No sufro de vértigo pero para mirar desde el balcón de un tercer piso, asomo apenas la cabeza mientras hago contrapeso (?) echando la cola hacia atrás. Tan ridículo como poco científico.
La imagen me sirve para otros asomos y miradas: el límite entre la sanidad mental y la ¿locura, delirio? Me produce cierta atracción dialogar con personas que padecen algunas ¿enfermedades? No una depresión o un trastorno de ansiedad. Algo más: algún esquizoide, paranoide. Los mundos armados, paralelos, de una lógica diferente a la mía. La certeza de que la realidad producida/creída es la verdadera...
Me encanta asomarme, hacer contrapeso para no caer. El límite es tan poco claro...
18 de agosto de 2013
Locos de mi pueblo
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17 de agosto de 2013
Obviedades
Hay momentos, muchos, en los que me siento y encuentro feliz.
Otros, muchos, en los que no la paso tan bien.
Otros, muchos, en los que no la paso tan bien.
Mucho de la felicidad viene del encuentro con otras personas, compañeros y compañeras de camino.
Muchos de los momentos duros o tristes vienen, también, del encuentro -o desencuentro- con otros/as.
Por momentos, los otros son el infierno sartreano.
De a ratos, con-dolemos, peregrinos.
Las mayor parte del tiempo, son pedacitos de cielo.
No puedo parcializar o elegir una experiencia sobre otra. Mientras esté siendo con otr@s hay un riesgo de doler, una promesa de felicidad.
Lo elijo. Lo prefiero.
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16 de agosto de 2013
Baby steps
Un paso y luego otro. Arrastrando los pies, casi sin notarlo. Distraídos.
La excusa: alcanzar el objeto del deseo.
El modo: no pensar.
Agarrándose de dónde se pueda.
Confiar en las manos que se tienden.
Hacerle caso al aliento de los demás.
Hacerle caso al aliento de los demás.
Inclinar el cuerpo hacia adelante.
Llegar, casi en un salto.
Así, más o menos, comenzamos a caminar, luego de estar echados, gatear, rolar, dar pasos "de mentirita" sostenidos por algún adulto. Sin darnos cuenta fuimos logrando la estabilidad y fuerza necesaria para soltarnos.
Siento: cuántas veces es analogía de otros pasos, otros caminares, otros soltarse para ir más allá.
El orden es calcado. Varían las metas, las edades, los caminos.
El orden es calcado. Varían las metas, las edades, los caminos.
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15 de agosto de 2013
Lúcida bondad
Bondad vs. inteligencia; aparece de nuevo el dilema, si acaso lo es.
Gente bondadosa, buena, que hace mucho mal con la mejor intención.
Gente inteligente, lúcida, que hace mucho mal con la peor intención.
Gente que elige ser buena (?) para no pensar.
Gente que piensa como eludir la bondad.
¿Acaso se encontrarán alguna vez las potencias humanas, como las llamaban los medievales?
¿La capacidad volitiva, la intelectiva se darán la mano alguna vez?
"Sean astutos como serpientes y mansos como palomas... ovejas en medio de lobos", decía Jesús (Mt 10,16). Ya desde ese entonces estaba la necesidad de unir, de reconciliar ambas cosas.
¿Podremos, sabremos?
¿Podré, querré?
¿Podremos, sabremos?
¿Podré, querré?
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14 de agosto de 2013
El lado oscuro
Tiendo a creer que los seres humanos tenemos un fondo bueno. Que debajo de muchas capas de suciedad -cada quien ponga el nombre que quiera, la categoría que le parezca- hay algo rescatable, incluso algo puro o no contaminado.
Algún dolor, drama, trauma; una educación o ambiente no favorable; opciones no adecuadas; no es difícil tener motivos o excusas para refugiarnos y disculparnos. Para justificar nuestra oscuridad o para entender la de otros.
Más de una vez me encuentro con personas que parecieran haber eliminado toda luz, toda opción de bondad, todo intento de rescate. Quiero creer en las bondades -a pesar de mi propia contradicción-. Estas personas me desconciertan y desalientan.
Las menos, pero las hay.
Las menos, pero las hay.
