Gente que se dio una vuelta


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20 de febrero de 2014

Pasaje de ida

Un viejo viejísimo en el colectivo. Flaco-flaquísimo. Con impermeable puesto y paraguas en mano en un día caluroso y despejado. No se despegaba de al lado del conductor diciendo que quería ir hasta el cruce de la calle Santa Fe, acá no más. Desde San Fernando, donde subió, hasta, por lo menos, Palermo,el 60 no cruza ninguna calle Santa Fe. Sí toma una avenida con ese nombre en Martínez y otra en CABA, pero este señor no quería ir a la Avenida Santa Fe, sino a la calle Santa Fe que cruzaba en algún lugar del recorrido. 

No hubo modo que entendiese su equivocación. Varios trataron de convencerlo, otros de averiguar a qué lugar quería ir: Señor, debe estar equivocado. Debe ser otro nombre.
Nada. Seguía en sus trece. El colectivero lo invitó a sentarse, que fuera viendo y que si veía dónde bajarse, le avisara. Se sentó en el primer asiento, dignísimo, con el paraguas entre las piernas y las manos sobre el mango, cual bastón con empuñadura de plata.
No sé hasta dónde habrá viajado. Lo que sé es que por más que hiciera mil kilómetros siempre iba a estar en otra parte.

19 de febrero de 2014

A tontas y a locas

No sé si estamos criando bien a las generaciones futuras. 
No sé si nos criamos bien a nosotros mismos.
Entre la exigencia absoluta y el todo da lo mismo. 

Las mochilas escolares nunca pesaron tanto, nunca tuvieron tantos libros y al mismo tiempo, los pequeños nunca tardaron tanto en saber leer, ni hablemos de interpretar lo leído.

Con algo tan pequeño como un smartphone llevo a todas partes el trabajo. Hasta a las vacaciones. 
Cuando la conexión a Internet se corta caigo en abstinencia a los cinco minutos, diez veces más mismo tiempo del que me lleva aburrirme de un programa o cambiar el track de audio.

Aumentar la autoestima y el amor propio es tan bueno. Ojalá nos hubiesen enseñado a amarnos rectamente. Pero siento que en un punto estamos siendo y haciendo, por revancha, monstruos del egocentrismo.

Las necesidades básicas se amplían. Lo suntuario es necesario.
Ansío lo simple, me enredo en lo complejo.
Y lo complejo me seduce prometiéndome sencillez.

18 de febrero de 2014

Talismán

Hace casi dos años me compré unas Moleskine: una pequeña, tamaño bolsillo, otra más grande, tamaño cuaderno. Fetiches estéticos que me contagió Tincho. Hemingway las usó. Matisse y Picasso hicieron unos bosquejos.

Durante más de 6 meses no las abrí. Quitarles el celofán protector se me ocurría doloroso. Me animé, con el tiempo y abrí la más chica. Me llevó bastante tiempo ponerle mi nombre. No tiene otra anotación. La grande sigue intacta.

Las guardo para... no sé para qué. Alguna idea brillante, la gran revelación del sentido de la vida y la historia, una novela que aún no conozco, una tesis innovadora.
Mientras tanto las veo descansar a salvo sobre la mesa del comedor. Las miro y les pido, silenciosamente, un par de motivos como para usarlas.

17 de febrero de 2014

Todos los ríos van al mar -Qo 1,7- II

Otra obviedad: en Cataratas el paisaje está en constante cambio.

El agua corre sin cesar desde hace milenios. Cae en cientos de saltos sin detenerse. La selva avanza en brotes, retrocede en árboles que mueren, amanece en flores, suena en los animales.

Nadie, nunca, jamás ha visto el mismo paisaje que vio otro; ni siquiera estando lado a lado dos personas llegan a verlo. Los miles y miles de personas que estuvieron paradas en el mismo lugar, a través del tiempo, nunca vieron la misma caída de agua, el mismo viento, la misma escena.
No nos bañamos dos veces en las aguas de un mismo río, decía Heráclito.
El río permanece, el agua cambia.

Si esto pasa en el río, en la selva, en el paisaje, con el río, la selva, el paisaje, cuánto más con las personas, las historias, las miradas, las experiencias.

Nosotros permanecemos cambiando. Cambiamos permaneciendo.
Somos y no los mismos. Nos vemos y no de la misma manera.
Nada y todo.

16 de febrero de 2014

Todos los ríos van al mar -Qo 1,7-

Volví a visitar las Cataratas del Iguazú luego de veinte años. No voy a intentar describir los paisajes, los aromas, la tierra, porque no saldría del lugar común y me quedaría corto.

Veinte años atrás me sacudió lo enorme, desbordante, imponente -¿no les digo?, lugares comunes-.

