Buenos Aires está empapelada:
quien no haya probado los Kesbun, que de ellos se trata, no sabe lo que se pierde: una galletita de queso sublime, medio arenosa, sabrosa, única...Pilar dice que las encontró en el súper chino, cerca de su casa; los de acá cerca, no la tienen. Y LAS QUIERO YA.
Como por donde vivo no se conseguían, aproveché mi excursión a Capital del lunes para buscarlas. Varios quioscos dan cuenta de mis ganas por recobrar ese sabor. Nada. Un supermercado Día...nada; un Carrefour, nada... Caminé bajo la lluvia y con frío, todo por unas Kesbun. Nada.
NECESITO Kesbun, quiero ese sabor, quiero llenarme la boca de esas galletitas sabrosísimas. Quiero viajar a mis cinco, seis años, cuando las descubrí en el almacén de Nelly y Carlitos, a una cuadra de lo de los viejos. Quiero volver (sólo por esto) a la colonia de vacaciones donde mamá me mandaba pese a mi oposición "porque te va a hacer bien" -aún hoy espero ese supuesto bien-. Quiero recuperar, aunque sea en un par de mordiscos, algo de esa inocencia y sentir que todo está muy bien.
Aunque dure lo que un paquetito.








