Gente que se dio una vuelta


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21 de mayo de 2010

Out of the box

Estando en el colegio las exactas eran lo que más me costaba. Y me cuestan, aún. Eso no quitaba que memorizara todo como para rendir y aprobar; de hecho, tuve los mejores promedios en matemáticas, física, química, con diploma y medalla -se usaba en el colegio, cada fin de año, en un humillante acto-, y aún me cuesta dividir por dos cifras.
Una profesora de matemáticas, brillante ella, nos entregó un problema. Estábamos en 5º año. Me partí el cerebro, pero lo resolví. Al menos eso creía. Cuando devuelve los demás, a mí me llama al escritorio. Estoy en el horno, pensé.


-¿Cómo llegaste a este resultado?.
Expliqué el procedimiento, el razonamiento a partir de los datos que tenía, por dónde lo pensé... No era el resultado que ella tenía, difería y mucho. Pero era correcto, lógico, cerraba, estaba bien hecho. Esta docente fue lo suficientemente grande como para admitir que había otra posibilidad. Una vez que le demostré por dónde lo había resuelto (en verdad, sin más intención que zafar), me aprobó.


Me viene esto a la memoria porque sigo funcionando así: más de una vez, el resultado no es el que se supone, pero la cabeza me anda por lugares paralelos, menos recorridos, no tan correctos de entrada, pero ciertos, comprobables.
Más de una vez, pienso desde otro ángulo, desde abajo, atrás, sospechando... Y no sé por qué.

20 de mayo de 2010

Te lo agradezco, pero no.

Juro que es verdad. 
Viene una persona a verme. Primeras palabras:
-Hola, ¿qué tal?. ¿Estás cansado?, claro, con tantas cosas. ¿Estás solo, no? Y sí, mucho trabajo, ¿no?.
Sin respiro ni pausa. A lo cual mi contrapregunta fue: 
-¿Te interesa la respuesta?. Porque fijate que no me dejaste responderte.
Uy, empezamos mal, pensé. Bajá un cambio, me dije, respirá...
-No, vine porque quería ver... no sé, tengo tanto tiempo libre, quiero hacer algo.
DANGER!, a veces el "quiero hacer algo" es una manera de narcisismo o escape que ni te cuento, al estilo: "Qué bueno pasar por el hospital... Se ven tantas cosas, y yo que me quejo por pavadas".
-Ajá, algo... ¿Qué, por ejemplo?.
Les dejo a su imaginación los ejemplos, desde, pero sería como desde estudiar ballet zulú a dar vueltas carnero en la luna.
-Mirá, está bueno que quieras dar una mano, pero también que pienses un poco más en qué área te sentirías cómoda.
No hubo modo de hacer que entienda. Ella quería ayudar, yo tenía que resolverle dónde. ¿Dónde podría causar el menor daño posible?. Por mi cabeza desfilaban desastres que iban sucediendo a medida que "ayudaba a otros". Pero lo importante es que ella se sintiera bien. El costo es lo de menos.
Sí, abunda la gente así de buena. Lamentablemente.

19 de mayo de 2010

Señora gorda

Quino, ese duende, pintó de cuerpo entero lo que yo llamo "señora gorda" en Susanita, la amiga de Mafalda.. Ojo que va más allá de los kilos. Es una actitud como la que se ve en esta historieta. 



Vamos, vamos, que un poco de Susanita tenemos... ¿O lo vas a negar?. Y es tremendo en ambientes "cristianos". Se ve mucha mano al pobre, pero son pocos/as los que hacen o buscan trabajar para que no haya dos mesas, una con pavo y otra con "esas porquerías que comen ellos". Y ni te cuento si te movés en zona norte del GBA. Mucha rubia en 4x4, mucho pseudo rugbier con cuentaganado y decenario de alpaca... Algo así: 


-"Divinos los mocos del chiquito eshe, aquel que por shuerte ya sabe la orashión del ángel de la guarda. ¿Podésh creerlo que en la casa no bendicen la mesha?".
-¿Sabés qué? Casi nunca comen juntos; él come en el jardín y los hermanos en el apoyo.
-¡Qué diviiiino! (¿?¿?)


Conozco muchas Susanitas (con otros nombres); y gracias a los dioses, conozco muchas Mafaldas y Libertades. Posta.

