Gente que se dio una vuelta


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31 de enero de 2011

Countdown II

Más acá de las cargadas o consejos sobre cómo afrontar la cuarta década, es cierto que siento alguna forma de vértigo. No vengo de una familia especialmente longeva -en realidad, las mujeres lo son, no los varones-, con lo cual puedo suponer que me queda, más o menos, la mitad de hilo en el carretel.

Puedo decir, casi sin dudarlo, que este momento vital es interesante: hay pilas para el adelante, y a la vez ya hay cierta experiencia, síntesis, saber adquirido por la piel, que no se discute ni se negocia. Hay ciertas opciones que se reafirman en positivo o en negativo: sigo eligiendo ir por acá; ni a palos hago esto.

Diría Teresa (Parodi, no la madre de Calcuta): No me muero por ser el más valiente, solo aspiro a vivir no claudicando. Por hoy alcanza.

30 de enero de 2011

Countdown

Ayer, mientras leía un libro y trataba de estudiar un poco, de pronto se me instaló en el cuerpo un puñetazo a la altura del diafragma. Me di cuenta que comenzaba mi última semana en los treinta y pico. Sentía lo mismo que cuando era más chico y aún me subía a las montañas rusas o esas cosas: ¿qué hago acá?.

Algo de eso hay. ¿Cómo llegué?. Es decir, no en qué estado, sino qué pasó en el medio, qué camino me ha traído hasta acá. No sólo por el  transcurrir imparable de los días, sino por el hecho de vivir, de haber llenado -o intentado llenar- estos años de sentido.

Me parece que se viene una semanita espesa.

29 de enero de 2011

Idioterne

Los idiotas: así se llamó una película de Lars von Trier, de fines de los 90, filmada bajo las consignas del Dogma 95 (por cierto, debo volver a ver La celebración/Festen). La ví hace más de diez años.
No recuerdo a título de qué, un grupo de personas se reunían en una casa para vivir como si fuesen retrasados mentales; en principio, entre ellos, luego, frente a otros "normales de afuera".

No es la película en sí -que no terminó de convencerme- la cuestión, sino lo que me despierta sentir que la idiotez es un estado casi ideal; se transcurre libre y despreocupadamente por la vida, los demás te disculpan porque claro, sos idiota, no tenés mayores preocupaciones u obligaciones...

Como Gran Hermano, pero en serio.

28 de enero de 2011

Vs

Cantidad o calidad suele ser una alternativa que se presenta en muchos momentos, asuntos, decisiones. En un rango amplísimo: desde cuántos hijos y cómo educarlos a si preferimos que un proyecto sea popular y menos exigente, cosa que todos accedan, o más "restringido" (aunque no es esa la palabra que quiero encontrar o usar) pero con mayor nivel de exigencia y compromiso.

Como tantas otras opciones, presenta una aporía o al menos una dificultosa manera de expresar y entender qué se desea, qué se busca.
El populismo no siempre es de calidad baja, ni lo restringido es necesariamente mejor; no siempre son opciones clasistas o ideológicas y se puede elegir una cada vez o según la necesidad. Pero lo que sí entiendo, es que la claridad debe estar en las premisas: por qué elijo/elegimos hacerlo popular o restringido. Y se aplica a tantos proyectos o visiones.

Y quien avisa no es traidor.

27 de enero de 2011

De entre casa III

Atrás de lo de amansar/domesticar, está claramente lo del Principito y el zorro, pero medio al revés.
Mientras ahí pasa por una cuestión de conocimiento y familiaridad, mi punto pasa por el opuesto: hay cierta tendencia a controlar todos y cada uno de los aspectos de lo que tenemos "en casa" que no me parece sano o deseable.

Digo, porque no es más que moldear la realidad a nuestra caprichosa manera: podemos elegir, sin dudas, tener una pitón de mascota. Si se come al gato, no es culpa de ella.
Podemos mantener un vínculo o una relación con alguien idealizado, pero si nos decepciona, no es su responsabilidad.
Podemos tantísimo, pero...

