Gente que se dio una vuelta


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30 de noviembre de 2013

Horror vacui

Si visito a alguien que vive en un edificio de varios pisos, me gusta asomarme por el balcón. En realidad la altura me da un poco de miedo, así que me asomo haciendo contrapeso con la cola, no sea cuestión que la cabeza haga peso y caiga. Y me aferro a la baranda del balcón, por dudas que el viento sople fuerte y me vuele. Lo sé, no tiene lógica. Nada tiene lógica. Podría no asomarme. Sé que mi cabeza no pesa tanto. Sé que es improbable que haya un viento capaz de levantarme. Pero hay algo en el vacío que me atrae y aterra: necesito mirarlo.

Siento que el miedo tiene que ver con una duda básica: ¿qué pasa si el vacío me atrae demasiado?; ¿qué pasa si me dejo ir?.

El vacío, la libertad, la locura, el riesgo, la muerte, la nada, dios, Dios. Llaman. Atraen. Repelen.

29 de noviembre de 2013

Desde el norte

Vuelvo cada tanto al Norte del país. Al paisaje y a la gente. A los compañeros de viaje. A las comidas. A
los traslados de un lugar a otro. Al sol pleno. Al fresco de la noche. A la historia. A las historias.
Me vinieron ganas de sentarme en la plaza de Purmamarca a ver, a ver nada y todo. A comer un sandwich enorme de jamón y queso preparado ad hoc. Una manzana. La brisa debajo de los árboles. Ver muchas posibles fotos pero no sacarlas: eso, no quitarlas, sacarlas, tomarlas, sino dejarlas. Los puestos que rodean la plaza, los colores tierra de las casas, los del cerro, los de las mantas. Un par de pájaros que toman agua de la canilla que gotea y se acercan a comer las migas que dejamos caer. El perro infaltable. La siesta que se avecina y baja el ritmo.

Sentir, profundamente, que soy ajeno y a la vez, sentir profundamente que podría ser mi lugar. Que lo es.
Deseos.

28 de noviembre de 2013

Pequeñas diferencias

La corrección política llevada al extremo: circunloquios, supuestos, eufemismos.

"No veo razas, veo personas, no más", le oí decir a una persona bastante cercana que vive hace décadas en Estados Unidos cuando le pregunté por el amigo de su hijo, el que era negro. ¿No distinguís un negro de un mulato, blanco, mestizo? Es preocupante, tendrías que ir al oftalmólogo porque tenés un serio problema de acromatismo, pensé.

Iba por otro lado: reconocer la diferencia, decirla, en la cabeza de esta persona -¿de esa cultura?- es lo mismo que despreciar lo diferente. Y como eso sí que estaría mal, mejor es decir que no hay diferencia, que todos son iguales, confundiendo así la igualdad política, de derechos, de obligaciones, con una uniformidad que es impuesta, que es imposible.

Pero que queda mal nombrar.

27 de noviembre de 2013

Olores que matan

Estábamos en el campo. Íbamos a pasar un par de días en la casa del familiar -¿abuela, tío?- de un amigo. Después de un viaje interminable en tren, llegamos. Los caseros habían abierto la casa principal para que se ventilara. Había, sin embargo, un olor raro, húmedo, animal que no llegaban a cubrir ni las flores ni los espirales contra los mosquitos.

-Es olor a guano de murciélago

Ni en mil años hubiese adivinado. Hoy es un aroma que reconozco, que se sumó a mi registro olfativo.

Pensaba análogamente: hay otros registros, capaz más intelectuales unos, más intuitivos otros, que me hacen oler y reconocer cosas que por ahí para otros pasan inadvertidas. Y no entiendo cómo pasan inadvertidas, cómo no es evidente. Ahí recuerdo el olor a guano de murciélago.

Si no hacés experiencia, si no te animás a oler, difícil que lo notes.
No podemos, no puedo oler por el otro. Aunque apeste la realidad.

26 de noviembre de 2013

Tiempos de ida y vuelta

Puedes venir a reclamarte cuando quieras.
He conservado intacto tu paisaje.


Mario Benedetti, Asunción de ti.

¿Dónde queda lo que fuimos?

Pasó ayer a la tarde Mariu, con quien no nos veíamos hacía tiempo. La pequeña que conocí de 15, 16 hoy es una mujer de 31, pediatra, a punto de realizar la segunda rotación en su área en el exterior, separada recientemente de su pareja.

