Gente que se dio una vuelta


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15 de marzo de 2011

No green

Curiosamente, en una sociedad de mercado, donde todo es mercancía con precio, las cosas pierden valor. Se hacen descartables, desechables. El círculo estímulo-consumo-descarte-reemplazo nos devora.
En casa no anda más la impresora: epson decide, arbitraria y monopólicamente, que cada X cantidad de impresiones o X cambios de cartuchos no originales, deja de andar. No se rompe, no: deja de andar.

Ergo: debemos comprar otra cuando aún la actual tiene vida útil para largo. Debemos, digo, porque por cuestiones administrativas se usa y mucho. Entonces, miles de impresoras (heladeras, lavarropas, plasmas, pongan lo que quieran) cada día pasan a engrosar la basura no degradable, agresiva, que, por otra parte nos dicen que le hace mal al planeta. Detesto tener que consumir.

Eso sí: a esquizoides, no nos gana nadie.



14 de marzo de 2011

There's a fine line

Hay una delgada línea entre:
  • lo sublime y lo ridículo.
  • lo servicial y lo servil.
  • la bondad y la idiotez.
  • la cercanía y la asfixia.
  • la ironía y la crueldad.
  • la independencia y el desinterés.
  • la firmeza y la dureza.
Y todos la hemos cruzado alguna vez al menos.

13 de marzo de 2011

Nerds del mundo, uníos.

Por un comentario de Mariana en facebook sobre cómo se reducía el subjuntivo a lo "irreal o hipotético" comenzamos un intercambio de treinta mensajes. Me reía o me espantaba de mí mismo, por lo nerdie de  la situación. Si el lenguaje se puede separar de la filosofía, si el pensamiento se achica al tener menos posibilidades de distinguir, si blablabla. Recomendación de libros incluida.

A los dos días, en una fiesta de casamiento, Iñaki comenta, a partir de la pregunta por el color de un farol, que está leyendo Through the language glass: why the world looks different in other languages. Es una tesis en lingüística acerca de la percepción de la realidad de acuerdo a los diferentes idiomas, la anterior evolución de la lengua y no sé qué más.

Le recomiendo Etimología de las pasiones, de I.B.. Ahí nomás, Milenka (estudiante de letras) comenta algo así como lo de la interrelación entre las palabras y la captación y la interacción con la realidad, cómo se achica o agranda.

No estamos solos.

12 de marzo de 2011

Imágenes

Hay algo medio enajenante en esto de ver en vivo y directo cómo el mar penetra en Japón, los autos flotan en olas enormes conviviendo con barcos, la tierra se conmueve. Mientras lo miro en la tele, acá hace calor, mucho, los pájaros cantan, el verano no termina de irse, planeo un casamiento que tengo a la noche y preparo el almuerzo.


Hay algo antinatural en el simple hecho de poder comer con esas imágenes adelante, mientras invoco a los dioses de esa parte del mundo para que el reactor nuclear no falle ni tenga fugas. Tan cerca, tan lejos. Tan tremendo, tan natural.

Pensar en las víctimas mientras TN y La Nación, a renglón seguido del desastre y con el mismo tono, hablan de la caída de las bolsas. Decirme y escuchar decir: ¿cuántos son 90.000 desaparecidos? ¿sólo 300 muertos por ahora?.

Que el espanto no nos espante es tremendo.

11 de marzo de 2011

Spicy II

Lo de ayer me parecía parabólico porque, como le decía a Mariana, si siempre comés/leés/mirás/escuchás lo mismo, te perdés algo. No porque crea que haya que probar absolutamente todo en la vida para ser un capo, sino porque lo variado ensancha la mirada, el paladar, la mente, el oído.

Pienso:
el que sólo come, ponele, fideos con manteca o sushi.
el que sólo oye cumbia o clásica.
el que sólo mira pelis de terror -en todo sentido- o vietnamita.
el que lee sólo el Gráfico o Murakami.

Insisto: no digo que tengamos que pasar por todo, sino aunque sea, de vez en cuando, corrernos de lo de siempre y dejarnos asombrar, desinstalar, sorprender.

Si no somos capaces de matices, de "algo más que lo de siempre", nos achicamos humanamente.

10 de marzo de 2011

Spicy

Llegué temprano a casa de los viejos y mientras papá buscaba a los niños de mi hermana en el cole, mamá me pidió una mano en la cocina. Ella cocina porque no le queda más remedio: no le gusta y no lo oculta; a mí me gusta cocinar. Para ella sazonar es poner sal, y, con toda la furia, perejil. Yo busco especias y cosas raras y hago experimentos.

