Me llaman del banco para ofrecerme un seguro de vida, riesgos, accidentes, mal de ojo, hipo, acné y pie de atleta.
Correctamente se presenta -Alejandro, de MetLife- me avisa que la conversación va a ser grabada y me habla dando por sentado que me interesa su producto, que lo voy a aceptar y que es lo mejor que me puede suceder. Pasa a describir una serie de beneficios que puedo obtener si tengo antes muy mala suerte. Incluso morir, claro.
Le agradezco educadamente, le digo que tengo una buena cobertura médica, que no me preocupa morir, que no me interesa un seguro de vida...
Insiste queriendo saber y claro, infundiéndome miedo porque nadie está a salvo.
-No, gracias, no me interesa, Alejandro. Adiós.
-Pero no por ud., por los suyos.
-No, gracias, no me interesa, me parece que no me escuchás.
-Pero nadie está exento de...
-Lo sé, gracias, no me interesa. ¿Estás escuchándome?
-Pero...
-No, gracias, te digo. Chau.
Entiendo que es su trabajo. Entiendo también que insista. Me parece tremendo que la catástrofe sea parte de su discurso y peor, que no entienda que no me preocupa.
Vivo así, a la que te criaste.
7 de marzo de 2014
6 de marzo de 2014
Enfoques
Es genial cómo tomamos en serio cosas que no son trascendentes y las trascendentes o importantes las ridiculizamos o ignoramos.
Partidos de fútbol, chismes de farándula, bobadas de las redes sociales, música de moda transitoria, crisis ajenas, celulares último modelo, kilos de más o de menos, propios o ajenos, por nombrar unos pocos.
Trabajar con y por otros, buscar el bien común, elegir bien, tomarse tiempo para lo que vale, pensar en los demás, abrir puertas, propiciar encuentros, cuidar la vida, amar en serio, respetar la diversidad de lo humano.
Si entendiésemos...
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5 de marzo de 2014
La esquina del olvido
La memoria es selectiva, lo sabemos. No sólo es que con el tiempo nos olvidemos sino que también hay cosas que no recordamos porque elegimos inconscientemente no recordarlas. Otros recuerdos los magnificamos como con lupa idealizándolos o haciéndolos más terribles que el hecho vivido y recordado.
Converso con personas con quienes hemos compartido algún acontecimiento: se hace patente esta selectividad, esta lupa o catalejo.
Cuánto más si es la memoria colectiva de un grupo, tiempo, país.
Sospecho que para muchas cosas la memoria es más determinante que la realidad presente.
Sospecho, no más.
Sospecho, no más.
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4 de marzo de 2014
Tiempo lento
Ayer almorzamos/merendamos/tomamos mate/café con la tribu. Bendito lunes de carnaval feriado que nos regaló estas horas.
En casa, tranquilos, aprovechando el parque. Algunos de los pequeños fueron a la pile, desafiando el día medio otoñal. Los más chiquitos correteaban charloteando en un idioma propio. Todos torturaban a la gata que se deja torturar y juega, de cachorro felino a cachorros humanos.
Pusimos una mesa caótica: ya pasó el tiempo de las mesas "prolijas": vasos, cazuelas, cubiertos en caos, cada quien agarre lo que pueda. Mientras comen los más chiquitos, los mayores picoteamos algo.
En casa, tranquilos, aprovechando el parque. Algunos de los pequeños fueron a la pile, desafiando el día medio otoñal. Los más chiquitos correteaban charloteando en un idioma propio. Todos torturaban a la gata que se deja torturar y juega, de cachorro felino a cachorros humanos.
Chechu había comprado para cocinar un arroz al disco con carne y verduras. Trajo el disco, claro; yo cortaba y preparaba las cosas.
Armaron el fuego, pusieron el disco, tiramos las verduras, la carne, el arroz... Repartimos a cucharadas, disfrutamos lo rico de lo sencillo. Después, tortas que quedaron del cumple de Mateo, un budín de la mamá de Tincho, alfajores caseros de la costa.