Esta vez además de esa sacudida conocida y nueva me descubrí en varios momentos mirando, no los saltos grandes, sino minúsculos riachos, con pequeñas caídas, silenciosas, laterales. Sentía que era metáfora de tanto, de tantas historias, personas, caminos, opciones: marginales, silenciosos, laterales, no protagonistas, menores, olvidados, humildes, mansos.

10 de febrero de 2014

Fuera de servicio

Mañana estoy saliendo unos días de Bs. As.
Unos días breves de vacaciones. A Iguazú, en el norte argentino, a las cataratas.
Fui un par de veces, hace muchos años.
Estoy con ganas de descanso y paisaje diferente.
Nos vemos a la vuelta, en nada.

9 de febrero de 2014

Nosotros tres

Lluvia que por momentos es torrente. Cenamos con mis hermanas y sus esposos. Cena "de grandes", sin hijos, nietos o padres. Cristian preparó una carne al horno exquisita (no pudo ser asado, maldito clima), María, ensaladas. Cecilia y Daniel llevaron para el postre, yo unas gasesosas.

Todo es trascendente y todo es anecdótico: nos conocemos de memoria, casi. Nos reímos de nosotros mismos pero en serio.

Aparece, en algún momento, la cuestión de cómo educar, qué cosas/valores/ideas pasamos a los menores, qué hacen ellos/as con esto. Qué cómo cada hijo, hija, con casi la misma educación y crianza, hace luego caminos impensados, divergentes. El margen infranqueable de la libertad. La imposibilidad de sacar cuentas cuando nos referimos a personas, cómo se quedan cortas o largas las matemáticas. Las resiliencias, los cambios, las variables, los asombros y las decepciones.

Nos miro a los tres. Somos casi la prueba empírica de la compartida.

8 de febrero de 2014

Cada vez

Canta Aute:

Tu sed transubstancia mi sudor
en vino que bebemos en cada beso.
Tus pies no se hunden
en los lagos de mis lágrimas.
Tu saliva siembra la luz
en la noche de mis ojos.
Tu voz resucita mis músculos dormidos
mis latidos sepultados.
Tus manos, cuando me tocan,
curan mis heridas más invisibles
Tu hambre fecunda peces 
que se multiplican como deseos de humedad
en el múltiple pan, pan de mi cuerpo.
Cada vez que me amas, es un milagro.
Cada vez que me amas, Luis Eduardo Aute.

Imagino que la habrá compuesto mirando a algún amor, alguna mujer conocida que sabía cómo amarlo. Sobrepasado por el amor siente que es un milagro: hay cosas que este amor hace en él que rebasan, desbordan lo esperable.

Algo así siento al saberme amado, al asombrarme del amor -cariño, cercanía, compañerismo, ternura, exigencia, reposo, encuentro, mano, risa, abrazo- que recibo, a veces tan inmerecidamente. 

No puedo menos que sentir que cada vez que me aman, es un milagro. 
Agradezco.

7 de febrero de 2014

Nieta 110

Otra nieta apropiada durante el último gobierno de facto ha sido recuperada (acá está su historia: http://abuelas.org.ar/comunicados/restituciones/res140206_1040-1.htm). Sigo sin entender por qué me conmueven tanto estas historias -y pienso en tantos que faltan-.

Incluso cuando no hayan sido apropiados sino adoptados de buena fe (no sé si entre los 110 habrá habido alguno, en verdad), el origen es fundante. No fueron dados por sus m/padres: fueron arrebatados y sus m/padres asesinados. Es más, las embarazadas, como botín de guerra, eran valiosas mientras estaban en ese estado. Incubadoras humanas para sus captores, torturadores y asesinos.

La esperanza de mejorar la raza o la nación se repite desde antes del nazismo -algunas niños judíos, niñas, sobre todo, si pasaban por arias, eran enviadas a orfanatos para desjudaizarlas y entregarlas a familias no judías. Una táctica del terror fue y es violar y embarazar a las mujeres del enemigo, para que lleven a sus enemigos en el vientre.

Vuelvo: no sé por qué me conmuevo. Debe ser que el eco de tantos niños/as violentados, mujeres violadas y embarazadas a la fuerza, identidades rotas se sana, de algún modo extraño, en cada uno que se reencuentra con su identidad.

6 de febrero de 2014

Un día más

Estoy cansado después de un día largo de encuentros y festejos.
  • Con mis padres, hermana menor, sobrinos, sobrinas nietas.
  • Con amigos de añares.
  • Con Ro, con quien compartimos fecha de cumple.
  • Con algunos del barrio con quienes me crucé.
  • Con varios llamados que alegran.
  • Con mensajes que me emocionaron -las huellas que dejamos en las vidas de otros y viceversa-
  • Con mensajes al muro de FB que intenté responder uno por uno.
  • Con regalitos, que son como mimos y mimos que son regalos.
  • Con la certeza de lo bueno.