18 de mayo de 2010

Panem et circences

Esta estrategia del imperio romano funcionó. Y funciona. Circenses, mejor que circum. Circenses eran los juegos que se desarrollaban en el Circo Máximo, ahí no más del Coliseo: carreras de aurigas, lucha de gladiadores, desfiles de animales de la lejana África. Un espectáculo del primer mundo, vamos. Mientras la panza esté llena y el cerebro atiborrado de imágenes espectaculares, nadie se dará cuenta que nos vamos al cuerno: seguimos esquilmando con impuestos para la construcción de caminos, para mantener el ejército, para el senado...Y todos contentos. Eso podrían haberlo pensado tranquilamente Calígula, Nerón, Domiciano o cualquiera de ellos. Mientras todos aclamaban el show, la gangrena se había instalado en el imperio.


Con perdón de quienes corresponda, eso me despiertan los Mundiales de fútbol. Pienso en el '78 y recuerdo que cuando se ganó la final, pasamos por la ESMA para ir al festejo. Pienso en el '82 y se me viene Malvinas, en el '90 que, cuando terminó, nos habían privatizado medio país... Creo que de ahí viene gran parte de mi aversión y desconfianza a las cosas masificantes: estadios, recitales, feria del libro en fin de semana, marchas. Por más que adhiera ideológicamente, me resulta imposible ir, por caso, a una marcha pro derechos del tatú carreta.


¡Eh, amigo, si así al meno no divertimo y de paso somo lo mejore!... Ok, si te divierte, miráte toooodos los partidos, seguí tus cábalas, tirá petardos con cada gol del equipo del diego (sí, diego). Por mi parte, paso, gracias.


Ah, la sutil ironía de la cajita de Playmobil está abierta a la interpretación de cada quién.

17 de mayo de 2010

Relatos lll





"Es el relato de nuestra historia en común la que nos revela los vínculos, 
los lazos que nos unen o los abismos que nos separan de otros."


Eso escribía en la entrada del 27de marzo. Eso se me presenta en estos días "bicentenarios" -a quienes no sepan, el 25 de mayo se cumplirán 200 años del primer gobierno patrio en Argentina-. Días que se mezclan con los mundialismos sudafricanos, lo que me hace pensar: pobres los que venden banderas, me compro una en mayo y tira hasta agosto... Si festejásemos la Asamblea del año 13, salían ganando.
Me da un poco de terror ver que no hay un "relato nacional" que unifique, que sostenga eso que no sabemos definir y llamamos argentinidad. Me da la sensación que nos definimos, nacionalmente, por oposición: 1810, españoles caca; 1840, Rosas (o Lavalle) caca; 1880, lo popular, caca, y así ad infinitum.
Más terror me da que nos unifique algo que se vive de modo tan alienante como el mundial (ya les contaré lo que pienso).
Escucho a algunos de nuestros dirigentes: sólo defienden su postura o atacan a la oposición. Miro más abajo y veo que nos cansamos de escuchar.
¿Cuál será la voz o el relato no que nos unifique sino que nos una?.
Capaz que para el tricentenario algo sale. Mientras tanto, ¡Good show!.

16 de mayo de 2010

Nombrar lo nuevo

Me gustan los bebés en general, y los de la gente que quiero, en particular. Me divierte ver cómo las personas interactúan con ellos: desde los que huyen ante la presencia de un menor de un año, hasta aquellos que se copan con el crío y olvidan al resto.


Me gusta, además, ver que ante un bebé inventamos todo un idioma: palabras, tonos, gestos. Los de siempre pero con una cuota de ternura y novedad insospechada. Ante este ser nuevo buscamos, atávicamente, nuevas formas de contactarnos hasta que tengamos un lenguaje común.


No sé por qué me parece que es como una imagen que me sirve para intentar el diálogo o buscar las palabras para esta novedad de era que viene asomando. Las palabras tienen que ser usadas con delicadeza, con creatividad. Animarnos a balbucear en la adultez de nuestros conocimientos para poder construir algún lenguaje común en el que nos podamos encontrar. Por lo que veo, intuyo, ensayo, es eso o seguir en un intento de diálogo de sordos, condenándonos mutuamente por no entendernos, o creyendo que como las palabras suenan parecido decimos lo mismo.
Hay que tener un poco de paciencia y algo de coraje. ¿Vamos?.

15 de mayo de 2010

Hasta acá.