Eso no les gusta a los nenes, advertía mamá.
Yo seguía, ponía sabores, mezclaba, y aprovechaba para charlotear con la vieja. Son momentos en los que ella se despacha con chismes, cuitas, novedades...

Cuando llegaron los niños y nos sentamos a la mesa, lejos de rechazar los sabores, los disfrutaban, intentaban descubrirlos. Me pareció casi una parábola de tantas cosas... ¿No será que no estamos entrenados para paladear algún sabor más profundo que los fideos con manteca?. ¿Y si probamos ir mechando cosas, aromas, colores, sabores, palabras, ideas?.

El paladar se educa, la cabeza también. Pero si siempre comemos lo mismo... perdemos.

9 de marzo de 2011

Correte de ahí

La incomodidad es cómoda. Digo: ¿vieron que hay personas -y todos somos personas- que se quejan de algo y a la vez, ese algo es su lugar de seguridad?.

Una enfermedad, una situación medio violenta, la sobrecarga laboral, un conflicto con alguien. Incomodidades que molestan pero que nos resultan conocidas, seguras. ¡Es tan difícil correrse de ellas!.

Correrse de lugar del pobrecito, el sacrificado, el proveedor, el mártir. Es más difícil de lo que parece. Al momento de quejarnos, nos sale, lo decimos, lo detectamos. Pero es preferible esta esclavitud al riesgo de otra cosa. 

8 de marzo de 2011

Que parezca un accidente

-Pero esa húngara que murió, ¿será la misma húngara que yo conocía?
-Pero mamá Cora... ¿Qué duda cabe?

Una de las grandes películas argentinas, Esperando la carroza. Espejos para temer porque no deforman. Cuando mucho caricaturizan. Y todos cabemos en alguno de esos personajes. Pero peor aún es encontrárselos.
  • Cierta señora que para ser fina se compra un perrito y lo alimenta con queso crema.
  • Algún chanta que occidental y cristianamente se come los ahorros (las empanadas de la peli) de su hermano más pobre para no arriesgar su capital.
  • La vieja que impunemente cree que el mundo gira en torno a ella.
  • La clase media que agoniza y da sus estertores, manoteando y no queriendo hundirse sola.
Y esa cosa que me dice, nos dice, que tan ajenos no me resultan.
Libera nos, Domine.

7 de marzo de 2011

Sin ropas

Unos días en la playa me disparan para estos lados. Como en el mar andamos con menos ropa, más desnudos, se notan más los rollos, las celulitis, las panzas... Y también otras cosas:

  • la ausencia o la retirada del adulto: los niños (y no tan niños) boyando.
  • la falta de límites o de pensar en los demás: andar en cuatriciclos donde hay nenes, no es de buena persona.
  • la ecología es un cuento: casi nadie guarda su basura y se la lleva.
  • todo está más a flor de piel: por un churro o un mate, puede declararse una guerra.
  • los seres humanos somos magnéticos: tenés paladas de lugar y te ponés a 4 metros. ¡No jodas!.
  • la edad nos pone mañosos: los bebés comen arena con placer, los adultos la soportamos como podemos.
  • los cuerpos perfectos son una ilusión del photoshop. O al menos no andaban por donde estábamos nosotros.
  • nos ponemos un poco filósofos: el mar invita a pensar, aunque nos hagamos los giles.

Y de paso podés descansar un poco. Nada mal.

6 de marzo de 2011

Lo bueno si breve...

Listo, para cuando esto esté posteado, ya estaré de regreso en casa. Cinco días de playa, mar, sol y buena compañía. Lo justo, aunque un poquito más no hubiese estado mal.

Rescato:
  • lo bueno que estuvo compartir tiempos y soledades
  • lo divertido de tener un par de niños con nosotros, excusas perfectas para jugar, hacer castillos de arena y demases.
  • las charlas demoradas, deshilvanadas e hilvanadas.
  • sabernos y reconocernos parte de la misma tribu.
  • aceptarnos y aguantarnos.
  • confiar en que nos queremos bien.
Ahora, a seguir.

