En un rato comienzo mis vacaciones. Unos días en el sur de Argentina, con dos matrimonios amigos y los niños de 5 y 3 años y 10 y 7 meses. Largamente esperadas.
Tengo ganas, burguesas ganas, de aire y paisaje distinto. De horizonte con montaña, de volver a maravillarme con la inmensa hermosura de la Patagonia. De jugar con los nenes. De cocinar con y para la tribu. De caminar por el bosque.
Igual confieso que el momento previo al viaje me angustia. Sea avión, auto, micro, la previa me causa desazón, ansiedad. No sé por qué. Capaz porque poco depende de mí, capaz porque el cuerpo va viaja y el espíritu llega después, con delay y lo noto. No sé.
Pero como fuere, dispuesto a disfrutar.
Nos vemos.
30 de enero de 2013
29 de enero de 2013
Tira y afloje
Por algunas cosas que venía leyendo, me retornó la pregunta ¿qué, quién nos unifica? ¿Cuál es el eje en el que nos encontramos para no caer en algo esquizoide?
Algunos lo encuentran en la meditación, otros en el deporte, en la oración, en la terapia, en la pareja, en un proyecto...
Equilibrar, balancear, estabilizarse entre la atomización y la obsesiva concentración.
Algo que -nos- junte y nos dinamice a la vez.
Algo así.
Algunos lo encuentran en la meditación, otros en el deporte, en la oración, en la terapia, en la pareja, en un proyecto...
Equilibrar, balancear, estabilizarse entre la atomización y la obsesiva concentración.
Algo que -nos- junte y nos dinamice a la vez.
Algo así.
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Others
28 de enero de 2013
Socrático II
"Estoy de acuerdo. De hecho, cuando te percatas de todo lo que te falta
por aprender (de un idioma, de un baile, de una persona) es cuando
empiezas a saber algo. No antes."
...comentaba al post de ayer Kanene. Eso mismo, tal cual. Como si a medida que aprendemos algo entendiéramos que falta mucho más aún. Como si el conocimiento, los saberes, en lugar de tener forma de embudo fueran una sucesión de bifurcaciones -El jardín de senderos que se bifurcan de Borges-. Entre la milimésima parte de la partícula hasta la inmensidad de un universo en expansión interminable.
Entre la limitación de lo que podemos abarcar y lo inabarcable de lo que podemos aprender.
Impresionante.
...comentaba al post de ayer Kanene. Eso mismo, tal cual. Como si a medida que aprendemos algo entendiéramos que falta mucho más aún. Como si el conocimiento, los saberes, en lugar de tener forma de embudo fueran una sucesión de bifurcaciones -El jardín de senderos que se bifurcan de Borges-. Entre la milimésima parte de la partícula hasta la inmensidad de un universo en expansión interminable.
Entre la limitación de lo que podemos abarcar y lo inabarcable de lo que podemos aprender.
Impresionante.
27 de enero de 2013
Socrático
Si tuviera que ser operado de algo, por más que fuera una simplísima apendicitis, no dejaría que me operase un estudiante de medicina que recién hubiera rendido dos materias. Por más vocación que tuviese, aún no tendría los conocimientos necesarios. Una verdad de perogrullo. O no tanto.
No tanto, digo, porque abundan quienes leyeron un artículo de Para tí sobre Freud (¿existe aún?) y sienten que ya son psicoanalistas. O hicieron catequesis de primera comunión y son teólogos. O tienen un potus en el living y son ingenieros agrónomos.
Está buenísimo querer saber, querer conocer, averiguar, informarse, formarse.
Y está mejor aún saber cuánto no se sabe.
No tanto, digo, porque abundan quienes leyeron un artículo de Para tí sobre Freud (¿existe aún?) y sienten que ya son psicoanalistas. O hicieron catequesis de primera comunión y son teólogos. O tienen un potus en el living y son ingenieros agrónomos.
Está buenísimo querer saber, querer conocer, averiguar, informarse, formarse.
Y está mejor aún saber cuánto no se sabe.
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Anti pc
26 de enero de 2013
Persistencia
Hace algunos días me golpeé el pie derecho. Dónde fue, no me acuerdo. Sé que le di un golpe de lleno a una ¿pared, escalón, piedra? Me dolió, pero seguí. Entre ayer y hoy, me empezó a molestar cada vez más y a la noche, decididamente, me dolía. Si por la tarde sigue así, iré a la guardia médica.