13 de agosto de 2013
Im-Permeable
Mis esquemas mentales, estrechos, limitados, van descubriendo que estas estrecheces y limitaciones no son rigideces. Es decir: están, me definen en muchos aspectos, son el marco en el que me muevo, mi referencia, la manera en que miro, pienso, razono.
No quita que sean elásticos, flexibles. Que sin renunciar a ellos ni abandonarlos pueda entender, reconocer, aceptar, empatizar incluso, con otras miradas. Correr/me un poco para intentar otras aproximaciones, intuiciones, miradas.
No quita, tampoco, que haya muchas cosas que, por más que mis esquemas puedan ser flexibles, espero no entender nunca y seguir sintiéndolas ajenas, extrañas.
Aunque no lejanas.
Aunque no lejanas.
12 de agosto de 2013
Boca de urna
Ayer votamos en Argentina. P.A.S.O.: primarias abiertas simultáneas obligatorias. Definen qué candidatos podrán ser votados en octubre, en elecciones parlamentarias.
Me hice el rato para ir a votar luego del mediodía. La mañana la tuve ocupada. Pero más ocupada tenía la cabeza con el deseo de votar. Hace tiempo que valoro cada vez más esta posibilidad de expresión y búsqueda que es la democracia.
Quizá tenga que ver con que voy definiendo qué tipo de país deseo, qué clase de opciones me parecen prioritarias. También, claro, tiene que ver con sensibilidades más personales, el sentir que aunque el ideal sea utópico está bueno dar pasos, el celebrar algunos pasitos avanzados.
Como fuere: 30 años de democracia recobrada. Lo celebro. Me alegra.
Quiero más.
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11 de agosto de 2013
Allá no más
Mientras comíamos unos sandwichs en la plaza de Purmamarca se nos acercó una mujer que se presentó como estudiante de comunicación social. Tenía que hacer una encuesta y preguntaba si podíamos responder. Saca un mp3 para grabar y pregunta: ¿Qué piensan de la globalización?
Cruzando la plaza, veíamos un cajero automático. Muchos de los que paseaban por la plaza eran extranjeros. Los chicos tenían las netbooks que da el gobierno. Los puestos vendían cosas que se veían desde Villazón hasta Tucumán. Ella, de extracción aborigen, grababa las respuestas en un mp3 que, seguramente, venía de Oriente...
Es decir... pedía que dijésemos que si era bueno o malo un fenómeno del que el 90% éramos parte activa.
A los pocos días, veo en Humahuaca un mural:
"Somos cultura que camina en un mundo globalizado". Eso. Locales, globales, caminantes.
Con o sin Wi-Fi. Mejor con.
Cruzando la plaza, veíamos un cajero automático. Muchos de los que paseaban por la plaza eran extranjeros. Los chicos tenían las netbooks que da el gobierno. Los puestos vendían cosas que se veían desde Villazón hasta Tucumán. Ella, de extracción aborigen, grababa las respuestas en un mp3 que, seguramente, venía de Oriente...
Es decir... pedía que dijésemos que si era bueno o malo un fenómeno del que el 90% éramos parte activa.
A los pocos días, veo en Humahuaca un mural:
"Somos cultura que camina en un mundo globalizado". Eso. Locales, globales, caminantes.
Con o sin Wi-Fi. Mejor con.
10 de agosto de 2013
Identidades cruzadas
Unos días atrás vi Le fils de l'autre (mal traducida en inglés como The other son y creo que en español circula correcta como El hijo del otro): una familia israelí y judía descubre que su hijo fue cambiado en el hospital, en medio de un bombardeo por el de una pareja musulmana y palestina.
Lo más preciado, un hijo, criado por el más odiado. Lo más propio, la identidad, construida por el más opuesto. Difícil para mí, argentino, no leerlo desde las apropiaciones de hijos de detenidos-desaparecidos, criados como propios por militares o gente cercana a ellos -con el agravante no menor, claro de la mala voluntad, el robo, la mentira, la muerte-.
¿Cuál es nuestra identidad? ¿Qué la hace? ¿Cómo la hacemos?
El chico criado como judío, al consultar al rabino, descubre que no es judío -no lo es su madre biológica-: cuando mucho podrá ser un converso. El musulmán, sin quererlo, es judío. Las familias se desconciertan. Necesitan re-ubicarse.
