Gente que se dio una vuelta


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27 de octubre de 2011

La gente anda mal VI

15,30. En casa de los viejos. Ellos no estaban así que cuando sonó el teléfono, lo atendí.
-Hola...
Nada
-Hola...
-Sí, buenas tardes, perdón. Mi nombre es Dora y quería hacerle un par de preguntas.

Encuestas, pensé. Como me da un toque de pena que nadie les conteste...
-Sí, dale.
-¿Ud. cree que dios cuida de nosotros?
-¿Qué, cómo?.

Había entendido, seguro, pero me descolocó un toque; además "cuida de nosotros" me sonaba raro, al menos para el castellano rioplatense.
-Sí, si ud. cree que con todo lo que pasa, si cree que las cosas van a mejorar.

Si antes me sorprendí, "todo lo que pasa" y "las cosas van a mejorar" me terminaron de despabilar.
-Mirá, es tan amplia la pregunta que es imposible responder por teléfono y fácil. Además, todo bien, pero no me interesa hablar de esto con vos, Dora, gracias y chau.

Porque, probablemente, "todo lo que pasa" no sea lo mismo para ambos. O dios y su cuidado para con nosotros.
Entre tantas otras cosas.

26 de octubre de 2011

Grandezas

Me sorprendo, nuevamente. 

Creo que en el fondo, soy ingenuo. Espero que los demás -y yo también, para qué negarlo- sean/seamos gente de grandeza, de horizontes amplios o ampliados, de capacidad para ver/desear/esperar más allá del centímetro cúbico de nuestra pequeñez.

Cuando no somos capaces de hacerlo, de compadecernos, de conmovernos, de empatizar, nos perdemos algo de lo humano.

Eso nos achica.

25 de octubre de 2011

Dudas

Alguien que no tiene humor, ¿puede gozarse con una poesía?.
Digo, captar otras profundidades, en bellezas o en lenguajes, en sutilezas o palabras.

No el humor de la carcajada incómoda y grosera, ni la poesía metafísica.
El humor simple de la caída en la calle; la imagen simple, linda, del sonido del mar en algún poema de Neruda.

La lengua, el idioma, tanto en la poesía como en el lenguaje, expande fronteras, sentidos, límites.

¿Podrán?. No sé. Ojalá.

24 de octubre de 2011

A boca de urna II

Con las elecciones terminadas y los resultados ya conocidos, se juega nuestra democracia.

No la jugamos en ir a votar por quien queremos o por quien menos nos disgusta; la jugamos en seguir siendo ciudadanos, constructores, responsables, más allá de que haya ganado nuestro candidato.

Como con la familia: no es la soñada, es la que hay, con los que son.
Lo que no impide que nos queramos más, que no pasemos por momentos de distancia o enojos.

Somos también esto. Eso.

23 de octubre de 2011

A boca de urna

Volvemos a votar en Argentina, eligiendo presidente, gobernadores, intendentes, senadores, diputados, concejales... Un montón de cosas. Da fiaca pensar en la cola, la espera previa a entrar al cuarto oscuro; a la vez, personalmente me encanta el clima de "domingo de elección".

Tengo la suerte de ser de aquellos que, desde los 18 años han podido votar continuamente. Mi hermana mayor, por caso, votó por primera vez a los 24; mis padres, mis abuelos, nunca pudieron hacerlo de corrido, cada vez que hubiese correspondido.

Me da cierta pena cuando veo que algunos, varios, no lo aprecian, no lo celebran. Pienso en la sangre que se derramó, las vueltas que se dieron, las personas que soñaron.

Votan con nosotros hoy.

22 de octubre de 2011

Estertores

Cuando el imperio romano comienza a caer es porque Roma, el centro, la capital, pierde centralidad, las provincias ganan en autonomía, no hay quienes trabajen el campo, los comerciantes y artesanos ya no trabajan como antes ante la crisis económica, los impuestos recaudados no alcanzan para mantener a los dirigentes ricos...

Cuando estos días veo cómo USA se regodea mostrando el cadáver de Khadafi -más que el de Bin Laden, para que no nos queden dudas- y cuando oigo las reflexiones (?) de algunos que siguen seducidos por la democracia del norte, me pregunto cuánto falta.

Roma también parecía eterna.