El sol, los colibríes, un pájaro carpintero, las gatas, viento en el álamo, gritos, risotadas, charlas que se cortaban y continuaban al rato.
Estado de gracia.
Estado de gracia.
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3 de marzo de 2014
Montañas y valles
Una señora que acompaño hace un tiempo decidió -animada por mí- consultar con un psiquiatra. Fue diagnosticada bipolar. Cuando me lo contó, ya hace un tiempo, se sentía aliviada al entender que mucho de lo que sentía o le pasaba no era su responsabilidad sino que era parte de su enfermedad. Comenzó con la medicación y en muy poco tiempo le cambió notoriamente su calidad de vida.
Unos meses después, ya acostumbrada a sentirse mejor, le cuesta un poco distinguir una tristeza legítima como la que produce un duelo de un síntoma de bajón depresivo. La alegría de encontrarse con su hijo que vuelve después de meses sin dar señales de vida se le confunde con un estado maníaco. Tiene miedo de sus emociones: tanto tiempo sintiendo picos y pozos hacen que desconfíe de ella misma.
2 de marzo de 2014
Coca, in memoriam
Murió Coca, una hermana de mi padre, pasados ya los ochenta años. Me enteré mientras estábamos celebrando el segundo cumpleaños de Mateo. Quise quedarme un poco más, pero no pude, tuve que venir a casa, al nido, al útero.
Uno de mis primerísimos recuerdos es estar en sus brazos, en una pileta inmensa. Yo tenía dos años -sí, guardo memoria de algunas cosas de ese tiempo, sobre todo de ese viaje a Mendoza-. Ella tarareaba una tonada y cuando terminaba, sumergíamos la cabeza en el agua. Probablemente haya sido la manera en que me aprendí a no respirar bajo el agua. La melodía me sigue resonando: larira, lairá...
Me enseñó a jugar a la casita robada, a la escoba de quince y al chinchón. Pasé muchas tardes en su casa, la visitaba aunque mis padres no fueran. Mientras ella planchaba me contaba anécdotas de la familia, de su niñez, de sus hermanos. A veces hacía una pasta frola de dulce de leche que tenía sabor a cielo.
Años atrás, visitando a su hermana mayor que vive en Estados Unidos tuvo un ACV y ya no volvió a ser la misma. Se le confundía el tiempo, perdió la memoria de corto plazo, se perdía cuando había mucha gente. El último tiempo estuvo en un geriátrico porque necesitaba cuidados constantes. A veces mis padres la traían a casa de ellos unas horas, hasta que ya no pudieron.
De a poco se van moviendo las piezas de la vida y nos toca a nosotros ir siendo techo.
Uno de mis primerísimos recuerdos es estar en sus brazos, en una pileta inmensa. Yo tenía dos años -sí, guardo memoria de algunas cosas de ese tiempo, sobre todo de ese viaje a Mendoza-. Ella tarareaba una tonada y cuando terminaba, sumergíamos la cabeza en el agua. Probablemente haya sido la manera en que me aprendí a no respirar bajo el agua. La melodía me sigue resonando: larira, lairá...
Me enseñó a jugar a la casita robada, a la escoba de quince y al chinchón. Pasé muchas tardes en su casa, la visitaba aunque mis padres no fueran. Mientras ella planchaba me contaba anécdotas de la familia, de su niñez, de sus hermanos. A veces hacía una pasta frola de dulce de leche que tenía sabor a cielo.
Años atrás, visitando a su hermana mayor que vive en Estados Unidos tuvo un ACV y ya no volvió a ser la misma. Se le confundía el tiempo, perdió la memoria de corto plazo, se perdía cuando había mucha gente. El último tiempo estuvo en un geriátrico porque necesitaba cuidados constantes. A veces mis padres la traían a casa de ellos unas horas, hasta que ya no pudieron.
De a poco se van moviendo las piezas de la vida y nos toca a nosotros ir siendo techo.
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1 de marzo de 2014
De todo, como en botica
Cuando puedo trascender momentáneamente mi metro cuadrado mental me encuentro con miradas nuevas, sabores diferentes, experiencias muy otras que enriquecen, desafían, conmueven, renuevan, angustian, cuestionan, sacuden.