Me disparó para otro lado. Como a veces, golpes que nos damos en la vida y casi ni notamos u olvidamos, al tiempo comienzan a molestar, a imponerse, a pasar de una difusa memoria a una presencia abarcante, que nos hace renguear.
Cuando a veces queremos -o nos quieren- imponer la amnesia, la memoria persiste.
Me disparó para otro lado. Como a veces, golpes que nos damos en la vida y casi ni notamos u olvidamos, al tiempo comienzan a molestar, a imponerse, a pasar de una difusa memoria a una presencia abarcante, que nos hace renguear.
Cuando a veces queremos -o nos quieren- imponer la amnesia, la memoria persiste.
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Others
25 de enero de 2013
¡Vamos, que dan sala!
Volvió una amiga de sus vacaciones con la niña. El marido, por su trabajo, no pudo ir.
Nos contaba durante la cena que había visto tres buenas obras de teatro, del circuito comercial. Derivamos en los precios elevados del teatro en general.
De ahí, al valor que tiene el arte, el teatro en este caso. Valor que está más allá de lo monetario, siendo, justamente el valor monetario lo que impide acceder habitualmente a la mayoría.
Pasamos a los valores que encontrábamos a veces en algunos artistas callejeros, o en grupos que arman obras por amor al arte -nunca mejor dicho-. En cómo algo que vimos (o leímos o escuchamos) nos hizo mejores, más plenos.
No tiene precio.
Nos contaba durante la cena que había visto tres buenas obras de teatro, del circuito comercial. Derivamos en los precios elevados del teatro en general.
De ahí, al valor que tiene el arte, el teatro en este caso. Valor que está más allá de lo monetario, siendo, justamente el valor monetario lo que impide acceder habitualmente a la mayoría.
Pasamos a los valores que encontrábamos a veces en algunos artistas callejeros, o en grupos que arman obras por amor al arte -nunca mejor dicho-. En cómo algo que vimos (o leímos o escuchamos) nos hizo mejores, más plenos.
No tiene precio.
24 de enero de 2013
Yo, argentino
-Los bolivianos de la frutería... comencé a decir para ser inmediatamente interrumpido. El comentario iba a ser absolutamente intrascendente, sobre las ciruelas, no más.
-¡Eh!, ¿por qué les decís así?
-¿Así cómo? ¿Bolivianos? Porque son bolivianos, son inmigrantes que vinieron de Bolivia.
-Pero suena feo.
Si hubiese dicho los alemanes de la otra cuadra, la salteña que vive sobre Marconi, la portuguesa de Lynch no me hubiesen cuestionado. Pasa que boliviano es despectivo, parece, mientras que panameño, francés, armenio, danés, no.
Lo despectivo fue el oído, en este caso. No la palabra.
-¡Eh!, ¿por qué les decís así?
-¿Así cómo? ¿Bolivianos? Porque son bolivianos, son inmigrantes que vinieron de Bolivia.
-Pero suena feo.
Si hubiese dicho los alemanes de la otra cuadra, la salteña que vive sobre Marconi, la portuguesa de Lynch no me hubiesen cuestionado. Pasa que boliviano es despectivo, parece, mientras que panameño, francés, armenio, danés, no.
Lo despectivo fue el oído, en este caso. No la palabra.
23 de enero de 2013
Instantánea
Ay, los vericuetos de la vejez...
Mientras la mayoría de las personas le teme a la muerte, yo me apunto entre los que le temen a la vida interminable. El lugar comunísimo es llegar bien a viejos. ¿Qué pasa cuando no se da?; ¿cuando la muerte es esquiva y la vida se eterniza en una sucesión de desmejoras?
Ayer pasé a visitar a una viejita que vive en un hogar -eufemismo, claro-. Sentada en una habitación que comparte con dos más, en pañales, sin falda porque está operada de la cadera y debe cicatrizar al aire; perdida en tiempo y espacio; viendo y retando a gente que sólo ella veía. Por momentos brevísimos, lograba que me mirara, aunque dudo me reconociera. Por momentos más breves, repetía alguna de sus muletillas de siempre.
Charlamos un rato. Es una manera de decir, lo sé. Pero creo que el tono, el sostener la mano, las palabras familiares, hacen algo, dicen, comunican. Cuando me estoy yendo, pide agua. Veo que hay un vaso con pajita, le acerco, toma.
-Gracias, querido.
Creo que en ese vaso y en ese querido comulgamos por un momento fugaz.
Mientras la mayoría de las personas le teme a la muerte, yo me apunto entre los que le temen a la vida interminable. El lugar comunísimo es llegar bien a viejos. ¿Qué pasa cuando no se da?; ¿cuando la muerte es esquiva y la vida se eterniza en una sucesión de desmejoras?