21 de octubre de 2011

In dis capacidades

Volvíamos con Facu -12 años recién estrenados- luego de compartir el almuerzo. Tomamos el tren en Belgrano, bajamos en Beccar, y caminábamos para su casa. Tenía que "devolverlo".

Pasando por una plaza -en la cual anduve en bici hace cien años- me comenta:
-¿Viste, tío, que pusieron juegos para discapacitados?.
Miré y sí, una hamaca, un subibaja, una calesita arregladas para que alguien en silla de ruedas pueda subir. Juegos integrados, les dicen.

Me asombró para bien. Aunque no pude con mi genio y respondí, invitándolo a pensar juntos:

-¡Qué bueno, alguien con silla de ruedas puede subirse!. Ahora hay que hacer otros para los que no tengan brazos, para quien le falte una pierna, para...
-¿Por?.
-Porque estos están pensados para alguien en silla de ruedas, está buenísimo. Pero hay muchas otras discapacidades...
Se quedó un poco callado.
-Cierto; es muy difícil hacer que todos puedan hacer todo.
-Tal cual; hay que intentarlo, pero es casi imposible. Está bueno saberlo y pensar las cosas, pero no sé si podemos incluir absolutamente a todos en casa cosa.
-Pero hay que tener cuidado, ¿no?.
-Y sí: no estacionar donde hay rampas, no usar los espacios para discapacitados, tener en cuenta a los sordos para hablarles de frente...
Llegamos a la conclusión: no toda exclusión es de mala leche, no toda inclusión es posible todo el tiempo. Y tiene 12.

20 de octubre de 2011

Coordenadas

Admito que soy clasista, lo sé. No me enorgullezco de eso. Pero la proliferación de wachiturros, la cultura de la cumbia y el parlantito desconado que suena en el bondi, el qué hacé vieja,  o amigooo, me sacan.

Entiendo, comprendo, sé que hay diversas culturas, diversas maneras de ser y estar educados, de percibir la realidad y de ser sensibles a ella. Entiendo, digo, pero estas cosas -y otras analogables- me parece que embrutecen, ensordecen, achican horizontes.

Es lo duro, lo bruto (no que sean brutos, que es diferente). Lo que achata y creo quita posibilidad de asomarse a algo más.

Y creo, también, que quien no sale de la Recoleta o de la Horqueta, también se embrutece. Pero es más cool.

19 de octubre de 2011

Ciclos II

No me extraña que las nuevas generaciones (¿cuáles?) no tengan especial aprecio por nuestros ritos, o los encuentren viejos, duros, ajenos.

Muchos de ellos -¿nosotros?- crecieron con un televisor presidiendo la mesa familiar, si es que había mesa y familia.
Otros nunca vieron cocinar a sus madres más que tartas o combinar latas.
Otros no se dormían con sus padres contándoles cuentos.
Otros no iban con sus abuelas al templo.
Otros no inventaron juegos repetidos.

Hay otros ritos, claro, y si me pongo apocalíptico y negativo, los veo casi como consecuencia.

18 de octubre de 2011

Ciclos

Vale compartió algo que me hizo volver a mirar la necesidad de los ritos -no la obsesión, ya lo saben-.

El ser humano apenas homínido, poco después de erguirse en dos patas, descubre que luego del invierno, viene el calor de nuevo. Y cada primavera, ritual, cósmica, le asegura que el caos no gana, que todo puede estar bien.

El nene que tímidamente comienza el jardín de infantes confía en que cada día, mamá, papá, quien fuere, lo busca para reintegrarlo a su casa. El rito le da paz, lo serena; le permite entrar a la salita, porque a la salida, lo esperan.

La púber se debate entre la sorpresa de la menarca y el integrarse al rito mensual de cientos de miles de mujeres.

El adolescente extraña la seguridad acotada de la infancia, donde las cosas eran más rutinarias, más seguras.

El bebé necesita su baño, sus brazos, su teta para poder entregarse al sueño. Ritos maternales, paternos.

Los amigos pasan el mate mientras charlan; o cocinan juntos para compartir mesa, rito sublime.

El rito nos humaniza, nos enraíza, nos hace tradición. Nos hace falta.

17 de octubre de 2011

On/off

Pretender respuestas simples a problemas complejos es una necedad. Creo, voy creyendo, que muy pocas cosas pueden tener respuestas únicas, unívocas e inalterables.
Creo que es necesario, claro, que aprendamos o nos enseñen "binariamente": blanco/negro, mal/bien, sí/no. Así vamos formando criterios, hábitos, costumbres, culturas. Es el modo en que le enseñamos a los pequeños (o nos enseñaron de pequeños).

