Matan cobardemente a un pibe en Rosario, sospechoso de robar una cartera. En Palermo otros vándalos replican el linchamiento (www.infonews.com/2014/03/30/sociedad-132044-el-escalofriante-relato-de-un-linchamiento-en-palermo.php). El relato de un testigo es terriblemente desolador.
Echemos culpas, dale. Que es el estado que no está; que los chorros nos ganan; que estamos hartos; que se lo merecen; que hay que acabar con estos negros de mierda; que... Miles de violencias simbólicas, verbales, mediáticas, clasistas, racistas, llevan a esto. Con el agravante de la supuesta superioridad de los verdugos.
Dale, digámoslo. No merecen vivir. En cambio, la turba que patea a un pibe inmovilizado en la cara, en el cuerpo, dejándolo al borde de la muerte, sí merece la vida. Eso es justicia, claro. La que no hacen, la que merecemos, la que nos garantiza el anonimato.
El dolor de estómago que me dio leer la noticia es enorme. Deploro la turba, la cobardía, la bajeza de los que en patota y en nombre del bien se creen con derecho. Se creen superiores. Mejores.
Animales. Bestias. Inhumanos.
31 de marzo de 2014
No, gracias, yo no
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30 de marzo de 2014
Y claro...
Terminé de leer un libro -no diré cuál- y siento que no me aportó nada. Es decir... hay libros que aportan entretenimiento, otros, una buena historia, muchos me dejan con preguntas, alguno me replantea temas de fondo, otros son pura belleza, otros me dan un montón de datos necesarios.
Terminé este libro porque quería ver a dónde me llevaba, qué tenía para sorprender. Lo terminé medio a fuerza de voluntad. La nada misma: empieza, pasa por una serie de lugares remanidos y comunes, termina sin resolver nada, pero no de moderno, sino de inconsistente.
Terminé este libro porque quería ver a dónde me llevaba, qué tenía para sorprender. Lo terminé medio a fuerza de voluntad. La nada misma: empieza, pasa por una serie de lugares remanidos y comunes, termina sin resolver nada, pero no de moderno, sino de inconsistente.
De ahí me puse a pensar: es claro que quien lo escribió quería decir/se/nos algo. Usó palabras, las hiló, las ordenó, las pensó. Trazó una historia. Se sentó y le dedicó tiempo. Lo hizo.
Ahí me doy cuenta: me quedé con algo, pero no del libro en sí, sino del autor. Él lo hizo.
29 de marzo de 2014
Descendemos de los barcos
En mi barrio hay muchos italianos que llegaron durante la Segunda Gran Guerra o en la post-guerra, la segunda oleada que siguió a los de principios de siglo. Yo mismo, como gran parte de los que vivimos en Argentina, soy descendiente más o menos cercano de inmigrantes. Tengo bisabuelos italianos, un abuelo español, una abuela criolla. Muchos de los vecinos en mi barrio pareciera que han bajado anteayer del barco: hablan un cocoliche inentendible y desprecian a los morochos, anhelando un país que los expulsó.
Digan que me queda algún filtro...
Entiendo, aunque no llego a imaginar, que el exilio debe ser duro, que aprender una lengua no ha de ser sencillo, que empezar de cero ha de ser desgastante. Pero cuando los oigo en despotricar contra los negros -sintiéndose superiores por el color de la piel-, el país -que les quitó el hambre recibiéndolos y permitiéndoles trabajar-, cerrándose incluso a aprender un idioma luego de más de 50 años y enojándose porque no los entiendo cuando hablan... me dan ganas de olvidarme de la educación recibida y de ciertos valores, pidiéndoles, no muy amablemente, que se vuelvan.
Digan que me queda algún filtro...
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Anti pc
28 de marzo de 2014
Pequeñeces enormes
Terminé el taller que venía dando los jueves en Villa Hidalgo, San Martín. Un promedio de 35 personas cada encuentro, en un barrio popular, a la noche, después de trabajar, cuando ya dan ganas de meterse en casa. En septiembre haremos una segunda parte.
Despunté el vicio de la docencia y con la enorme fortuna de encontrarme con gente dispuesta a participar, aprender, re-ver cosas presuntamente sabidas, re-conocerlas. Constato: tengo capacidad pedagógica y me alegra reconocerlo. Constato: creo que aportando saberes, circular, recíprocamente, nos enriquecemos. Constato: no siempre los más formados académicamente son los que mejor reciben.
Cuando la pasión anima, cuando comulgamos, hay encuentro.