En la inmensa variedad de lo humano, con todo lo que tiene de bello, doliente, superador, desconcertante, hay abismos apenas explorados.
Por eso no deja de asombrarme cuando me cuesta trascender mi metro cuadrado para entender la maldad, la aberración del desprecio por la vida ajena. No hablo del pibe que roba para drogarse -tópico prejuicioso de toda clase social-, sino del narco malnacido. No de la mechera que roba en el supermercado, sino del CEO del mismo supermercado que acapara productos.
De a ratos me siento muy inocente e ingenuo. Sé que no lo soy. Me desconcierta.
En la inmensa variedad de lo humano, con todo lo que tiene de bello, doliente, superador, desconcertante, hay abismos apenas explorados.
Por eso no deja de asombrarme cuando me cuesta trascender mi metro cuadrado para entender la maldad, la aberración del desprecio por la vida ajena. No hablo del pibe que roba para drogarse -tópico prejuicioso de toda clase social-, sino del narco malnacido. No de la mechera que roba en el supermercado, sino del CEO del mismo supermercado que acapara productos.
De a ratos me siento muy inocente e ingenuo. Sé que no lo soy. Me desconcierta.
28 de febrero de 2014
Tres deseos
"Que se cumplan todos tus deseos", me deseaban días atrás, en mi cumpleaños. Expresión común, de cariño, de felicitaciones y felicidad.
Me acordé ayer de esa expresión por no sé qué y me pareció casi una maldición: que no te quede deseo sin cumplir.
No estoy diciendo que lo digamos con esa intención, sino que lograr que todos los deseos se cumplan sería terrible, me quedaría sin motivos para caminar, sin paisaje por conocer, sin libro por leer, persona por encontrar, amanecer por disfrutar, helado por probar, canción por aprender.
Si no tuviese deseos inconclusos, no saciados, sería un infeliz satisfecho.
Me quedo con mi feliz insatisfacción.
Me quedo con mi feliz insatisfacción.
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27 de febrero de 2014
Reencuentro
Debía tener menos de cinco años. Habíamos ido con mi familia a pasar el día en un recreo a orillas del río Luján: verde, agua, aire libre, piletas, asado. En un momento me perdí, pero no supe que estaba perdido hasta que me encontraron. Es decir: no sufrí, no me enteré, no registré que me había perdido. Es probable que me llamase la atención algo, o que fuera detrás de una mujer vestida como mi madre, quién sabe. Me encontraron y ahí supe que me había perdido.
No fue la última vez que me perdí: alguna vez me desorienté en la playa; ya más grande me enredé varias veces en los subtes porteños o tomé colectivos en la dirección opuesta. Di vueltas por horas para llegar a pocos metros. La diferencia es que sabía que estaba perdido: al saberlo la angustia se hacía presente, la necesidad de entontrar-me, orientar-me no era de otros, era mía. Dependía de mí.
Como fuere, no se compara a ser encontrado antes de saberse extraviado.
Hay en eso, algo de pre-dilección, de pre-vención, de ser cuidado antes, de estar siendo mirado, esperado, extrañado.
Amor fundante.
Hay en eso, algo de pre-dilección, de pre-vención, de ser cuidado antes, de estar siendo mirado, esperado, extrañado.
Amor fundante.
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Céteris rebus
26 de febrero de 2014
Variaciones
En el suelo, se desperdicia.
En la tierra, despierta la simiente.
En una jarra, invita a saciar la sed.
En un océano, es ignoto.
En el desierto, oro líquido.
En la cara, caricia que despierta.
En una olla, un caldo que alimenta
Siempre es el mismo litro humilde.
Así nosotros.
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25 de febrero de 2014
El lago
El lago, de Banana Yoshimoto. Narrativa japonesa. La primera autora que leo; antes había leído sólo varones.