Compartíamos un poco de nuestro presente; traíamos la memoria del pasado compartido más cotidianamente. En este momento ella es mayor de lo que era yo cuando nos conocimos. Pasó el tiempo. Nos pasó el tiempo.

Pero cuando conversábamos, cuando la despedí, sentía, sentí que lo que fuimos no está lejos: está en lo que somos hoy. Cerrando los ojos, escuchaba a la joven de 16, contando las cosas de la mujer de 31.
Lo que fuimos estaba en nuestro pasaje mutuo: el de antes y el de hoy.

25 de noviembre de 2013

Diversas (in)tolerancias

  • raza
  • género
  • orientación sexual
  • religión
  • lugar de nacimiento 
  • origen social
  • idioma
  • color de la piel
  • del pelo
  • trabajo u ocupación
  • profesión
  • elección vocacional
  • el lugar donde se habita
  • la cantidad de educación formal recibida
  • el acento
  • gustos musicales/deportivos
  • equipo de fútbol
  • opciones políticas
Una breve lista de motivos para sentirse:
  • superior
  • inferior
  • par
  • discriminado
  • discriminador
  • incluido
  • incluyente
  • de mente abierta
  • de mente cerrada
  • demente
A elección honesta: ¿quién no se anota en un par?

24 de noviembre de 2013

Ojos de cielo

"Fernando se acercó y el niño lo rozó con al mano:
-Decíle a...-susurró el niño-
-Decíle a alguien, que yo estoy aquí"

(Nochebuena, El libro de los abrazos, Eduardo Galeano)

Me enganché con la mirada que se niega, que niego, que me es negada.

Pensaba en cómo evito hacer contacto visual con quien percibo que quiere pedirme algo: sea quien mendiga monedas, quien quiere tiempo. 

Pensaba en cómo no miro al costado cuando en el costado están los pibes fumando, tomando, perdiendo vida.

Pensaba en cómo ser mirado, reconocido. Ser destacado de en medio de otros. Rescatado por la mirada.

Pensaba en cuánto hacemos para ser mirados: los gritos, los maquillajes, las ropas -metáforas- para ser elegidos.

Reviví momentáneamente, miradas que me salvaron, miradas con las que condeno, miradas que me dan aire, miradas que piden: decíle a alguien que estoy acá.

23 de noviembre de 2013

Palabras de peso

Todo Nada Siempre Nunca

Absolutas. Palmarias. Inevitables. Determinantes.

En talleres o cursos que he hecho repetidamente aparecía lo fuertes que son estas palabras: todo, nada, siempre, nunca. No dejan lugar, ni un resquicio, a otra posibilidad.

Nunca me escuchás.
Siempre lo mismo.
Nada me conforma.
Todo está mal.

Aparecen en reproches, en acusaciones, en mucho de nuestro deber ser.
Claro que hay nuncas, siempres, todos y nadas que son deseables. Limitados por peso que les ponemos:

Nunca más me vas a pegar.
Siempre me sentí amado.
Nada me quita la paz interior.
Todo ser humano es mi hermano.

Nunca dejes de amar.
Siempre rechazá la injusticia.
Nada está perdido.
Todo pasa.

Depende.

21 de noviembre de 2013

Chispazos eternos

Visitaba a un vecino que está internado desde la semana pasada. Hasta ese momento estuvo en su casa, luego de una operación que lo postró y con un cáncer que no le dio tregua -y que no terminaron de blanquearle en un intento de protegerlo-. La cuestión es que desde el miércoles de la otra semana lo han internado y ya lo han sedado para evitarle más dolor. 

Un par de días atrás, charlando con la esposa, le comentaba que sería bueno -y doloroso- que aprovecharan este momento para clarificarle la situación y poder despedirse, cosa que antes de la sedación tuviesen él, ella, la hija, la posibilidad de decirse hasta luego.

Hoy lo visitaba, decía, y estábamos ahí, rezando, despidiéndonos; él ya sumido en el sopor de la inconsciencia, los demás diciéndole cosas con cariño, bendiciendo su vida, asegurándole y reafirmando su amor por él, acariciándolo... 

Esos momentos duros, dolientes, esperanzados...
Sagrados.

