paisaje que vio otro; ni siquiera estando lado a lado dos personas llegan a verlo. Los miles y miles de personas que estuvieron paradas en el mismo lugar, a través del tiempo, nunca vieron la misma caída de agua, el mismo viento, la misma escena.
No nos bañamos dos veces en las aguas de un mismo río, decía Heráclito.
El río permanece, el agua cambia.

Si esto pasa en el río, en la selva, en el paisaje, con el río, la selva, el paisaje, cuánto más con las personas, las historias, las miradas, las experiencias.

Nosotros permanecemos cambiando. Cambiamos permaneciendo.
Somos y no los mismos. Nos vemos y no de la misma manera.
Nada y todo.

16 de febrero de 2014

Todos los ríos van al mar -Qo 1,7-

Volví a visitar las Cataratas del Iguazú luego de veinte años. No voy a intentar describir los paisajes, los aromas, la tierra, porque no saldría del lugar común y me quedaría corto.

Veinte años atrás me sacudió lo enorme, desbordante, imponente -¿no les digo?, lugares comunes-.

Esta vez además de esa sacudida conocida y nueva me descubrí en varios momentos mirando, no los saltos grandes, sino minúsculos riachos, con pequeñas caídas, silenciosas, laterales. Sentía que era metáfora de tanto, de tantas historias, personas, caminos, opciones: marginales, silenciosos, laterales, no protagonistas, menores, olvidados, humildes, mansos.

10 de febrero de 2014

Fuera de servicio

Mañana estoy saliendo unos días de Bs. As.
Unos días breves de vacaciones. A Iguazú, en el norte argentino, a las cataratas.
Fui un par de veces, hace muchos años.
Estoy con ganas de descanso y paisaje diferente.
Nos vemos a la vuelta, en nada.

9 de febrero de 2014

Nosotros tres

Lluvia que por momentos es torrente. Cenamos con mis hermanas y sus esposos. Cena "de grandes", sin hijos, nietos o padres. Cristian preparó una carne al horno exquisita (no pudo ser asado, maldito clima), María, ensaladas. Cecilia y Daniel llevaron para el postre, yo unas gasesosas.

Todo es trascendente y todo es anecdótico: nos conocemos de memoria, casi. Nos reímos de nosotros mismos pero en serio.

Aparece, en algún momento, la cuestión de cómo educar, qué cosas/valores/ideas pasamos a los menores, qué hacen ellos/as con esto. Qué cómo cada hijo, hija, con casi la misma educación y crianza, hace luego caminos impensados, divergentes. El margen infranqueable de la libertad. La imposibilidad de sacar cuentas cuando nos referimos a personas, cómo se quedan cortas o largas las matemáticas. Las resiliencias, los cambios, las variables, los asombros y las decepciones.

Nos miro a los tres. Somos casi la prueba empírica de la compartida.