26 de enero de 2011

De entre casa II

Decía lo de amansar, domesticar, amaestrar lo salvaje. Y decía que pese a todo, cada tanto lo salvaje se revela y escapa de lo doméstico, con violencia desconcertante.

Obvio que necesitamos ciertas "domesticaciones" para poder vincularnos o relacionarnos: es lindo tener, ponele, un perro, pero sigue siendo perro. Por más que lo amemos (¿?) sigue siendo perro y en caso de necesidad extrema, no dudaría en comernos.

Por caso, está lindo, es bueno, creer en dDios-a-es-as, relacionarnos con él/lla-as/os, orientar nuestras vidas según entendamos la divinidad nos propone o pide. Pero, llegado el caso, nos caeríamos de traste si se nos revelase salvajemente, saliendo de nuestro control.

Es, claramente, un peligro.

25 de enero de 2011

De entre casa

En un momento de la evolución del mundo, el ser humano domesticó algunos animales. Quizás los menos salvajes o los menos aguerridos. Los que eran útiles para sobrevivir. Pero por más que se hayan domesticado siguen siendo animales, es obvio.

En algún punto, me parece, que esta ansia por domesticar (si no, en casos extremos, amaestrar), es una violencia contra la naturaleza que luego proyectamos más allá de los bichos y ahí están los amigos, el esposo, la hija, dios, moldeados y amansados a imagen y capricho.

A veces leemos o escuchamos que un perro atacó al amo y lo mató o que alguien fue embestido por un toro: la fiera afloró. Un amigo, el esposo, la hija, un dios también tienen su lado salvaje, imposible de amansar o domesticar.

Eso es lo que los hace hermosamente peligrosos.

24 de enero de 2011

Despacito despacito

Medio sin querer, medio queriendo, llegué/llegamos a un año de entradas diarias. Esto va desde ningún lado hacia ninguna parte, sin más timón que la premisa de postear todos los días pero no cualquier cosa. 


Algunas veces más pensado, otras más espontáneamente. Es bueno, quiero decir, me hace bien el eco que de cuando en vez se da. No es raro que un post surja de un eco y así se vaya haciendo una especie de diálogo. Eso está bueno. 


Y está bueno, también, el ejercicio sostenido de ensayar y buscar lenguajes y fronteras en las que podamos encontrarnos nosotros. 


En eso andamos.

23 de enero de 2011

Mitos modernos III

Sísifo fue condenado por los dioses a llevar una enorme piedra cuesta arriba por la ladera de una montaña. Cada día la subía, cada mañana debía recomenzar: antes de llegar a la cima, inevitablemente todo volvía a cero.

Una de las torturas en los campos de exterminio del nazismo, hacían que un prisionero llevase, de un punto a otro, una pila de rocas. Al terminar, debía hacer el camino inverso.

Una cola eterna en el banco lleva hasta el mostrador, donde se nos avisa que no, que ahí no se cobra el ABL sino sólo a los clientes del banco.

El infierno debe estar lleno de estos absurdos.

22 de enero de 2011

Chispazo

De cuando en cuando se me regala palpar la herida en el corazón humano. No el dolorcito ese que es pasajero, que se va con un duelo mayor o menor. No: hablo de esas heridas que están cicatrizadas ya, pero que aún duelen.

No causan rencor ni odio, no hacen más amarga la existencia. Están. Ahí.

Las veces que alguien me honra compartiéndolas, siento que me asomo al abismo de lo humano. Siento que ahí mismo, en esa herida, está la posibilidad de la sanación, de la reconciliación. De lo vivo.

No es que me agraden especialmente, pero son momentos que tienen algo de epifanía. Es necesario descalzarse.