El tiempo (no) pasa

De las cadenas que llegaban por correo, en hojas de papel, a las que invaden el correo basura de las casillas electrónicas.
De las cadenas de oración sinceras a darle me gusta y compartir a cuanta cosa ande en Facebook o Twitter y con eso satisfacernos.
El cuento del tío en el que cayeron nuestros mayores fue es reemplazado por los mensajes que adjudican préstamos y autos.

Hay un dejo fetichista y mágico que crece a la misma velocidad que la tecnología  y la inventiva para seguir reciclando esperanzas y engaños.

20 de noviembre de 2013

No tan sapiens

Los pintores renacentistas -no sólo ellos- proyectaban en el pasado sus propias costumbres, modas, maneras de entender el mundo. Aparecen así Madonnas que representan a una campesina galilea del siglo I vestidas como señoras ricas de la Florencia de los Medici. Aparecen también escritores que ponen en personajes anteriores a la era cristiana pensamientos eclesiásticos medievales.

La Ilustración comenzó a hacernos conscientes de la historicidad; Internet nos regaló el pasaporte de ciudadanos globales; en Argentina vemos canales de TV europeos, norteamericanos.

Pero siento que seguimos como si nada, poniendo nuestros ropajes al homo erectus. Pero ropaje moderno.

19 de noviembre de 2013

Loco él y loco yo

La locura o cordura es cuestión de interpretación.

Los mismos hechos interpretados por una u otra persona pueden ser delirios o realidad. Una enfermedad, por caso, puede haber sido causada por un trabajo o más por una bacteria pedestre y simple. Soñar con un familiar muerto pude ser expresión del deseo de verlo o un oráculo del más allá que revela un hecho ominoso. La torpeza crónica que causa accidente tras accidente es o una inadecuada percepción del espacio o un intento repetido de alguna entidad que quiere herir.

El borde es difuso.

18 de noviembre de 2013

Ni idea

Encontré en medio de las hojas de un libro una tarjeta. Veinte años atrás alguien me agradecía efusivamente que le hubiese dado una mano y lo importante que fue en ese momento mi presencia.

Me avergüenzo porque no recuerdo el nombre. La descripción del momento puede ser desde un duelo a una visita, no especifica más. No tengo ninguna memoria pegada a esa tarjeta, a ese nombre. No dudo que el agradecimiento y la mano dada hayan sido reales.

¿A cuántos, inadvertidamente, le haremos tanto bien, tanto mal?

17 de noviembre de 2013

Salida teatrera

El miércoles fui a ver una obra de teatro que dirigía y producía un amigo querido y en la que actuaban otros amigos.

Sirvió de excusa para además salir con Facundo que ya tiene 14 años. Salida de varones, tío y sobrino, sin hermanas (suya o mía). Un pequeño periplo en colectivo desde Victoria hasta Palermo.

Era la primera vez que Facu veía teatro de veras: es decir, ni musical, ni programa de TV llevado al teatro, ni megaproducción. Un grupo de personas, en el escenario, haciendo de otras y nosotros creyéndoles. Llegamos, sacamos las entradas, esperamos un poco, saludamos al director y dieron sala. Era un placer escucharlo reírse, contarle por lo bajo algún detalle, mostrarle ese o aquel personaje que quedaba en segundo plano pero hacía algo que "robaba" escena.

Terminó la obra, saludamos a un par de conocidos, salimos... 
-¿Te gustó?
-Sí, muy buena. Me gustó el de traje, el que hacía de empleado de cable, la mujer...
-A mí me gustó mucho venir a verlos y que me acompañaras.

Charlamos un poco más en el colectivo a la vuelta. Me da gozo que descubra estas cosas que amplían horizontes. Me da gozo su compañía. Estos momentos tejen futuro, celebran el presente.
Somos afortunados.

16 de noviembre de 2013

Espejados

Conocer la historia ajena o propia ayuda a saber cómo reaccionamos, por qué lo hacemos, cuáles son las motivaciones que nos mueven, por qué hacemos algunas cosas a pesar nuestro, cómo es que los errores que cometemos suelen ser los mismos... No ayuda también a empatizar, comprender, perdonar, soportar.

Pero a veces creo que se convierte en una excusa: como conocemos nuestra historia, como el otro conoce la nuestra, nos escudamos en ella para no crecer, para no desarrollarnos, para cambiar y seguir reaccionando, moviéndonos con cualquier viento, equivocándonos -sin creatividad, siquiera-...

Virtud y defecto de la mano.