Ayer pasé a visitar a una viejita que vive en un hogar -eufemismo, claro-. Sentada en una habitación que comparte con dos más, en pañales, sin falda porque está operada de la cadera y debe cicatrizar al aire; perdida en tiempo y espacio; viendo y retando a gente que sólo ella veía. Por momentos brevísimos, lograba que me mirara, aunque dudo me reconociera. Por momentos más breves, repetía alguna de sus muletillas de siempre.
Charlamos un rato. Es una manera de decir, lo sé. Pero creo que el tono, el sostener la mano, las palabras familiares, hacen algo, dicen, comunican. Cuando me estoy yendo, pide agua. Veo que hay un vaso con pajita, le acerco, toma.
-Gracias, querido.
Creo que en ese vaso y en ese querido comulgamos por un momento fugaz.
22 de enero de 2013
Silabeo
En primer grado, allá por el '77 mientras los demás compañeritos de cole luchaban por descifrar los garabatos que tenían delante de los ojos, un nene hervía en deseos de gritar porque no podía entender que no entendieran. Cómo no distinguían la a de la e, cómo no les quedaba claro que la u no se pronunciaba en que, qui, gue, gui. Ese mismo nene aún recuerda el error tremendo -juro que lo recuerda- de haber escrito en un dictado cannario, de puro distraído y apurado.
Ese nene, un poco más crecido, entendió que el problema era que él no tendría que haber sabido tanto antes de que le enseñasen. Que había que ser bueno y paciente con los demás que no sabían.
Ese adolescente atravesó el secundario sin estudiar más que lo mínimo necesario y aún así, superó ampliamente a sus pares. Aún hoy conserva casi todo lo aprendido en una circunvalación del cerebro.
Ya en la facultad, le pasaba escuchar los exámenes ajenos mientras esperaba rendir el suyo y querer saltar al cuello del animal que se atrevía a presentarse sin saber un poco más que lo básico. Y ver cómo eran aprobados...
Le cuesta horrores reconciliarse con una capacidad intelectual que lo hacía sentir malo, porque lo ponía impaciente, intolerante. Sigue intentando.
Ese nene, un poco más crecido, entendió que el problema era que él no tendría que haber sabido tanto antes de que le enseñasen. Que había que ser bueno y paciente con los demás que no sabían.
Ese adolescente atravesó el secundario sin estudiar más que lo mínimo necesario y aún así, superó ampliamente a sus pares. Aún hoy conserva casi todo lo aprendido en una circunvalación del cerebro.
Ya en la facultad, le pasaba escuchar los exámenes ajenos mientras esperaba rendir el suyo y querer saltar al cuello del animal que se atrevía a presentarse sin saber un poco más que lo básico. Y ver cómo eran aprobados...
Le cuesta horrores reconciliarse con una capacidad intelectual que lo hacía sentir malo, porque lo ponía impaciente, intolerante. Sigue intentando.
21 de enero de 2013
En un tiempo II
Festejo familiar: unos tíos cumplieron ¡60 años! de casados y sus hijos organizaron un almuerzo para los familiares más cercanos: hermanos, nietos, sobrinos y algunos amigos. Sumábamos más de 120. Los mayores sumaban casi 800 años -papá es el menor de 8 hermanos y tiene 76...-.
La tribu inmensa congregada, celebrando, encontrándose. Pasaron, claro, videos con fotos y filmaciones de todas las épocas. Nuestros padres más jóvenes que nosotros, nosotros con la edad de nuestros hijos y sobrinos, nuestros hijos y sobrinos aún en la no-existencia.
Los rasgos que se repetían de generación en generación.
Un lindo, confortable, vergonzante y orgulloso, complejo sentido de pertenencia.
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Céteris rebus
20 de enero de 2013
En un tiempo
Mamá me cuenta que papá, cada noche, ve Bonanza, no sé en qué canal de cable. Programas viejísimos, dice. Es cierto: yo recuerdo, más de 36 años atrás, que mi abuelo lo veía: los Cartwright, el mapa que se quema al comienzo, los caballos, el rancho... Los conoce de memoria.
Ella no lo confiesa, pero también ve novelas de hace varios años atrás: a la tarde pone Volver, un canal de repeticiones de cosas nacionales. Y vuelve a mirar a los galanes de ayer que hoy hacen de abuelos. Se ríe a carcajadas de las tramas ridículas y advierte, en voz alta, a la protagonista de los ardides de "la otra".