5 de marzo de 2011

Mientras tanto, busco II

Alrededor de la mesa compartida, pensábamos juntos, en voz alta, qué es lo que vendrá luego que este sistema . La acumulación de varios es el hambre de muchos; la explotación -y no siempre esclavista- de los trabajadores produce la riqueza de algunos; los desequilibrios son cada vez mayores, de uno y otro lado, y pareciera que mucho más veremos sin sorprendernos demasiado.

Para mí (por creerlo e intentar vivirlo), una de las claves es animarse a la austeridad. A no confundir necesidades y caprichos, a desenmascarar los deseos inventados, quiero comer en Mc Donald's, ponele, al deseo genuino: quiero, necesito, comer.
El simple ejercicio está bueno. Al menos a mí me ayuda a discernir algunas cosas, no todas, no todo el tiempo. Y si en algún momento aparece alguno que no es taaaan necesario, así puedo darme cuenta y decirme: ok, puedo vivir sin esto -libro, película, sushi- pero tengo ganas de.  Creo que me hace más libre.


Otro tema es cuál es el criterio de austeridad. Otro tema, dije.

4 de marzo de 2011

1984 II

Que quede claro que no creo en teorías conspirativas, bah, no creo en todas y cada una, pero de a ratos me pregunto: ¿Quién, a quiénes beneficia el estado de aturdimiento, la anestesia no pensante generalizada?. Es más: me parece que admitir que hay cierta búsqueda de aturdir, se postula, casi necesariamente y como antítesis o némesis, al menos, una elite que piensa beneficiarse en el corto y largo plazo.

Ciertamente, no a nosotros -no a mí, al menos- nos toca este beneficio. Pero me resulta indudable que alguien (¿el poder o alguna abstracción semejante?) que busca atontar, descerebrar, ve en esto un bien para sí. Raro, porque en muchas cosas estamos avanzando a pasos enormes como humanidad, pero en otras -reflexiones, pensadores- perdemos a toda velocidad.

3 de marzo de 2011

1984

Pablito -no, yo no, otro, tan mal no estoy- me prestó hace unos días 1984, libro de Orwell de mediados del siglo XX. En él aparece la figura de un estado totalitario, híper controlador, donde Gran Hermano maneja y vigila cada paso, cada pensamiento, cada decisión, donde todos son sospechosos o peligrosos. Me debía a mí mismo leerlo. A las pocas páginas me encuentro con el párrafo que sigue:


"En el fondo de tu corazón prefieres el viejo idioma con toda su vaguedad y sus inútiles matices de significado. No sientes la belleza de la destrucción de las palabras. ¿No sabes que la neolengua es el único idioma del mundo cuyo vocabulario disminuye cada día. ... ¿No ves que la finalidad de la neolengua (idioma que es inventado para reemplazar al anterior, con una economía tremenda de palabras) es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente?."

Me asombré al reconocer mi intuición: no es inocente ni neutro poder tener palabras, expresar ideas con matices, buscar decir-se. No es inocente este robo, esta depredación que se viene haciendo con las lenguas. No, no es inocente, es tremendo.

2 de marzo de 2011

Intersecciones II

-¿No es medio mentiroso lo de los conjuntos?
-No entiendo...
-Claro, ¿no te mentís o le mentís a los demás haciendo creer que la zona sombreada existe en sí misma?

Si se entendió eso, no es lo que quise decir, sepan disculpar. Creo que lo que deseaba decir iba más por el lado de descubrir cómo ya mismo estamos sumergidos en una múltiple pertenencia. No se trata de hacer como que, sino que convivo con eso, eso convive en mi.

No siempre pacíficamente, no todo a la vez, pero se da. Quizá el punto sea que algunos ni siquiera se asoman a tal posibilidad por creer que sólosomosunaylamismacosasiemprejamás. Achica y empobrece.

1 de marzo de 2011

Intersecciones

La tentación de la pureza absoluta, de lo inmaculado e incorruptible es un espejismo. Es más, es fundamentalista. Es pretender una cosa prístina e impoluta que aleja de los demás -que son fuente de contagio-, que condena a quienes no son de los nuestros -por lo tanto, son malos- y deriva en neurosis, en el mejor de los casos.
Me acordaba por eso, de la teoría de conjuntos, cuando se daba un territorio común compartido, donde se daba ese espacio sombreado, la intersección: ahí convivían, sin abandonar su propio conjunto, cosas (números, elementos, figuras) que eran de conjuntos distintos.

Creo que deberíamos ir asumiendo estos espacios, estos encuentros, y celebrarlos en lo contradictorio que tienen. Y celebrarnos en lo integradores que son.