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27 de marzo de 2014
Guardapolvos blancos
Quince días de paro docente en la provincia de Buenos Aires. Ofertas del gobierno provincial que no satisfacen las demandas. Marchas. Chicos sin clases. Los docentes que no aflojan en sus reclamos salariales. Las escuelas que tienen clases son las privadas o las municipales. El resto, en espera. Padres y madres que hacen malabares para ver qué hacen con sus hijos. Maestros y maestras que hacen los mismos malabares y además reclaman un sueldo mejor.
Lo más difícil: lo que está en conflicto son derechos de ambas partes. El derecho a la educación, el derecho a una remuneración acorde, el derecho a huelga... Hay derechos vulnerados. Personas vulnerables de uno y otro lado.
Lo más difícil: lo que está en conflicto son derechos de ambas partes. El derecho a la educación, el derecho a una remuneración acorde, el derecho a huelga... Hay derechos vulnerados. Personas vulnerables de uno y otro lado.
Charlaba con algunos: tenemos el enorme privilegio de poder ir desde jardín de infantes hasta la universidad sin pagar arancel. La educación pública, laica y gratuita es una tradición afirmada en el país. Con sus enormes defectos, la gran mayoría de la población puede acceder a ella. Ojalá no se pierda, no se bastardee, no se pierda esta conquista ennoblecedora.
Porque los docentes lo merecen, porque los niños lo merecen. Porque lo merecemos todos.
Porque los docentes lo merecen, porque los niños lo merecen. Porque lo merecemos todos.
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Céteris rebus,
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26 de marzo de 2014
Rojas y el río
Con mi abuelo José íbamos al río. A ocho cuadras de casa había una arboleda inmensa en la costa del Río de la plata. Mediados de los '70. Pájaros, agua, verde. Podíamos sentarnos tranquilamente en la orilla.
Con la llegada de los '90 y su boom privatizador, la costa del río en gran parte de San Fernando se llenó de clubes y guarderías náuticas que se apropiaron del lugar: sólo los socios podían pasar, ver el agua, la orilla, el sol. De ahí, a sus barcos, veleros, yatecitos.
Gracias a alguna movida vecinal, recursos de amparo y demás, se abrió un camino entre dos clubes y hay, de nuevo, acceso la costa: un espacio con sombra, césped cuidado, cestos para los residuos, gente leyendo, tomando sol, mate.
Casi cuarenta años después vuelvo y descubro ese lugar. Rodeado por los clubes, los barcos, los yates, resiste ese pedacito abierto y libre. Me reencuentro con un tiempo simple. Respiro.
Con la llegada de los '90 y su boom privatizador, la costa del río en gran parte de San Fernando se llenó de clubes y guarderías náuticas que se apropiaron del lugar: sólo los socios podían pasar, ver el agua, la orilla, el sol. De ahí, a sus barcos, veleros, yatecitos.
Gracias a alguna movida vecinal, recursos de amparo y demás, se abrió un camino entre dos clubes y hay, de nuevo, acceso la costa: un espacio con sombra, césped cuidado, cestos para los residuos, gente leyendo, tomando sol, mate.
Casi cuarenta años después vuelvo y descubro ese lugar. Rodeado por los clubes, los barcos, los yates, resiste ese pedacito abierto y libre. Me reencuentro con un tiempo simple. Respiro.
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Others
25 de marzo de 2014
Todo y nada
Escribo como sale, sin orden ni meta.
Voy de un pensamiento a una sensación, de una idea que se cruza antes de poder atraparla.
Repaso el día vivido, buscando algo diferente, algo como para compartir, mientras el gato duerme sobre mis pies. Un día lleno sin nada que destaque, sin nada que sobresalga.
Me levanté antes que sonara el despertador. Café, ducha, trabajo.
Almuerzo y una siesta para compensar la trasnochada.
Me despierto sin compensación posible.
Lavo ropa y la cuelgo.
Preparo algo para adelantar la comida de mañana.
Miro un poco de tele, esperando que llegue el sueño.
Escribo. Como sale. Sin orden ni meta.
Voy de un pensamiento a una sensación, de una idea que se cruza antes de poder atraparla.
Repaso el día vivido, buscando algo diferente, algo como para compartir, mientras el gato duerme sobre mis pies. Un día lleno sin nada que destaque, sin nada que sobresalga.
Me levanté antes que sonara el despertador. Café, ducha, trabajo.
Almuerzo y una siesta para compensar la trasnochada.
Me despierto sin compensación posible.
Lavo ropa y la cuelgo.
Preparo algo para adelantar la comida de mañana.
Miro un poco de tele, esperando que llegue el sueño.
Escribo. Como sale. Sin orden ni meta.
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Céteris rebus,
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24 de marzo de 2014
24 de marzo de 2014
38 años atrás amanecía Argentina con gobierno de facto, el llamado "proceso de reorganización nacional". Ni me enteré, estaba empezando Sala Verde, preescolar.