Decía ayer lo de la discriminación. Hoy me meto para reivindicar la intolerancia. La pobre tiene mala prensa, quedó arrinconada allá a mediados de los 90, creo, cuando se convirtió en hermana de algunos reaccionarios y compañera de los retrógrados.
Caímos así en una trampa: hay que ser tolerantes, es decir, tragarse lo que venga. Y ya la definición de tolerancia habla de "un poco más". Se tolera, se aguanta. Es un paso más, que no es obligado. Si tenés que estar a las 8, el margen de tolerancia es hasta 8,10. Ya tolerar implica que te corriste del límite.
Insisto: creo que la diversidad está buenísima y que cada quien aporta mucho de su originalidad a este mosaico que es la raza humana. Pero admitamos: no todo nos da lo mismo, no todo está bueno,  no todo da igual.
Ah, pero hay que tolerar. ¡Seguro!. Pero, ya lo he dicho, tolerar no necesariamente es aceptar: va más por el lado de soportar, de "no lo banco, pero bue...". De hecho, hay cosas que no toleramos: a quienes hacen de la violencia su modo, a quienes sistemáticamente abusan de otros y o del poder, a quienes van desparramando odio.
De hecho, también, hay otras cositas menores que tampoco toleramos, por más que le pongamos buena cara porque es lo que queda bien. Entonces elijamos: tolerancia o hipocresía.
Por mi parte, reivindico el derecho a no tolerar, a decir "hasta acá". A ser "tolerado en mi intolerancia" que elige lo que quiere soportar y lo que no. A decir o decidir, más allá de si está bien o mal. Al menos, me permite vivir en o con algo más de verdad.
Tolero, sí. Pero eso no te da (ni me da) derecho a avasallar, ser maleducado, imponer, ser irrespetuoso, pisotear...
Sabelo, entonces: si no te tolero, no quiere decir que no te respete. Sino que te quiero. Te quiero lejos.

14 de mayo de 2010

Yo discrimino, ¿y vos?

Varios ya me habrán escuchado decir que las palabras no son "malas", sino que las cargamos de significados que las hacen buenas o malas. Ejemplo: proceso es un vocablo que cuesta decir en Argentina; desaparecido, otra. Hasta no hace mucho, el chupete era un pete inocente.


Estos días ya me tienen hasta la coronilla con lo de la discriminación. Dice la RAE: "seleccionar excluyendo" o bien, como segunda entrada "dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.". El uso hizo que fuésemos quedándonos con la segunda. Pero reivindico la primera. Entiendan bien y no pongan sus prejuicios en mis palabras.


Seleccionar excluyendo: si quiero pelar zanahorias, y en el cajón de la heladera hay también tomates, discrimino a estos para quedarme con las primeras. Si tengo varios amigos y quiero ir al MALBA, sé que a Marce no conviene invitarlo, porque se aburre; ergo, (lo) discrimino. Si pinta ir un par de días afuera, sé a quiénes no invito ni a palos si la quiero pasar bien: discrimino. Discrimino la basura, para no tirar plásticos junto con material degradable -oh, dos cosas que son PC e incompatibles: ¿ecología o no discriminación?.


Digo esto porque en la sensibilidad exacerbada de este tiempo, quieren hacernos creer que ambas acepciones se identifican: ya el hecho de seleccionar una parte y elegir otra, es malo; quedarse con algo por sobre otra cosa (desde un puesto de trabajo a un amor) está mal visto. Si no sabés español NO PODÉS atender el teléfono de un consultorio en Argentina, y no, no te estoy discriminando, es que para esto no servís. ¿Querés hacerlo?. Ok, capacitate.


En el fondo-fondo, abogar como algunos lo hacen por la no-discriminación es abogar por la no-diferencia, la no-distinción, el no-discernimiento. Prefiero seguir discriminando. 



13 de mayo de 2010

No es tan difícil

"A guardar y a ordenar,
cada cosa en su lugar"

Así cantábamos en el jardín. Era el momento del orden, de poner las cosas adonde estaban. Mientras la seño cantaba, acomodábamos. No era demasiado complicado, hacíamos lo que había que hacer.
Extraño eso: que se haga lo que hay que hacer. Es decir: que el cajero cobre, que el jardinero cuide las plantas, que el colectivero detenga el vehículo, que el doctor escuche al paciente, que el periodista informe, el artista embellezca...

Me da mucha bronca cuando eso no sucede, y por no sé qué karma cósmico, suelen confabularse para que en el mismo día todos incumplan su tarea. Si se me ocurre decir algo, es: hagamos lo que tenemos que hacer.
Sólo eso. ¿Es demasiado pedir?. Creo, me animo a decir, que andaríamos un poco mejor. Capaz que necesitamos que alguno comience a cantar, así reconocemos la melodía y ponemos manos a la obra. No es tan difícil, ¿no?.

12 de mayo de 2010

¿Es mucho pedir?