Chihiro y Nakashima. Ambos huérfanos de madre: reciente ella, más lejano él. Ella es pintora muralista, él estudia algo sobre el ADN. Son amigos antes que pareja, tan raros como amigos, tan raros como pareja. Unos hermanos que viven cerca de un lago. Una fortune-teller ella, una especie de médium él. La voz narradora es la de Chihiro que va entrando en el misterio de Nakashima.
Hay algo en el ritmo, en los personajes, en la historia, que nos hace entrar en un paso más tranquilo, más lento. Tal vez sea la fantasía sobre lo oriental, pero el aroma a té verde se percibe mientras se lee.
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24 de febrero de 2014
Múltiplos de uno
Fantaseo con probables vidas diferentes a esta que llevo.
Ninguna termina siendo demasiado diferente, la imaginación no me da para tanto.
O será que en esta vida que llevo vivo varias a la vez. Será que de un modo que no termino de entender soy muchos, lejos de esquizofrenias o dobleces.
Seguramente un aventurero, un bohemio absoluto o alguien con más horizontes, se moriría de aburrimiento si cambiáramos de lugar. Yo moriría de vértigo, seguro. Pero transitar algunos bordes, zonas limítrofes, intersecciones, me da mucho gozo. Me enriquece.
Fantaseo con probables vidas diferentes y amo esta que llevo.
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23 de febrero de 2014
Bocanada
Quisiera ser optimista pero no me sale.
Cuando mucho, puedo sentirme esperanzado de a ratos.
Parecido pero no.
El optimista, en un punto, se desentiende.
El esperanzado, en cambio, se preocupa pero confía.
Algo así.
22 de febrero de 2014
All inclusive
Años atrás me gustaba y disfrutaba pasar mis vacaciones acampando en el sur del país. Llegar, poner la carpa, pasar un par de días en un paisaje, levantar campamento, ir a otro lado. Esperaba horas por un micro, caminaba con la mochila a cuestas llevando ahí todo: ropa, casa, comida... nómade por unas semanas.
Era más joven, claro, la incomodidad no me parecía tal, las comidas hechas en fogones sabían a gloria y bañarse en un lago helado si no había duchas no importaba. Conocí de ese modo lugares soñados. Unos campings estaban más equipados que otros que ni baños tenían. Otras veces, una letrina era un lujo.
Hoy necesito una cama al menos digna. El agua caliente, suma. La mochila enorme sigue acompañándome por practicidad, más que nada. Pero sigue intacta la vocación, la necesidad de paisajes que amplíen horizontes y den aire.
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Céteris rebus
21 de febrero de 2014
Molinos
El miércoles anduve visitando con mi madre y mi sobrina el Museo de Arte de Tigre http://www.mat.gov.ar/). El edificio por sí mismo, vale la pena: un estilo francés, copiado hasta el hartazgo por la alta burguesía porteña, preciosista, puesto en valor luego de haber pasado por diferentes estados de abandono y mala ocupación.
Entre la colección permanente -Berni, Castañino, Borges, Fader, Butler, Quinquela- me encontré mirando Molinos, un cuadro de Boek-Boek a quien ni siquiera había oído nombrar. La foto que ven acá no le hace justicia. Dominan los grises-violáceos. Hay tensión, como si fuera a desencadenarse la tormenta que se percibe. Al mismo tiempo, un manchón de luz atrae la mirada hacia el horizonte. La borrasca está por desatarse, las aspas están como a la espera del viento.
Lo volvía a mirar, me encontraba frente al gran molino que ocupa el primer plano: firme, sólido en su planta; dócil al viento, animoso frente a la tormenta en sus aspas, esperando para sacar de ella lo que necesita para cumplir su misión. El foco de luz recuerda que todo pasa, que no hay oscuridad ni tiniebla absoluta.
Lo volvía a mirar, me encontraba frente al gran molino que ocupa el primer plano: firme, sólido en su planta; dócil al viento, animoso frente a la tormenta en sus aspas, esperando para sacar de ella lo que necesita para cumplir su misión. El foco de luz recuerda que todo pasa, que no hay oscuridad ni tiniebla absoluta.
Parábola inmensa.
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