38 años después me sigo enterando: nietos que aparecen, recuperando su identidad de hijos de detenidos desaparecidos.
Personas que reivindican el desgobierno militar.
Personas que niegan el horror.
Personas que no pueden salir de él.
Personas que siguen preguntando y buscando.
Personas que aún no aparecen.
Personas que conservan la memoria mientras otros hacen culto de la amnesia.
Personas, humanos unos, otros, quién sabe.
38 años después me sigo enterando: nietos que aparecen, recuperando su identidad de hijos de detenidos desaparecidos.
Personas que reivindican el desgobierno militar.
Personas que niegan el horror.
Personas que no pueden salir de él.
Personas que siguen preguntando y buscando.
Personas que aún no aparecen.
Personas que conservan la memoria mientras otros hacen culto de la amnesia.
Personas, humanos unos, otros, quién sabe.
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Pluribus
23 de marzo de 2014
Lo que no tiene es remedio
¿Cuánto queremos saber de la verdad? ¿Cuánta verdad soportamos? ¿Vale tanto la verdad?
Si mi pareja me engaña (o viceversa): ¿quiero saberlo o prefiero la comodidad de la ignorancia?
Cuando la verdad cruza el umbral de la ilusión y la desenmascara, o nos hacemos los distraídos, o crecemos. Ya no hay vuelta atrás. Negamos o recibimos como podemos ese baldazo de agua fría que nos descentra y desubica. Es necesario recrear las coordenadas.
Atrás quedan Papá Noel, los Reyes, Superman, algún dios, uno o dos ideales y muchas ilusiones.
Si mi pareja me engaña (o viceversa): ¿quiero saberlo o prefiero la comodidad de la ignorancia?
Si tengo una enfermedad grave: ¿me entero y la peleo o me dejo morir de la tristeza?
Cuando la verdad cruza el umbral de la ilusión y la desenmascara, o nos hacemos los distraídos, o crecemos. Ya no hay vuelta atrás. Negamos o recibimos como podemos ese baldazo de agua fría que nos descentra y desubica. Es necesario recrear las coordenadas.
Atrás quedan Papá Noel, los Reyes, Superman, algún dios, uno o dos ideales y muchas ilusiones.
Por delante, todo.
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22 de marzo de 2014
Fiesta simple
En esta época del año aparecen los nardos, esa maravilla.
Andaba por san Isidro, camino a una reunión. En una esquina hay un puestito de flores. Pasé y vi nardos. Paré, compré dos varas, largas, con pimpollos y flores.
Andaba por san Isidro, camino a una reunión. En una esquina hay un puestito de flores. Pasé y vi nardos. Paré, compré dos varas, largas, con pimpollos y flores.
De ahí fui a la perfumería: necesitaba comprar desodorante y jabón. Dejo los nardos apoyados y una de las mujeres que atiende me pide permiso para olerlos. Son sus flores preferidas.
Unas cuadras más adelante entro en una librería. Conozco a la vendedora que me recibe entusiasmada cuando ve las flores. Mientras reviso las estanterías, ella se queda embelesada, oliendo.
Vuelvo en el colectivo. Al llegar a casa busco un florero, agua, corto un poco las varas, las pongo en el living. Vuelvo a salir.
Cuando regreso, el aroma me recibe, abrazándome, invadiéndome sin violencia. La casa se llenó del aroma -Juan 12,3-. Yo, agradecido.
Cuando regreso, el aroma me recibe, abrazándome, invadiéndome sin violencia. La casa se llenó del aroma -Juan 12,3-. Yo, agradecido.
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Pluribus
21 de marzo de 2014
Asomos
Un par de ideas me habitan, giran, asoman, se esconden. Están agazapadas esperando que me distraiga. Saben, las muy astutas, que me distraigo fácil.
Mientras pelo papas o cuelgo la ropa cruzan como liebres: las distingo claramente, no las puedo atrapar.
Si me siento, paciente, a esperarlas con papel y lápiz a mano, es un paisaje lleno de nadas.
Aparecen en el colectivo, pasan rápidas, como esos carteles que no llegamos a leer.
Sé que están. Las espero.
Mientras pelo papas o cuelgo la ropa cruzan como liebres: las distingo claramente, no las puedo atrapar.
Si me siento, paciente, a esperarlas con papel y lápiz a mano, es un paisaje lleno de nadas.
Aparecen en el colectivo, pasan rápidas, como esos carteles que no llegamos a leer.
Sé que están. Las espero.
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20 de marzo de 2014
Residuos diurnos
Puff. Terrible pesadilla me atacó. Muy vívida, real.