No vendría mal mirarla, preguntarnos, mirarnos.
9 de agosto de 2013
Chau, Esther
Un grupo de personas en sillas, contra la pared. El barrio en un silencio raro.
Los más grandes murmuran dentro de la capilla. Los chiquitos juegan afuera, no sé que tan ajenos a la muerte.
Por el techo de chapas se empieza a colar el vientito. Cuando caiga el sol hará frío.
Murió Esther. Pobre, trabajadora, luchadora, de una alegría que no llegaba a cubrir la tristeza de fondo. Por un ex marido violento, por los hijos que la vivieron sin cuidarla y descuidándola en la enfermedad, por una vida entera en casilla de chapas y calle de barro... Recién en los últimos años tuvo su casa de material gracias al plan gubernamental.
Mientras pudo trabajó: limpiaba casas del barrio, la mía entre otras. Limpiaba la iglesia para sumar unos pesos más. Y en su tiempo ¿libre? daba una mano en Caritas.
Nunca supo leer ni escribir: sólo uno o dos de sus hijos saben. Le gustaba la música. En alguna peña le vi cantar bajito, siguiendo las canciones que sonaban desde el escenario.
Peleó contra la marginalidad y la marginalización. Por el pan digno para los suyos.
Que descanse al fin.
Los más grandes murmuran dentro de la capilla. Los chiquitos juegan afuera, no sé que tan ajenos a la muerte.
Murió Esther. Pobre, trabajadora, luchadora, de una alegría que no llegaba a cubrir la tristeza de fondo. Por un ex marido violento, por los hijos que la vivieron sin cuidarla y descuidándola en la enfermedad, por una vida entera en casilla de chapas y calle de barro... Recién en los últimos años tuvo su casa de material gracias al plan gubernamental.
Mientras pudo trabajó: limpiaba casas del barrio, la mía entre otras. Limpiaba la iglesia para sumar unos pesos más. Y en su tiempo ¿libre? daba una mano en Caritas.
Nunca supo leer ni escribir: sólo uno o dos de sus hijos saben. Le gustaba la música. En alguna peña le vi cantar bajito, siguiendo las canciones que sonaban desde el escenario.
Peleó contra la marginalidad y la marginalización. Por el pan digno para los suyos.
Que descanse al fin.
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8 de agosto de 2013
Hiatos
Cuando Facundo tenía 7 u 8 años quería una guitarra. Como buen chico moderno, se metió en internet para averiguar precios, modelos, ventajas. Quedó entre unas pocas, cuyo precio iba de los 1.000 a los 2.000 pesos. La cuestión es que no había manera que entendiese que entre 1.000 y 2.000 habían, justamente 1.000 pesos, mucha diferencia. Como era 1 ó 2 lo que veía, y algunos ceros, no tenía idea de la distancia, de la proporción.
Me acordaba de él y su mareo de números al escuchar a personas -adultas de edad-, que tienen planteos más o menos similares y no perciben la distancia abismal entre un par de premisas y la conclusión. Un salto ontológico entre una parte y otra. Como si los "miles" del medio no valiesen o existieran. Como si de una a otra parte, de una idea a otra hubiese cierto atajo mágico e inmediato que no los demás no ven por mera maldad.
Mil razones, cero razonamiento.
Me acordaba de él y su mareo de números al escuchar a personas -adultas de edad-, que tienen planteos más o menos similares y no perciben la distancia abismal entre un par de premisas y la conclusión. Un salto ontológico entre una parte y otra. Como si los "miles" del medio no valiesen o existieran. Como si de una a otra parte, de una idea a otra hubiese cierto atajo mágico e inmediato que no los demás no ven por mera maldad.
Mil razones, cero razonamiento.
7 de agosto de 2013
Aviváte
Comienzo a sospechar que la mayoría de las personas que parecen tontos de remate, en realidad eligen hacerse los tontos de remate para pasarla bien. Poner cara de no entender, de no poder, de no saber les permite perversamente ser ¿servidos, atendidos? por aquellos que pueden, entienden y saben y que además se hacen cargo.