21 de enero de 2011

Mera lógica II


A menudo me pasa encontrarme diciendo algo con ironía o sarcasmo y que piensen que es en serio.
Las opciones varían, pero más o menos son:

  • Seguir como si nada
  • Preguntar si me creen tan idiota, mal tipo, ingenuo, básico, dependiendo de la situación
  • Poner en evidencia a quien no entiende con un sarcasmo más grande
  • Explicar, con lo cual todo pierde gracia

Otras, con mucha lógica, doy alguna opinión que se desprende casi como silogismo de las premisas que me presentan y creen que hablo en joda. Ejemplo:
-¿Sabés que me cansé de tal cosa -matrimonio, trabajo, relación, amistad, adicción-...?
-¿De veras?
-Sí, siento que si sigo con eso -matrimonio, trabajo, relación, amistad, adicción-..., voy a acabar mal.
-Bueno, podés decir basta antes que termine peor y chau.
-No me hagas reír...

Juro que no entiendo.

20 de enero de 2011

Mera lógica

Hay un par de personajes que me divierten por lo mismo, aunque sean sumamente diferentes: Sheldon Cooper, de The Big Bang Theory, y Temperance "Bones" Brennan, de Bones. Me divierten porque ambos, a su modo, no pueden salir del esquema científico, no entienden lo dicho más que literalmente, no captan los sarcasmos, todo lo toman textualmente...
Por un lado, me río porque son una muestra que la genialidad y la estulticia son más que primas hermanas. Por otro lado, porque muestran que hay mucho más que lógica y silogismos en la vida humana, así como muestran, también, que sin un pensamiento lógico, somos mera pulsión.

Claro que son caricaturas, pero ¡tan reales!. Quizás de lo mejorcito en personajes de los últimos tiempos, porque por identificación o rechazo, tan lejos no me siento.

19 de enero de 2011

Bullicio II

Sí, de a ratos creo que me ganan las distracciones y me desoriento en la búsqueda. Es casi imposible no distraerse. Y a veces distraerte te hace muy bien.

Lo que me parece medio perverso es permanecer en este estado de distracción constante, con la necesidad de estar "entretenido", haciendo zapping mental y vital. Y ni siquiera notarlo. Vuelvo a decir: no me refiero a las preguntas adolescentoides y caprichosas, esas que no reconocen más autoridad que la propia, las que se formulan para afirmarse en propio ombligo.

Sino a esas que nos sirven para filtrar lo recibido, ver con qué nos quedamos, por dónde elegimos transitar. Las que van configurando nuestra propia mirada y nuestro propio paso.
Qué necesitados de buenas preguntas estamos.

18 de enero de 2011

Bullicio

Todo tiene que estar equilibrado, perfecto. ¿y entonces, la pregunta existencial que es motor? ¿dónde queda?. Preguntaba Tincho en la entrada del 7 de enero.  

Me da la sensación, que está como anestesiada, o mejor, ahogada en medio de tantas preguntas medio adolescentoides, inconformistas al divino botón. En algún punto creo que hay como una opción perversa por la chatura que hace que nos preguntemos y cuestionemos pavadas en lugar de ponernos frente al vértigo de la duda, de la incertidumbre.

Me recuerda a los teros, que ponen los huevos en un lado pero gritan en otro, para que nadie encuentre el nido.

¿Sabremos evitar que nos distraigan en la búsqueda?.

17 de enero de 2011

Antípodas

Hace unos días terminé Lo bello y lo triste, de Kawabata. Me metí, por momentos, en paisajes y ritmos diferentes: Japón, Kyoto, pintoras y escritores, montes y monasterios, jardines de piedra... No termino de saber qué es lo que hace que alguien gane el Nobel, pero bueno, Yasunari Kawabata lo ganó.

Inmediatamente después, comencé -y terminé en un par de días- El silencio del río, De JM Guastavino, que no es Nobel, sino novel. Más allá o más acá de conocer al autor -me creo mil-, me metí, por momentos, en paisajes y ritmos familiares: el delta del Río de la Plata, la isla, una o un tal B. Alonso, un cuadro...

Me dio mucho gozo sentir, comprobar, que ambos, en mundos antipodanos, crearon un relato, un tiempo, unos personajes que me compartieron algo de sus mundos.

Estuvo bueno.