Lástima que neuróticamente queramos continuar así en la vida adulta.
No hay modo de lograrlo sin que algo se rompa: la realidad o nosotros.

16 de octubre de 2011

¡Sálvame, Freud!

Mariana posteó esta foto de Freud. Dudo que la frasecita sea suya, pero está genial.

Antes de (auto) diagnosticarse depresión o baja autoestima, primero asegúrese no estar, de hecho, simplemente rodeado de imbéciles.


Digo -por haber pasado por esa enfermedad-: peor aún, si esos imbéciles, son quienes diagnostican, dicen, pontifican, exigen, para luego culpabilizar al sufriente.
Digo, cuántos actúan/actuamos como psicópatas encubiertos.

Si no fuera para reírse, sería para llorar.

15 de octubre de 2011

Milímetros, no más

Curiosamente, me sigo sorprendiendo de algunos seres humanos, por no decir de todos.
El prejuicio arraigado con el que algunos se mueven, es tan fuerte que ni notan que sea prejuicio.

Se lo decía a alguien que, al contestarle una pregunta que me había hecho, como no era la respuesta que esperaba, pensó que lo estaba cargando.

-Me asombra lo prejuicioso que sos.
-¿Quién?. ¿Yo?. ¿Por?.
-Porque me parece que no sos capaz de moverte medio centímetro de tu cuadrado. Me asombra...

Sí, soy un gil.

14 de octubre de 2011

De chóping

Buscando el regalo para mamá -que no conseguí, por otra parte-, recorrí varias cuadras, miré varias vidrieras,entré a unos cuantos negocios, pero no pude superar la fobia a los vendedores; en realidad, a algunas especies de vendedores que paso a enumerar.

  • El que se te arroja apenas entrás: ¿Necesitás algo?. Sí, que me salgas de encima.
  • El que se desentiende -el otro extremo-: podés pasar 23 minutos mirando, sospecho que hasta te podés llevar un maniquí, y no deja de mascar chicle y mandar mensajes de texto.
  • El que no se banca no tener lo que buscás: ¿Tenés remeras blancas?. No, remeras blancas no, pero me quedan estas botas de leopardo... ¡Remeras, te dije!. No, pero... ¡REMERAS BLANCAS!
  • El paranoico: no te invade, no es indiferente, pero no te despega la vista, sospechando que le vas a robar algo, lo que sea.
  • El que se hace el compiche: Yo tengo unas iguales que me llevé. Papi/mami, si VOS tenés unas iguales, es señal del cielo que no tengo que llevarlas.
  • El que se cree dueño del local, o superior al cliente: contesta despectivamente, "séee; mmnnnóoo; pará que me fijo si hay tu talle, pero no creo"... Mátense.
Sí, lo sé, soy un fóbico social, pero digan que no les pasa...

13 de octubre de 2011

Preliminares...

Se viene el día de la madre. Mi misión, lograr que madre desista de amasar y cocinar -en parte para aliviarla, en parte para ponernos a salvo de cualquier inconveniente -que prepare menos y nos quedemos con hambre, que ponga azúcar en lugar de sal, que se pelee con padre y deje todo a la mitad- y averiguar qué quiere de regalo.

Confabulamos con mis hermanas y como innegablemente soy el preferidísimo, allá vamos.

-Ma, antes que te regalemos cualquier cosa, ¿querés o necesitás algo?.
-Sí, no, no sé... Ah, unas bermudas.

Intento que la cara de sorpresa no me delate. Mamá tiene 73 y la verdad, no esperaba oír bermudas. No sé por qué pero esperaba perfume, cartera, algo más de señora.

-Ok, ¿qué talle?
-Ni idea, la verdad que no sé.

Bien, ahora no sólo tengo que comprarlas sino adivinar. Y sumar algo más a las bermudas, lo cual me consumirá la poca imaginación que tengo. Sigamos.

-Che, ma, pensábamos que mejor no cocines, no te tomes el trabajo, hacemos un asado...
-Nonono, yo quiero amasarles, tengo ganas. Vos después los cocinás, pero yo quiero amasar...

Listo, me mató que tenga ganas, que quiera amasar para 15. Y a sus 73...
Vamos por las bermudas.