Justo cuando iba a reírme de ellos se me vino esta imagen: yo, en 30 años, viendo por enésima vez Friends o The Big Bang theory, repitiendo diálogos y esperando el remate del gag conocidísimo.
Espejos.
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Céteris rebus
19 de enero de 2013
Vueltas
"Lo que pasa es que a vos te gusta complicarte", me dicen, a veces, con tonito de reproche. Casi culpabilizando.
Nada más lejos de la verdad. No me gusta complicarme, no gozo con las complicaciones, en absoluto.
Pasa que no me sale, no puedo, hacer o tener miradas superficiales. Podrán o no ser acertadas o correctas, seguro. No tremendamente profundas, claro. Sólo un poco más que la media: conectar causas y efectos, ver algunas cuestiones que no son tan evidentes, poder resolver un silogismo y ver si es o no cierto...
Qué más quisiera, de a ratos, que ser un inconsciente feliz.
Nada más lejos de la verdad. No me gusta complicarme, no gozo con las complicaciones, en absoluto.
Pasa que no me sale, no puedo, hacer o tener miradas superficiales. Podrán o no ser acertadas o correctas, seguro. No tremendamente profundas, claro. Sólo un poco más que la media: conectar causas y efectos, ver algunas cuestiones que no son tan evidentes, poder resolver un silogismo y ver si es o no cierto...
Qué más quisiera, de a ratos, que ser un inconsciente feliz.
18 de enero de 2013
Ambivalentes
Entre la más pura gratuidad y el mero merecimiento como extremos, no hay punto medio. Hay opciones que no siempre son atinadas o centradas. Son.
A algunos nos viene bien sentir o creer que merecemos porque nos hemos esforzado. Ayuda a que vayamos un poco más allá. A otros nos viene bien creer o sentir que sin mérito se nos regala, se cubre lo que no llegamos a hacer.
Más de una vez, al mismo tiempo, la misma persona, en lo mismo. Lo sé.
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Pluribus
17 de enero de 2013
De segunda II
Dejando aparte el sarcasmo (unos minutos, no más), es notable como muchas personas con la mejor intención, lo que ellos descartan -ropa, muebles, juguetes, lo que fuere- lo dan a los pobres. Es decir: lo que descartás, no lo que sobra, lo que no usás porque pasó de moda o porque engordaste. Lo que descartás, lo que queda, lo que ya no va más. Lo que se deja de lado, como se deja de lado la parte de la fruta que está machucada, el corte de carne más grasoso.
De alguna manera que no comprendo creen que está bueno eso, que esa limosna es merecedora de encomio y que otros son merecedores de limosna.
Ahí hay una clave: dar limosna, restos, sobrantes dista mucho de ser solidario, de querer justicia, de buscar otra cosa.
La limosna mantiene la distancia, es a-simétrica, condescendiente (lástima no poder usar el patronizing inglés). La solidaridad busca ser hacedora de justicia porque reconoce al otro, a la otra, como alguien que merece lo bueno, al igual que yo o los míos.
Hay abismos.
De alguna manera que no comprendo creen que está bueno eso, que esa limosna es merecedora de encomio y que otros son merecedores de limosna.
Ahí hay una clave: dar limosna, restos, sobrantes dista mucho de ser solidario, de querer justicia, de buscar otra cosa.
La limosna mantiene la distancia, es a-simétrica, condescendiente (lástima no poder usar el patronizing inglés). La solidaridad busca ser hacedora de justicia porque reconoce al otro, a la otra, como alguien que merece lo bueno, al igual que yo o los míos.
Hay abismos.
16 de enero de 2013
De segunda
Sandra compartió en facebook el anuncio de una familia que, por mudanza, vendían algunas cosas. Entre los artículos decía:
-sommier de dos plazas (para casa de campo o habitación de servicio o huésped $500).
O personas que no es necesario que descansen bien: unos porque esperamos que su estadía sea breve, que se vayan lo antes posible. Otros porque, como son de servicio, están para trabajar.
Mientras lo iba leyendo, malpensado como soy, discurría:
Evidentemente, para esta señora (era una señora quien vendía) hay lugares, el campo, donde con sólo estar, ya se descansa tan bien que no hace falta un buen colchón.
O personas que no es necesario que descansen bien: unos porque esperamos que su estadía sea breve, que se vayan lo antes posible. Otros porque, como son de servicio, están para trabajar.
Lo más triste es que, probablemente, ni lo haya pensado. Seguro le salió de adentro.
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