También
  • Con la noticia de dos días de duelo nacional por la muerte en servicio de 9 bomberos.
  • Con la certeza que puedo dar/me más.
  • Con el desafío de no achancharme.
  • Con los desencuentros de siempre y otros nuevos.
  • Con la desproporción entre el don y lo no merecido.
  • Con ruido y calor.
Con una lluvia reparadora. Real y metafórica.

5 de febrero de 2014

43 a la cabeza

Es mi cumpleaños: 43. Un poco más de la mitad de la vida -las longevas en mi familia son las mujeres-.

Lo decía un poco el año pasado, lo vuelvo a repetir: la verdad es que me siento y encuentro feliz. Incluso, en un intercambio breve con Nico, decía que lo que falta no me angustia, que la no-plenitud también es parte de esta felicidad de hoy.

Siento, también, que me voy poseyendo, autoposeyendo cada vez más. Que no me soy extraño, por más que a veces me extrañe o asombre a mí mismo. Que esto que poseo, este yo de hoy, no ideal ni acabado, es para ser dado.

¡Hay y hubo gente tan linda en mi vida! Algunos quedaron atrás y son recuerdo; otros son memoria y presencia; otros fueron asomando con el tiempo.
También valoro como tesoro la fe que me fue regalada, que es parte central en mi vida, la fe en Jesús, maestro, hermano, Señor. Y en eso estamos. Caminamos, andamos.

4 de febrero de 2014

La casa de atrás

En la Feria Internacional del libro en Buenos Aires me compré, en el 85 u 86, "El diario de Ana Frank". En esa época tenía casi la misma edad que la autora y sabía poco del nazismo, la Soah y esas cosas. Bah, sabía, pero se me escapaba más que hoy la dimensión del horror. Ese libro está
ahora en casa de mi hermana mayor. Empatizaba con sus mareos adolescentes y comulgaba con el análisis que hacía de las personas, ella misma incluida.

Me reencuentro ahora, libro electrónico mediante, con una edición corregida y aumentada del Diario -su padre censuró parte del original y recientemente se reeditó más completo-. Ya adulto no puedo menos que asombrarme ante esa adolescente, judía, oculta, obligada a la convivencia con otros, encerrada, que sigue d/escribiendo, contando. Gracias a Google rastreo imágenes de esa chica desgarbada, feucha, que me sonríe desde las fotos. Ojos inmensos, profundos.

Pienso en cuántas historias quedan sin ser contadas, calladas brutalmente, de las cuales ella es ícono. Cuántos, cuántas Anas habrá sin lápiz y papel, cuántos sin saber escribir siquiera.
Siento que estamos en deuda con ellas y ellos.

3 de febrero de 2014

Serpentario

"Sueño con serpientes, con serpientes de mar. Con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.
Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan lo que pueden arrebatarle al amor.
La mato y aparece una mayor" 
(Silvio Rodríguez)

Nunca supe a qué se refiere Silvio, en qué pensaba cuando compuso este sueño-canción. Las hipótesis van desde USA que quiere devorar a Cuba hasta un simple sueño sin más (Sueño con serpientes).
 
La música es medio hipnótica, como si se acompasara al movimiento de las olas de ese mar con serpientes. Hay tréboles que atoran, vientres que estallan, locura voraz.

No sé, decía, qué inspiró a Silvio. Sin embargo tengo también varias serpientes que quieren engullir, arrebatar lo que puedan al amor, que se reproducen. Se disfrazan de desánimos, de derrotas, rutinas, pérdidas, superioridades, desencuentros, malentendidos, malintencionados, abusos, derrotas.

Sueño con serpientes.

2 de febrero de 2014

Inicio y meta

Tener un centro, un eje. Es la imagen que se me presenta para revertir la dispersión. Volver -tarde o temprano- a este centro, a este eje. Ser conscientes de que ahí está esperando, esperándonos. 

Una persona que nos orienta, un grupo que nos dice que tenemos casa, un paisaje que nos refleja, una mirada que nos espeja, un tiempo que nos recoge.
Concéntricos, elípticos, más rígidos o más elásticos.

Permiten que nos alejemos, acerquemos, ensayemos, nos perdamos, retornemos.
Casa. Origen. Meta. Camino.

1 de febrero de 2014

Tropezones y caídas

El ser humano, dicen, es el único animal que comete dos veces el mismo error. Cierta o no -algún otro bicho también se debe equivocar repetidamente en lo mismo-, la afirmación encierra una intuición fuerte: no terminamos de aprender ni siquiera de nuestra propia experiencia.

Volvemos a: 
  • sacar la fuente del horno sin manoplas, y nos quemamos
  • confiar en quien 9 de cada 10 veces nos decepciona
  • desoír la voz del instinto
  • salir sin paraguas cuando amenaza tormenta
  • juzgar antes de tiempo
  • comer eso que nos patea el hígado
  • herir a quien queremos
¿Será que no tenemos memoria? ¿Que somos ilusos? ¿Que no nos importa sufrir al cohete? ¿Que somos masoquistas encubiertos? ¿Que qué?