Me bombardean una serie de titulares en los portales de los diarios que sigo. Uno me llama la atención. Hago click, leo la noticia y me encuentro con que no sólo no da la info que anticipael titular, sino que casi casi dice otra cosa ( http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1263536). Por esta vez, voy a ver la misma noticia en otro lugar: http://www.clarin.com/diario/2010/05/11/um/m-02194095.htm. Me quedo con la segunda -atento, no quiero polemizar ahora sobre otra cosa que la desinformación-.


Me surge: ¿cuántos pueden hacer ese proceso y darse cuenta del engaño?. ¿Cuánto nos tragaremos sin notarlo?. ¿Nadie -editores, correctores, los mismos redactores o periodistas- se da cuenta?. ¿O nos subestiman tanto que creen que no lo notaremos?.


Me sale también: así es como cualquiera, con perdón de tantos que somos cualquieras, opinanpontificandecidenhablandicenenseñan porque han escuchado (mal) o leído (peor) alguna noticia. La enorme bola de la desinformación no deja de girar y hace que la sra. que compra las verduras delante mío, livianamente malopine sobre "esto que los gays puedan casarse", dando por supuesto que la ley ya salió, o que el formador de opinión de un país sea un adicto ex-jugador de fútbol o que un tipo que sólo piensa en el rating sea quien baje línea moral, o... Oh.


Ojo, no caigo en el oscurantismo de no saber ni en el elitismo de la opinión o voto calificado: sólo -me- pido la capacidad de leer entrelíneas, de poder decir u opinar en contra del titular, de desenmascarar estas construcciones que forman (¿?) opinión y ver o buscar desde otro lado. Pensar, filtrar, usar la cabeza, ser concientemente críticos. Sólo eso.

11 de mayo de 2010

¿Qué preferís?

Decía Mariana a propósito del post de ayer: 
me parece que el perfil de "Buenudo" (mitad de bueno, y otra de boludo) que delieneás tiene mucho de cultural, con su contrapartida, el "vivo".


Me surge la pregunta: ¿es algo sólo de Argentina o es más general?. ¿Es el vivo la contrapartida del bueno?. ¿Es difícil, por no decir imposible, encontrar un bueno que sea, además, vivo?.
Me asusta la respuesta; ya el evangelio, en algún lugar dice que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz.
No deja de asombrarme cómo el mal parece tener más capacidad de organizarse que el bien. Por caso , piensen en el narcotráfico: redes y redes al servicio de la muerte. Piensen en la lucha contra él: casi como pelear con Medusa.
Vuelvo a inspirarme en Galeano: ¿qué tan difícil es conjugar bondad e inteligencia, corazón y mente?. 
A veces me tienta optar por una, no más.


10 de mayo de 2010

Sentipensante II o pensisentiente I

Otra cosa que me quedó resonando gracias al artículo que decía de Alejandro Rozitchner: cómo en el imaginario tenemos al "bueno" separado del "alegre" o del "que sabe gozar". No creo que este desligue sea inocente, me pongo a bucear un poco y encuentro:


  • el bueno suele ser tan abnegado que no conoce más gozo que dar.
  • en parte (sólo en parte) está identificado con lo asexuado.
  • no le conocemos el lado b, es casi monocromo.
  • suele tener subdesarrollado el intelecto o hiperdesarrollada la voluntad. De aquí que es a-crítico.
  • pospone continuamente sus necesidades o no sabe cuáles son.
  • no puede/quiere creer que haya otro modo de hacer algo.


Y descubro que este perfil corresponde a un "tipo" de bondad: la esperable en una monjita de fines del siglo XIX, mediados del XX: obediencia inmediata, celibato o virginidad, mucha piedad, poca cosa en la cabeza que no sean manualidades o recetas y avemarías. Y este "tipo" se impuso o lo compramos medio de manera hegemónica.


Claro, con semejante panorama, ni a palos tengo ganas de ser bueno. Qué horror.

9 de mayo de 2010

Cambios y saltos

Comentaba Juan en la entrada del viernes 7 de mayo: Pareciera que hoy el cambio es un valor en sí mismo. 
Me recordó algo que enseñaba un profesor -entre otras cosas más olvidables o terribles- que había que distinguir entre dos modos de cambio, diversos entre sí: eidopoiésis y parálaxis.
Del segundo término deriva paralelo, para, junto a, y sospecho que laxis deriva de lambano tomar a algo o alguien, con o sin fuerza.
El primero está compuesto por eido, lo visto, a idea y poiein, hacer, trabajar, de dónde deriva (y es para otro post) poesía. A lo bruto sería: hacer o trabajar por la idea, por lo visto/percibido. Por lo que sé, ahora es un concepto tomado por la pedagogía. 
-No responzabilizo a nadie por estas etimologías, son mías; el profesor este tiraba conceptos sin más...-

Decía del cambio. 
Parálaxis es el cambio "de una cosa a la otra, a la que está al lado", saltar, diría yo. Es parecido a lo que pasa cuando nos aburre algo, que cambiamos el foco por algo nuevo.
Eidopoiésis, en cambio, es el cambio como profundización, como despliegue de sentido. Algo es y no lo mismo, porque hemos aprehendido un poco más de su misterio, de su esencia, por decirlo así.
Creo que este segundo cambio es el que se pierde un poco en medio de tanto salto, mientras que el primero, que aporta novedad, es el que se valora.
El cambio ya no es por continuar hacia abajo, sino por salto, por quiebre.