Claro, saben que cuando hagan como que no entienden, por ejemplo, como hacer un trámite, otro lo hará por ellos. Saben que si ponen cara de ay, no me sale cambiar esta lamparita, iremos a buscar una banqueta y la cambiaremos.
Saben, los muy perversos, que no nos sale hacernos los giles.
Y se aprovechan.
Y se aprovechan.
6 de agosto de 2013
En el seno
Uno de los momentos que atesoro del viaje al NOA ha sido estar en las Cuevas del Huayra. Frente a Tilcara, después de una subida de dos horas, se llega a un par de cuevas: una atraviesa de lado a lado la montaña. La otra se interna unos 20 o 30 metros que hay que recorrer medio trepando, medio arrastrándose, para llegar a un espacio grande, circular.
Ahí Mariana, la mujer que nos guiaba, nos recordó que probablemente ahí se rindiera culto a la Pacha Mama: estábamos en su seno, en el vientre uterino de la Madre Tierra. Nos invitó a sentarnos y apagar las velas y linternas. La oscuridad era tal que no había diferencia en tener los ojos cerrados o abiertos. Silencio que atravesaban, apenas, las respiraciones de los que estábamos, o alguna piedra que se acomodaba bajo nuestros pies.
Ahí Mariana, la mujer que nos guiaba, nos recordó que probablemente ahí se rindiera culto a la Pacha Mama: estábamos en su seno, en el vientre uterino de la Madre Tierra. Nos invitó a sentarnos y apagar las velas y linternas. La oscuridad era tal que no había diferencia en tener los ojos cerrados o abiertos. Silencio que atravesaban, apenas, las respiraciones de los que estábamos, o alguna piedra que se acomodaba bajo nuestros pies.
Me salía pensar: si hubiera estado solo habría entrado en pánico. Demasiada oscuridad.
Saberme con otros hizo que la oscuridad fuese menos pesada.
Saberme con otros hizo que la oscuridad fuese menos pesada.
Como en la misma vida: otros/as que se hacen compañeros/as y nos acompañan en las noches...
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Pluribus
5 de agosto de 2013
Regresando II
En una de las vueltas que dimos, fuimos de Iruya a San Isidro, unas dos o tres horas, caminando por el lecho de un río, entre dos pueblos mínimísimos. Como pasa muchas veces, lo bello es el camino en sí mismo.
Al volver lo hicimos en el camión que lleva, semanalmente, la mercadería de un pueblo al otro: bolsas de maíz, cajones de frutas y verduras, bolsas de fideos secos, harinas, hortalizas, gas en garrafas... Y gente que aprovecha el "transporte". Por momentos el camioncito para y suben algunos, bajan otros, cargan otras bolsas.
Una de las bolsas era de abono orgánico: estiércol de cabras y ovejas. Olor fuerte, claro. Pero luego, mezclado y repartido en la tierra, la hace más fértil, la fecunda y posibilita la vida.
Pensé: como las riquezas: acumuladas, amontonadas, juntas, dan mal olor. Repartidas, es otra cosa...
Me puse ecológico, vea...
4 de agosto de 2013
Regresando
La gente: los de allá y los que fuimos encontrando por el camino: el señor que nos llevó a Las Coloradas y contaba leyendas de los cerros, unas chicas francesas pura risa Maelys y Alexandra, Franchell, un portorriqueño buscando horizonte latinoamericano, una pareja de Belgrano, Javier y Pao, otra de dos pibes, Emmanuel y Nacho de capital, Mariana, una guía con amor por su tierra y su tradición, varios hobbits viajeros, Celestino que nos recibió en Iruya, Facundo que nos alojó en Lozano, Marta que compartió vida y mesa. Otros, otras.
La emoción de ver en la Puna, a 2000 km de Bs As a los chicos del colegio secundario con las netbooks que el gobierno les da, la bandera flameando para 14 alumnos, las mujeres en los puestos de venta, los hombres curtidos por el sol de las alturas.
Las casas de adobe, las iglesias de otros siglos, los rezos a nuestro Señor y la Pacha Mama.
La imposibilidad de registrar todo, de ver todo, de oler todo, de tocar todo, de escuchar todo.
Un tiempo de paréntesis que regenera.
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