Mientras aún soñaba, sabía que estaba soñando, en algún lugar mi lógica racional me gritaba que era un sueño. Pero no podía despertarme. Era angustioso. No había monstruos, ni muertos, ni accidentes. Todo era demasiado cotidiano y conocido, aunque deformado. Sin demasiado Freud puedo identificar de dónde salió.
Cuando pude, finalmente despertar, eran apenas las 4 am: si bien me sentía a salvo por estar en mi cama sabía que si volvía a dormirme podía soñar de nuevo lo mismo. No quería. Prendí la luz. Leí. Navegué por la web. Con reticencias volví a dormirme, superficial, cortado.
Pasé todo el día como reviviendo de a partes el sueño, desenmascarando significados, encontrando sentidos. Limpiando el inconsciente, no sea cosa que se vengue.
Mientras aún soñaba, sabía que estaba soñando, en algún lugar mi lógica racional me gritaba que era un sueño. Pero no podía despertarme. Era angustioso. No había monstruos, ni muertos, ni accidentes. Todo era demasiado cotidiano y conocido, aunque deformado. Sin demasiado Freud puedo identificar de dónde salió.
Cuando pude, finalmente despertar, eran apenas las 4 am: si bien me sentía a salvo por estar en mi cama sabía que si volvía a dormirme podía soñar de nuevo lo mismo. No quería. Prendí la luz. Leí. Navegué por la web. Con reticencias volví a dormirme, superficial, cortado.
Pasé todo el día como reviviendo de a partes el sueño, desenmascarando significados, encontrando sentidos. Limpiando el inconsciente, no sea cosa que se vengue.
19 de marzo de 2014
Golpes que marcan
Desde la casa de una de las familias vecinas se suelen oír gritos. Muchos; las voces altas, ásperas. Insultos destemplados y palabras duras. Al principio creía que estaban pegándole a alguien, pero no, es la manera en la que se tratan. Otra violencia.
Si eso es lo que se vive en la casa, ¿cómo se socializan esas personas? Los pequeños, los no tan chicos, ¿cómo construyen su imagen, su autoestima? ¿Qué hace que los mayores no perciban la violencia que manejan?
Pensaba también en las violencias más disimuladas que causo, que sufro, que desparramo, replico y multiplico. Si no hubiesen algunos gestos de amor que rescatan, sería un círculo inacabable.
18 de marzo de 2014
Todos son iguales
Las abstracciones, el terreno en el que mejor nos movemos, primo hermano de las generalizaciones:
La gente
Los jóvenes
Las mujeres
Los negros
Los ricos
Las mujeres
Los negros
Los ricos
La clase media
Los viejos
Los de afuera
Los de acá adentro
Los de afuera
Los de acá adentro
Dependiendo qué queramos decir, esas abstracciones pueden estar a favor o en contra del argumento de turno:
Es violenta
No piensan en nada
Son todas histéricas
Se sienten inferiores
Son mala gente
Son un tesoro
Son todas histéricas
Se sienten inferiores
Son mala gente
Son un tesoro
Son mejores que nosotros
Somos mejores que los otros
Las uso, las detesto, las amo, las deploro. Soy muy gente.
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17 de marzo de 2014
Locos de mi barrio
El "loco de los cartones", cada vez que me lo cruzo, me pregunta la hora. Llegando a casa el domingo al mediodía no fue la excepción. Venía por la calle, con un par de bolsas y viendo qué podía cirujear.
-Hola, buen día.
-Hola, amigo, ¿qué hora es?
-Una y cinco.
-Uy, qué tarde, tengo que ir a comer.
Mientras abría la puerta de casa, lo escucho charlar con la vecina de enfrente, que estaba regando:
-Disculpe, ¿tendría un vaso de agua?
-Sí, espere que entro y traigo un vaso.
-Gracias, perdone que la interrumpa mientras riega.
-No es nada, ya le traigo.
¿Dónde vivirá? ¿Será de la villa que queda acá no más? ¿Cuándo habrá comenzado a cruzar el límite de la "normalidad"? ¿Cómo me percibirá él a mí? ¿Qué nos separa y diferencia?
Somos dos abismos de misterio.
-Hola, buen día.
-Hola, amigo, ¿qué hora es?
-Una y cinco.
-Uy, qué tarde, tengo que ir a comer.
Mientras abría la puerta de casa, lo escucho charlar con la vecina de enfrente, que estaba regando:
-Disculpe, ¿tendría un vaso de agua?
-Sí, espere que entro y traigo un vaso.
-Gracias, perdone que la interrumpa mientras riega.
-No es nada, ya le traigo.
¿Dónde vivirá? ¿Será de la villa que queda acá no más? ¿Cuándo habrá comenzado a cruzar el límite de la "normalidad"? ¿Cómo me percibirá él a mí? ¿Qué nos separa y diferencia?
Somos dos abismos de misterio.
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