Estos saltos/quiebres son los productores de las grietas que siento de a ratos nos tragan.
Al perderse la sensación, la idea de continuidad, perdemos el piso, la base, el lugar para hacer pie. Cada hombre, mujer, generación, siente que hace tabla rasa y comienza de cero. Sí, es desafiante, pero angustia; y mucho.

No abogo por uno ni por otro; ambos son necesarios. Pero antes de saltar y descartar, no estaría mal mirar y profundizar, aunque sea para hacer pie y dar el salto a lo que venga.

8 de mayo de 2010

Nada, ni siquiera primos

En la etapa púber-adolescente la mayoría pasamos por el deseo o la fantasía de ser adoptados. Digo: no tener en común los genes con esas personas vergonzantes que constituían nuestras familias, ser "de otro palo". Esos señores que eran nuestros padres hacían que prefiriéramos una historia trágica a la realidad que nos rodeaba.


Eventualmente, fuimos asumiendo la familia: como origen y, a la vez, como distancia. Generalmente, al formar nuestras familias -o nuestras tribus- podemos mirar de nuevo, más serenamente y ver qué tomamos o dejamos de nuestros hogares de infancia.


Algo similar me pasa cuando leo "la iglesia dijo...". El que habló fue un obispo, algunos curas, el papa, capaz, pero NO LA IGLESIA. 
Soy creyente y practicante, claro. Soy Iglesia tanto como ellos, tenemos la misma carta de ciudadanía. Entonces, ¿por qué cuando otro bautizado hace, dice, opina, no es LA iglesia?. Miremos o ejecutemos nuestros actos también nosotros/as como iglesia, reclamemos este título que nos sacaron. Y, lamentablemente, señores de "arriba", somos igualmente hijos e hijas; tendrán uds. jerarquía, títulos y titulares, pero no tienen mi/nuestra voz ni nuestra conciencia. Porque, cuando a uds. les conviene, TODOS SOMOS, pero cuando hay que decir, decidir, aparecer, pareciera que no tanto...


Ergo: 
  • exijo que los medios dejen de llamar "La Iglesia" a estos señores, sino que los llamen por sus nombres y apellidos, o, cuando más, por sus funciones y títulos.
  • pido que quienes somos iglesia, mayúscula o minúscula, lo recordemos ante estas personas o ante sus palabras, aunque sea repitiéndonos interiormente el mantra "somos parientes muuuy lejanos". O "mi abuela también se pierde".
  • demando que nadie nos gane en deseos y prácticas evangélicas: ni a ellos ni a nosotros. Capaz que ahí coincidamos.

7 de mayo de 2010

En cómodas cuotas

Algo que también aparecía ayer, ante esta nueva invasión bárbara: los que rondamos los 40 somos, probablemente, la última generación que vio sólo un lavarropas (o lustradora o plancha o licuadora o...) en la casa de nuestros padres. Digo, de cuando "las cosas duraban". Uy, me salieron varias décadas al ataque. 
¿Y qué tiene que ver con los bárbaros?. Que ellos no conocen (no por culpa de ellos, que quede claro) lo perdurable: se criaron en medio del cambio constante, en lo descartable. La heladera que había en casa antes que yo naciese, sigue andando en la casa de campo de unos primos.
Pienso en mis sobrinos: no tienen diez años y por su casa pasaron al menos dos o tres lavarropas y varios televisores (ahora, con tres, en una casa de cuatro personas). Pienso en los juguetes que se consiguen por centenares y duran menos de un mes, con furia. O se rompen, o los olvidan. Nosotros pasábamos varios años con la pelota/auto/muñeca que nos habían traído los reyes.
Para comprar el televisor color, tuvimos que ahorrar unos cuantos meses. No había necesidad de cuotas, porque no teníamos urgencia.
No hago juicio, simplemente relato, describo. Lo más tremendo: son estos bárbaros quienes van a regentear nuestros geriátricos. Ay, mamita...